Ilustración: José Luis Cano
Los botijos del Tio Nicasio y los cántaros que debe defender san Jorge son los lagos subterráneos; en algún lugar he leído que alcanzan una superficie similar a la del P.N. de Doñana. Algunos los llaman “El Terciario del Vero”; y los depósitos que van desde el Torrollón de la Gabarda hasta Selgua. Además, hay que contar el agua de los freáticos de los ríos aragoneses. Tajo tiene san Jorge por delante. Pero cuidado, una parte del agua subterránea contiene contaminantes de los que no nos salvará el santo; los desconocía en su tiempo”.
Cuando me dispongo a tomar notas para redactar este artículo, me llega el enlace a una preocupante alerta de la ONU: El agua se agota: la ONU declara la “bancarrota hídrica” de un planeta que vivió a crédito. Concreta los términos de la alarma: “La humanidad no solo ha gastado el ingreso anual de agua de ríos y lluvias, sino que ha vaciado los ahorros milenarios guardados en glaciares, humedales y acuíferos. El resultado son sistemas acuáticos quebrados –acuíferos compactados, lagos fantasmas, deltas que se hunden– sin capacidad de recuperarse”.
Ante tamaño desafío se necesita compartir imaginación y compromisos. Tal cual se hacía en la inmemorial España, donde el agua nunca sobró. Me dicen que esta revista saldrá hacia el 23 de abril, cuando san Jorge brilla en nuestras vidas. En muchas ocasiones se han hecho rogativas a los santos y vírgenes para que socorriesen durante las pertinaces sequías; así se les llamaba en el NO-DO aleccionador y propagandistas de la dictadura de Franco. Tal repetición de penurias hídricas me anima, en un ejercicio de composición nada fácil, a ligar al santo con la salvaguarda del agua. Si es nuestro patrón, pidámosle que se moje en esto del agua; nadie puede quedar al margen. El asunto no es una ocurrencia, como más adelante se comprobará.
• Vagabundeos hídricos
En realidad esta entrada debería haberse titulado de una forma más poética. Por ejemplo: Los guardianes del agua en Aragón; de la leyenda a la realidad. Ya se ha comentado que la cercanía a la festividad de San Jorge me ha llevado a presentarlo como nuestra salvaguarda. En cierta manera, he idealizado al dragón con un peligro hídrico. En esta propuesta retórica hay otro personaje mítico. Llamémosle Nicasio, por ejemplo. Lo dibujó José Luis Cano con motivo de las manifestaciones y oposición al trasvase de Ebro impulsado por el PP y los empresarios catalanes; quiero recordar allá por octubre de 2002, pero no estoy seguro. El paisano de Cano, boina calada y fumando un cuarterón, se mantenía aferrado al botijo que simbolizaba el agua de Aragón; el tesoro, que nos querían robar. La oveja, llamémosle Basilia, balaba a su lado. Así pues, cántaro de San Jorge y botijo del Nicasio significan el tesoro acumulado que hemos de gestionar bien, mucho mejor que ahora. Porque el partido Vox, en periodo electoral, dice que hay que trasvasar el agua “sobrante” en Aragón (sic). ¿Le votarán las gentes del campo aragonesas? ¿Y las comunidades de regantes? Chunta Aragonesista le respondió que no somos la garrafa (botijo o cántaro) de España.

Ilustración: José Luis Cano
Dicho lo cual quiero repasar aquí el latido del agua en esta tierra nuestra; la misma que personajes ilustres como Joaquín Costa o José Antonio Labordeta nos hicieron ver y sentir. Además, uno es monegrino; allí donde el agua eleva la vida a la enésima potencia, y su falta la radicaliza. Del teatralizado “grito del agua” de Costa a aquella plegaria Rogativa del agua de Labordeta, donde también apela a los santos y vírgenes para que nos echen una mano en la defensa de Aragón. En este caso del agua por parte de Santa Orosia. El agua convertida en elemento sacralizado en muchos pueblos, desde épocas inmemoriales.
