“Ninguna placa recuerda en esa farmacia ni en la calle Estébanes la presencia de Sender, que pasó luego a trabajar en la botica de Salvador de Villaumbrosia, en la calle de San Pablo, número 10 … donde tampoco hay puesta lápida alguna. Pero en Madrid sí la tiene desde 1993”.
“En Madrid sí y en Zaragoza no. ¿Por qué nos queremos tan poco?”.
Ramón J. Sender trabajó en la farmacia de Rived y Chóliz, en la calle Estébanes, casi esquina a Don Jaime, esa farmacia que hoy es del boticario Armando Claver, en los bajos de la casa que tiene esas hermosísimas decoraciones cerámicas de Daniel Zuloaga, tío del pintor Ignacio Zuloaga. El nombre de Chóliz fue borrado de aquellos azulejos y ha desaparecido de allí para siempre, aunque aún se asocia a Rived en nuestro imaginario colectivo.
Cuando en 1916 al padre del escritor le ofrecieron la secretaría municipal de Caspe, Sender se quedó en Zaragoza para seguir sus estudios en el instituto. Y un amigo de la familia, José María Fernández Rocatallada, que trabajaba en Rived y Chóliz (y cuya hermana Dolores se casaría con el fotógrafo y farmacéutico villanuense Ricardo Compairé), le ofreció trabajo en la farmacia para ayudarle a sufragar sus gastos. Sender aceptó, y en ella estuvo unos meses aprendiendo el oficio. Allí coincidió con otro mancebo, al que apodaban Letux porque procedía de esa villa zaragozana y del que iba a acordarse años más tarde en Crónica del alba:
“Era uno de los chicos más responsables que he visto en mi vida. Me recibió con simpatía”.
Ninguna placa recuerda en esa farmacia ni en la calle Estébanes la presencia de Sender, que pasó luego a trabajar en la botica de Salvador de Villaumbrosia, en la calle de San Pablo, número 10, en pleno corazón del Gancho, donde tampoco hay puesta lápida alguna. Pero en Madrid sí la tiene desde 1993:
“En esta casa vivió entre 1935 y 1936 el escritor Ramón J. Sender y aquí escribió Míster Witt en el cantón”.
En Madrid sí y en Zaragoza no. ¿Por qué nos queremos tan poco?
Publicado en Heraldo de Aragón, el 1 de marzo de 2025


