“Me he acordado de quienes combatieron la autocracia zarista, esperanzados con la instauración de una república parlamentaria democrática, y particularmente de los llamados mencheviques, es decir, la facción minoritaria del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso”.

Los mencheviques Pavel Axelrod, Yuli-Martov y Alexandr Martynov en Estocolmo -mayo de 1917. (Wilkipedia).
Escribo este artículo un 7 de noviembre, fecha en la que se conmemora la mal llamada Revolución Bolchevique de 1917: en realidad, un golpe de Estado que permitió a ese partido tomar el poder y acabar con la revolución democrática de febrero del mismo año.
Más de cien años después, Rusia parece no haber encontrado aún la senda hacia la democracia, y las pocas ráfagas de esta que han alumbrado al país fueron anegadas, primero, por la dictadura del Partido Comunista y, más tarde, por el autoritarismo extremo de Putin.
Me he acordado, por eso, de quienes combatieron la autocracia zarista, esperanzados con la instauración de una república parlamentaria democrática, y particularmente de los llamados mencheviques, es decir, la facción minoritaria del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso.
Fueron inicialmente muy influyentes y, aunque perdieron peso antes de octubre de ese año, resurgieron al año siguiente, ganando las elecciones, junto a sus aliados social-revolucionarios, en muchos soviets. Este bloque constituyó la principal fuerza de oposición al gobierno autoritario bolchevique y trató de mantenerse neutral en la guerra civil entre estos y los zaristas. Acabaron asesinados, encarcelados o en el exilio, pero su fe en que era posible transformar el país desde las instituciones democráticas nos hace pensar que quizás Rusia y el mundo serían hoy diferentes si sus posiciones hubieran triunfado.
Tal vez, de haber sido así, nos habríamos librado del sanguinario Stalin, y hasta es posible que hoy Ucrania no sufriera una terrible guerra de agresión iniciada hace más de dos años.
Publicado en Heraldo de Aragón el 8 de noviembre de 2025.