Por eso, se la bendice en la religión cristiana; se dice que ya existía un rito judío previo. No solo se escenifica su valor en las pilas de entrada a las iglesias. En la ermita de Ntra. Sra. de Magallón, patrona de Robres y Leciñena, tres botijos reciben a los devotos. El agua contenida, además de calmar la sed, da una especie de bendición espiritual a los llegados: un salvoconducto para sentirse parte del santuario. Otra anécdota, Monegros era hasta hace pocos años “la tierra de las tinajas”, paso obligatorio del abastecimiento domiciliario; desde la balsas públicas que hasta hace pocas décadas decantaban el agua de las lluvias.
• Gota a gota, ¿nunca se agota?
Las rogativas a la Virgen para que trajera la lluvia a los sedientos campos ha sido una tradición centenaria. La he vivido desde niño en mi sedienta tierra monegrina. Las mujeres partían antes del alba hacia el Santuario de Ntra. Sra. de Magallón para llegar con la amanecida e implorar atención, o clemencia. Siempre lo entendí como un rito: ligar amanecer con aparición de lluvia. Aunque quizás era para no pasar calor en el trayecto. El caso es que no recuerdo la efectividad de semejantes prácticas. Eso sí, oí contar que en la sequía de 1956 y años próximos no sirvió de mucho. En mi pueblo aquello fue atroz, como para cambiar el destino de las rogativas. Me pregunto por la razón de que, casi siempre, van dirigidas a una virgen, ¿acaso para que el amor de madre no nos deje desamparados? Dudo sobre si habré elegido bien a san Jorge para el menester protector; del “Nicasio” no tengo reparo.
Digo esto porque san Jorge no está entre los principales “llovedores”. Aun así lo vamos a identificar como el guerrero perfecto para guardarnos la vasija del agua. No le pedimos que nos haga el milagro, pero sí que nos lo guarde. Su representación incluye siempre la lanza con la que derrota al dragón (pongamos la falta de agua). Además, nos debe algo a los aragoneses. Siempre se han celebrado justas en su honor; de hecho cuenta el Quijote que pensaba pasarse por Zaragoza a comienzos del siglo XVII para asistir a ellas. Luego para nada me parece ser pedigüeños gratuitos.
Sabemos que san Isidro Labrador es el patrón tradicional del campo para estas peticiones. Aún así, la figura de san Jorge ha sido, en localidades específicas con fuerte devoción, un intercesor clave para implorar lluvias en tiempos de necesidad. Desconozco si los romeros de Huesca al cerro de San Jorge van con una petición concreta, o solamente para su solaz.
¡Que nos la traigan aunque sea gota a gota! Parecían querer decir las demandas “Ad petendam pluviam”, las rogativas pro lluvia. Es más, me parece que en tiempos existía “el fedor d’a pluvia”, algo así como un meteorólogo chamán que dominaba la lectura del tiempo posible. Y no puedo dejar de citar la rogativa al Cristo de los Milagros, con escenificación incluida a las puertas de la catedral de Huesca. Todo para que entre el patrón san Lorenzo y el Cristo socorriesen a los sedientos campos. Según cuenta Bizén d’o Río en El Diario de Huesca:
San Isidro Labrador,
Xornalero de lo campo,
Tú que yes prosimo a Dios,
Pedile augua tal campo.
• El sueño de la razón produce sueños.
Son Jorge no para: de Capadocia a Aragón. Viaja mucho por el Mediterráneo. No tenemos acceso a las crónicas de los otros Jorges. Que se veneran en Inglaterra, Cataluña, Portugal, Grecia, Georgia, Rusia, y Lituania. Me temo que no he elegido bien al protector de nuestro cántaro; tendrá demasiado trabajo. Y ya se sabe, como dijo en su tiempo don Pedro Calderón de la Barca en La vida es sueño (1635): Los sueños sueños son; aunque si se beatifican no lo sé.
