“… desde hace unos años cabe apreciar una lenta pero constante revalorización de sus escritos. Hay títulos que se reeditan periódicamente, otros que se recuperan después de muchos años, bastante que se traducen. Con todo, ha llegado el momento de que el escritor sea apreciado por sus textos al margen de su carácter, a veces arisco y tendente a la soledad, o de sus desavenencias políticas con unos u otros”.
En 2026 se cumple el 125 aniversario del nacimiento de Ramón J. Sender (Chalamera de Cinca, Huesca, 1901-San Diego, California, 1982). En este caso, recordar a un escritor que falleció hace más de cuarenta años no resulta forzado, no es fruto del ansia conmemorativa que prolifera desde hace un tiempo. La mejor prueba de lo que digo es que sus libros se siguen publicando y leyendo.
Recientemente, varias editoriales se han ocupado de nuevo del escritor. Con prólogo de Juan Marqués, el sello madrileño Amarillo editora publicó en noviembre de 2023 Nocturno de los 14, una novela poco conocida donde el autor evoca a 14 suicidas que había tratado y apreciado. La editorial aragonesa Contraseña, que ya dispone de seis obras del autor en su catálogo, últimamente ha dado a las prensas El lugar de un hombre (2024), con estudio introductorio de la hispanista italiana Donatella Pini, y hace unos meses La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (2025), prologada por el escritor aragonés José María Conget.
Biblioteca Castro publicó en 2025 el primer tomo de la Narrativa esencial de Ramón J. Sender, con un amplio estudio de Juan Carlos Ara Torralba. Se incluyen aquí Imán, Míster Witt en el Cantón y Réquiem por un campesino español. Hace pocas semanas ha aparecido el segundo y último tomo, que recoge La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, La tesis de Nancy y Monte Odina. También el pasado año la editorial Deusto, que difunde -según sus propias palabras- “a los principales pensadores, políticos y economistas tanto españoles como extranjeros”, incluía en su catálogo Contraataque, con introducción de Sergio del Molino.
Por último, la colección Larumbe, de Prensas de la Universidad de Zaragoza, el Instituto de Estudios Altoaragoneses, el Instituto de Estudios Turolenses y el Gobierno de Aragón, ha reeditado recientemente el ensayo Carta de Moscú sobre el amor. (A una muchacha española), con edición crítica de José Domingo Dueñas.

La posteridad de Sender
En 1976 Vicente Verdú entrevistaba a Sender para la revista Cuadernos para el diálogo y quería saber cómo se sentía un autor que tenía asegurada la fama póstuma. Sender respondía: “La posteridad me importa un comino”. Y lo cierto es que se preocupó mucho más de escribir que de promocionarse; entendió la literatura como modo perentorio de reconciliación consigo mismo y con el mundo antes que como garantía de perduración de su nombre.
El novelista gozó de dos grandes periodos de popularidad en España: el primero, en los años treinta; el otro, en la segunda mitad de los sesenta y primeros setenta, cuando al final del franquismo se procuró desde diferentes instancias una recuperación controlada y tímida de los exiliados. Tras la muerte del escritor, y como sucede en tantos casos, su obra cayó en una suerte de purgatorio crítico. Pero ya en 1990 el Instituto de Estudios Altoaragoneses, de la Diputación de Huesca, emprendió la tarea de recuperación de la figura y la obra del escritor. Su inmensa producción literaria se resistía aún a las percepciones de conjunto. Ese año nacía lo que se llamó el Proyecto Sender, cuya labor se prodigó en diferentes vertientes: por una parte, se inició la recopilación de toda la producción de y sobre Sender; por otra, comenzó la preparación del I Congreso Internacional sobre el autor, que se celebró en Huesca en abril de 1995 bajo el lema de “El lugar de Sender”. José-Carlos Mainer fue el presidente del comité científico.
El II Congreso Internacional tuvo lugar también en Huesca, en marzo de 2001, centenario del nacimiento del autor. El Proyecto Sender se había convertido ya en Centro de Estudios Senderianos, denominación que derivaría más tarde, y hasta la actualidad, en Centro de Estudios ‘Ramón J. Sender’. Rafael Conte fue el presidente científico de este segundo congreso. Otras instituciones aragonesas, particularmente el Gobierno de Aragón, el Rolde de Estudios Aragoneses, así como diversas universidades convocaron también congresos, jornadas, conferencias, organizaron exposiciones, etc. Todo ello significó un impulso más que apreciable para la investigación y difusión de su obra. En 2022 el Instituto Cervantes de Madrid acogió la exposición Sender. Memoria bisiesta, comisariada por Chus Tudelilla y José Domingo Dueñas.
Con todo, desde hace unos años cabe apreciar una lenta pero constante revalorización de sus escritos. Hay títulos que se reeditan periódicamente, otros que se recuperan después de muchos años, bastante que se traducen. Con todo, ha llegado el momento de que el escritor sea apreciado por sus textos al margen de su carácter, a veces arisco y tendente a la soledad, o de sus desavenencias políticas con unos u otros.
Había dicho en muchas ocasiones que no volvería a España mientras viviera Franco. Sin embargo, tras varios intentos fallidos, visitó de nuevo su país en la primavera de 1974, enfermo, frágil de ánimo y deseoso de reencontrar un país que se había esfumado. Después cundieron las invitaciones para su regreso definitivo, pero prefirió no instalarse ya en España. Decía que no tenía edad para más desilusiones. Murió en San Diego el 16 de enero de 1982, a punto de cumplir 81 años. Sus cenizas fueron esparcidas en el Océano Pacífico, tal y como había solicitado.
Ramón J. Sender escribió mucho: setenta y una novelas, siete colecciones de relatos y novelas cortas, dos poemarios, trece obras de teatro, catorce tomos de ensayos, ocho recopilaciones de artículos, dos libros de aforismos, miles de columnas periodísticas, cientos de cartas. Se le ha achacado a menudo un exceso de títulos, se ha dicho que su producción era desigual. En cualquier caso, entre sus libros han quedado unos cuantos como indiscutibles obras maestras: Imán (1930), Siete domingos rojos (1932), Míster Witt en el Cantón (1936), Crónica del alba (1942-1967), El rey y la reina (1949), El lugar de un hombre (1958), Réquiem por un campesino español (1960), etc. Y se sigue leyendo porque su obra es una profunda reflexión sobre la condición humana y la necesidad de definir y acotar el mal.



