Foto de Antón Castro
“Acostumbrada al viaje y los nuevos horizontes desde muy chica, debió ser entonces cuando forjó ese carácter que le llevó a reinventarse como editora hace una década. El estímulo de la aventura, una vez más. Cómplices no le faltaron, amigos y conocidos de las letras aragonesas, y un compañero, Toño, Antonio Pérez Lasheras, otro de los grandes nombres asociados a la literatura y la edición en Aragón”.

«Marina Heredia Ríos tenía carisma». Así comenzaba el cálido recuerdo que Antón Castro le dedicó en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón tras conocer su fallecimiento, el pasado 20 de noviembre, una fecha, curiosamente, también para recordar por este motivo, marcando un contrapunto irónico y cariñoso, muy de su gusto, al enrarecido ambiente de la política y las cavernas.
Decir que el hueco que deja en el mundo editorial aragonés es enorme es una obviedad para quien la conoció. Hablamos de una mujer con mucha personalidad y de un sello, Los libros del gato negro, que, desde 2015, ha ido consolidándose como una referencia en Aragón y que ha logrado, de cuando en cuando, superar el vacío que suelen imponer los grandes centros del libro nacionales a todo lo procedente de la periferia. Por ello ese sentimiento de orfandad de un buen número de poetas, narradores, ensayistas, ilustradores…, que confiaban en su criterio literario, en su enfoque editorial y en el mimo que dedicaba a su catálogo. Entre ellos, yo mismo.
Acostumbrada al viaje y los nuevos horizontes desde muy chica, debió ser entonces cuando forjó ese carácter que le llevó a reinventarse como editora hace una década. El estímulo de la aventura, una vez más. Cómplices no le faltaron, amigos y conocidos de las letras aragonesas, y un compañero, Toño, Antonio Pérez Lasheras, otro de los grandes nombres asociados a la literatura y la edición en Aragón. Como a él, la creación literaria le apasionaba. Con la ayuda de ese gran diseñador que es Fernando Lasheras y la mano experta del impresor Francisco Ortiz, Paco de Ino, empezó a dar sus primeros pasos en el sector del libro.
Tal fue su inmersión que, dos años después, en 2017, se postula y es elegida para presidir la Asociación de Editores y Distribuidores de Fondos Propios de Aragón. Ella había trabajado durante 30 años en el sindicato UGT y, después, en la Unión de Consumidores de España. Sabía lo que era la conciencia social, la defensa de lo común. En la junta le acompañaban Chusé Aragüés, Daniel Viñuales, Carlos Serrano, Raúl Herrero y Sergio Navarro, el presidente saliente. Con Marina al frente, este grupo logró normalizar la situación asociativa de los editores aragoneses. Fue entonces cuando el colectivo renovó sus estatutos y pasó a llamarse Gremio de Editores de Aragón/Gremio d’Editors d’Aragón/Gremi d’Editors d’Aragó (Aeditar), tres denominaciones correspondientes a las tres lenguas propias de Aragón, y con ese espíritu gremial. Fue también cuando la asociación se integró en Cepyme (Confederación Española de Pequeña y Mediana Empresa). Era toda una declaración de principios.
«Comenzamos una nueva etapa, son muchos los retos que tenemos por delante, pero son muchas también las posibilidades de enfrentarnos a ellos con nuestra mejor disposición», escribía la recién nombrada presidenta en una carta dirigida a los socios un 6 de junio de ese año.
Cargada de ilusión, tenía ganas de fortalecer la agrupación y de hacerla visible, lo que suponía más actividad, más contactos con las instituciones y estar presentes en espacios nacionales e, incluso, internacionales. Se inaugura «El bosque de los editores», una acción que consiste en la fundación de un pequeño jardín de árboles, como gesto simbólico de un gremio concienciado con la sostenibilidad, en alguna una localidad aragonesa vinculada a alguna figura eminente del ámbito literario. Se crean los premios Aeditar, con los que se reconocen diversas trayectorias dentro del sector del libro aragonés. Se recupera y afianza la presencia aragonesa en la Feria Internacional del Libro (Liber), siempre positiva y fructífera. Fue a raíz de esta participación como se gestó la sólida relación que hoy nos une a Cedro, la asociación que defiende los derechos de autores y editores. El colectivo estuvo representado en la Feria del Libro de Madrid de 2018 y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2019. Ese mismo año comienza una colaboración activa con Endei Norte, un encuentro de editores independientes procedentes de diferentes partes de España, y, en 2020, en plena pandemia, Marina se saca del sombrero (los usaba) el montaje de un puesto solidario frente a las puertas del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, donde se repartieron gratuitamente libros donados por los socios. En esta situación crítica para las empresas culturales, Aeditar se integra en la plataforma ECA de asociaciones profesionales de la cultura en Aragón, para, conjuntamente, trasladar a la Administración la grave situación económica que atraviesa el sector y reclamar una mayor atención y sensibilidad hacia una actividad generadora de riqueza y fundamental si de verdad se quiere una sociedad más armónica, fértil y consciente. Hubo otras iniciativas que no acabaron de funcionar, pero el camino estaba trazado. Y como presidenta de Aeditar, formó parte de la junta de Copeli, la Comisión Permanente del Libro que organiza el Día del Libro y la Feria del Libro de Zaragoza, que asimismo presidió los difíciles años de 2020 y 2021, contribuyendo a la consolidación de esas dos importantes fechas en el calendario cultural de nuestra tierra. Tras dejar, junto a otros compañeros, la dirección de Aeditar en 2022, quienes ahora formamos parte de la junta hemos mantenido todas estas líneas de actuación, un mismo rumbo.
En todo ello consiste la gran huella que Marina Heredia ha dejado en Aragón, tanto dentro del panorama editorial aragonés como en el de la cultura en general. Impetuosa, fecunda, maternal…, en nombre de todo el gremio de editores de Aragón, desde estas líneas, un recuerdo tierno y amable para Marina, y todo nuestro agradecimiento.
¡Hasta siempre, compañera!