Dicen quienes saben de historia que un tal Jorge, el precursor de todos los demás, era originario de Capadocia. Sus avatares creyentes lo llevaron a la muerte y la posterior santificación. A orillas del sediento mediterráneo, cada vez guarda agua más caliente y más salada. Pero esa tierra de su parte oriental, en la península de la Anatolia turca, tiene sus parientes en Aragón. Más de una vez he leído que los Aguarales de Valpalmas eran “nuestra Capadocia”. Agua y territorio, agua e identidad. Aunque, a fuer de ser sinceros, recomendaría otros lugares de la provincia de Huesca que me transportan al otro lado del Mediterráneo. Me refiero a los Turrullones de la Gabarda, a los montes de Castejón de Monegros o Jubierre. Allí, el agua en alianza con los vientos nos expone unas obras de arte natural –no recuerdo de qué sistema de protección gozan– que nada tienen que envidiar a las chimeneas de hadas turcas.
• Alientos que manan sentimientos colectivos
Cuando me documentaba para escribir esta entrada, me encuentro con que en Banyeres de Mariola (Alicante) echaban mano del santo tanto para sus rogativas como para impedir que las tormentas hiciesen estragos; la energía de san Jorge les hacía huir. Incluso cantaban unos gozos al santo muy curiosos; evidentemente gozosos.
Me permito la figura retórica del símbolo antrópico. Así como la cultura ancestral mantiene que san Jorge mató al dragón para salvar a la princesa, extiendo la individualidad al colectivo. Por si me escucha, le pediría al santo que fuese nuestro garante del agua social. La que nunca sobra porque la demanda no para de crecer. ¿No sé si cabrá el milagro? Porque claro, regar más de medio millón de hectáreas tiene su mérito y dificultad. El cántaro de san Jorge debe estar por ahí. Porque seguro que sabe que el regadío es una necesidad estratégica. ¡Pero hay que saber regar! Lo de hacerlo a manta es un anacronismo de funestas consecuencias.
En algún sitio he escrito que es conveniente apelar a la lucidez hídrica. Dice, sencillamente, que nunca se podrán satisfacer todas las demandas, crecientes y acumulativas. Por mucho que nos ayude san Jorge.
Si por lo que parece cada vez llueve menos, o a destiempo, la clarividencia falla en la cultura colectiva. La demanda –acumulativa– supera a la oferta –restrictiva– año tras año. Un singular combate de los humanos sedientos y acaparadores contra la naturaleza en sentido amplio. Ni las procesiones o novenas a los dioses hacen llover. Muchos años, los secanos agonizan ya en abril, y no solo en la ribera del Ebro; las vides, almendros y otras leñosas padecen un alarmante estrés hídrico. Tanto es así que los labradores van subiendo de nivel sus cultivos. Ni con la posible lluvia bendecida, ni con la ocurrencia de más embalses y más grandes que propaga el Consejero de turno se evitan las maldiciones que su falta provoca. No será porque el cántaro, embalses en particular, está agujereado. Un ejemplo: el medio recrecido Yesa (ahora rellenado con las lluvias de enero), las obras llevan decenas de años poniendo remiendos. Me da que san Jorge no ha tenido mucho que ver; pero vaya usted a saber. Me inclino a que ha sido porque el famoso anticiclón de las Azores se ha ido hacia el norte y ha dejado la puerta abierta a un tren de borrascas que ha descarrilado en la península Ibérica.
• Aragón tenía sed, casi como ahora. Una interrogación retórica desde la sed hacia la sequía.
Pongamos que nos situamos en octubre del año 2000. Se cuenta que 400 000 aragoneses, un tercio de su población, enarbolaba aquello de “Aragón tiene sed”. No se trataba de un eslogan; clamaba por la esperanza de vida ante el Plan Hidrológico Nacional (PHN) del Partido Popular. Durante aquellos días se escucharon lo mismo plegarias o jaculatorias, muchos deseos y bastantes incertidumbres. Quien no reblaba era el señor Nicasio, o como se llamase, de Cano. San Jorge estaría al habla con sant Jordi, el supuesto protector de los intereses de Cataluña. Se desconoce si llegaron a algún acuerdo para salvar al dragón maléfico que quería devorar al pueblo, sin princesa de por medio. Recuerdo algunas, otras son de invención actual en honor del campesino con boina. Ahí van, para decir si el Aragón futuro tiene perspectiva hídrica:
-Sed de agua, que se siente avanzar por el horizonte y se puede convertir en una megasequía dentro de poco.
-La sed de los pobres se arregla con unos cuantos litros, mientras la sed de los ricos se soluciona de muchas maneras. Nunca llega a sequía.
-En este mundo complejo no se comparte ni la sed.
-Sed desértica o esteparia que parece una alucinación; al decir de J.A. Labordeta.
-La sequía de hoy y la sed del mañana, o viceversa. ¿Quién sabe si serán lo mismo como aquella tan horrible de 1626-1635?
-El oasis de la sed es un botijo lleno de agua; el de la tierra la lluvia a cántaros.
-La sed siempre es una metáfora. ¿De qué? No lo “sed”.
-Magos y timadores hacen de la sequía grandes amores.
-Sed de bancos de datos que el Gobierno asegura que nunca será sequía.
• Viaje a la dilatada geografía de la noticia hídrica
El Mundo Today, periódico calificado como poco riguroso por quienes mandan, nos advierte. Quien avisa no es traidor: Las grandes tecnológicas alertan de que, si la gente sigue bebiendo agua a este ritmo, nos quedaremos sin inteligencia artificial. Y más concretamente, nos acusan, a todo el mundo mundial, de ser adictos al agua. Tómese la noticia del derecho o del revés, según convenga a cada cual. Aquí también se trata de entretener, de coger las noticias con pinzas o por la parte de atrás.
Recojamos aquí que también se cuenta que Moisés golpeó una peña del monte Horeb, y salió agua en cantidad suficiente para mitigar la sed del pueblo judío en su huida de Egipto. Lo he visto representado en cuadros de Tintoretto, Scipione Compagno o Murillo, etc. Me pregunto, una elucubración más, si san Jorge no viajó por Cimballa y de su visita surgieron los Ojos del Piedra, los manantiales de la vida. Allí donde emerge el agua tras haber recorrido varios kilómetros debajo de un lecho de piedras.
Leía un artículo publicado en Ethic. Su autora contaba algo sobre su abuela Eleftheria. Decía que en Folegandros (en Las Cícladas de Grecia) San Jorge se había hecho presente. Allí, un dragón era dueño de un pozo de agua. Para acceder a él exigía a los lugareños sacrificar a una doncella. Así sucedió hasta que San Jorge mató al dragón y aseguró al pueblo el acceso al agua. Ahora se comprenderá mejor la razón por la que he ligado el cántaro del agua a la defensa de san Jorge.
Cuenta Miguel de Cervantes que don Quijote confundió con bandidos a unos disciplinantes encapuchados que marchaban en procesión, precedidos de una imagen de la Virgen (capítulo LII de la primera parte). Caminaban en demanda de lluvia en un verano de pertinaz sequía. Les asestó buenos golpes, pero no por eso cejaron en su “Ad petendam pluviam”. Aventura de la cual da fe el cuadro de Antonio Pérez Rubio “La aventura de Don Quijote cuando ataca a la procesión de disciplinantes” (1881), que se guarda en el Museo del Prado.
Concedamos honor y gloria al botijo del Tio Nicasio, que en el museo de Morillo de Tou se haría protagonista innumerable junto a las muchas vasijas cerámicas allí guardadas.
• Pasado mañana no es anteayer. Una parte de la cordura hídrica
Mira por donde, supongo que sin intercesión santificadora, van las administraciones y se bañan en estos temas. Así sucedió en marzo de 2023, cuando el ejecutivo aragonés elevó a la categoría de monumento, patrimonio público, catorce pozos fuente situados en la provincia de Huesca. Tienen una enorme carga histórica y social. De una parte son ejemplos de arquitectura tradicional vinculada al agua. No son como los elevadores de Juanelo Turriano en el Tajo, pero sí nos muestran verdaderos ingenios del patrimonio hidráulico en Aragón. Ubicados en un medio bioclimático semiárido, elevan a la categoría de excelencia la falta de aguas superficiales; hacen emerger acuíferos subterráneos. Se localizan en el somontano barbastrense, en las faldas de la sierra de Guara. ¡Quién sabe si sus rincones no son tan mágicos como aquellos que imaginó don Quijote en la Cueva de Montesinos (Cap. XXII, segunda parte). Me llama la atención la leyenda de “La Cueva de la Mora” de G.A. Bécquer, localizada en Fitero (Navarra). Algo la relaciona con el agua subterránea. Me atrae más la “Fuente de los moros” de Albero Alto. Todo un ingenio hidráulico para llegar hasta el agua subterránea, que profundiza hasta los 9 metros. Aquí sí que pudo tener que ver san Jorge, quizás quería esconderles el agua a los moros y llenar el cántaro para nosotros. Lo digo porque a veces participaba en batallas contra los musulmanes, en la batalla de Alcoraz por ejemplo. Esas peleas conmemoran en Alcoy en la “Fiesta de moros y cristianos”.
Cuenta El Diario de Huesca que “pueden considerarse herederos directos de la arquitectura hidráulica musulmana, de los denominados Qanat, etimología árabe que se traduce por canal o acueducto”. Parece ser que su construcción se llevaría a cabo desde el siglo X al XVIII. A la gente del arte no se le escapa que alguno posee hechuras medievales musulmanas. De hecho, muestran arcos de herradura musulmanes. Pero no solo, una parte de sus muros está trabajada según la técnica de “soga y tizón”, muy árabe.
Resulta difícil de calificar el mensaje de que Aragón debe compartir el agua cuando se hagan muchas obras hidráulicas (sic), expresado por el líder de Vox en las pasadas elecciones. Aquí me surge una duda sobre lo que habrá querido decir: se trata de compartir el agua o su falta.
• Botijos y cántaros para evitar la bancarrota hídrica en Aragón
Aludíamos al principio a la alerta hídrica que ha lanzado la ONU para todo el mundo. Los botijos del Tio Nicasio y los cántaros que debe defender san Jorge son los lagos subterráneos; en algún lugar he leído que alcanzan una superficie similar a la del P.N. de Doñana. Algunos los llaman “El Terciario del Vero”; y los depósitos que van desde el Torrollón de la Gabarda hasta Selgua. Además, hay que contar el agua de los freáticos de los ríos aragoneses. Tajo tiene san Jorge por delante. Pero cuidado, una parte del agua subterránea contiene contaminantes de los que no nos salvará el santo; los desconocía en su tiempo.
Nuestra caja fuerte del agua guarda caudales fósiles, renovados, otros extraídos del buen uso, y demasiados dependientes de la aleatoriedad de las precipitaciones anuales. No es eterna, ni un pozo sin fondo. Quienes desde la esfera política y empresarial tienen la combinación, la responsabilidad, de actuar con criterios útiles para la ciudadanía global y los sectores productivos; a menudo prefieren enlodarse que mojarse. ¡Cuidado con el agua refrigerante de los centros de datos! De cuya siembra atrevida ya hablamos en el número anterior de A zofra. Por cierto, los embalses, que se quieren recrecer como el de Yesa o construir otros como en Almudévar o Mularroya, no garantizan el agua suficiente frente a las crecientes demandas. Ante este incierto panorama hay que aferrarse al principio de precaución, que supongo san Jorge tendrá en cuenta. Pero un aviso más: el cofre del tesoro hídrico se ha ido llenando también de ilusiones y deseos, de promesas políticas. Hay que estar atentos pues muchas se convierten con el tiempo en pagarés de dudosa disposición. El Nicasio está un poco “mosca”. Alguien le ha chivado que deberá entregar una parte de agua de su botijo para refrescar a los invasores centros de datos que están colonizando Aragón. Lo agarra más fuerte. En su sabiduría sencilla se pregunta: ¿”Pa” qué? y ¿”Pa” quien?
CODA: Descifre el consejo de Baltasar Gracián (1601-1658):
“hasta el agua agena se miente néctar”.



