“El acto judicial constituye un hito de primera magnitud y relevancia en la historia de la aplicación de la vigente Ley de Memoria en la capital altoaragonesa, tan conservadora y prejuiciosa. Cabe recordar que PP y Vox derogaron la ley aragonesa como primera medida política tras las últimas elecciones autonómicas”.
En el Juzgado nº1 de Huesca tuvo lugar el pasado 4 de diciembre la vista para el reconocimiento histórico y reparación del médico Alfonso Gaspar y Soler, miembro de Izquierda Republicana asesinado en las tapias del cementerio de la ciudad el 23 de agosto de 1936. La Ley de Memoria Democrática de octubre de 2022 ampara a las víctimas de la violencia desatada tras el golpe de Estado de julio de 1936. El día del asesinato de Alfonso Gaspar y Soler otras 94 personas cayeron ante el pelotón de fusilamiento integrado por conocidos falangistas locales y militares sublevados.

Anotado al reverso: «Junta Directiva del Huesca F. C.; 1: Nogueras [Julio Nogueras Mateo, fusilado
el 8-VIII-1936], 2: Anoro, 3: Solana, 4: Dieste, 5: Fuyola, 6: Cajal, 7: Yo [Alfonso Gaspar]. Campeonato de Aragón 1924-1925, 2 de noviembre». Foto: Colección Gaspar Auría.
El expediente de reparación ha sido promovido por sus nietos a través de la fiscalía delegada de Derechos Humanos y Memoria Democrática de Huesca, constituida en octubre del pasado 2024. El acto judicial constituye un hito de primera magnitud y relevancia en la historia de la aplicación de la vigente Ley de Memoria en la capital altoaragonesa, tan conservadora y prejuiciosa. Cabe recordar que PP y Vox derogaron la ley aragonesa como primera medida política tras las últimas elecciones autonómicas. Con todo, y si bien es cierto que se han dictado sentencias para eliminar del callejero referencias franquistas, e incluso vestigios del régimen, es la primera vez que un republicano fusilado por el hecho de serlo va a ser reconocido como víctima de actos ilegales e ilegítimos cometidos por el fascismo oscense, incluso en Aragón, en el verano sangriento de 1936 y la interminable contienda que siguió reprimiendo hasta bien concluida la guerra.
Alfonso Gaspar y Soler había nacido en Valencia el 2 de agosto de 1886. Estudió Medicina en la Universidad de Zaragoza, donde contrajo matrimonio con la vecina de Concilio Rosalía Auría Lasierra y del matrimonio nacieron Rosalía, Alfonso y Jaime. Precisamente Jaime, tercero de los hijos, resultará elegido diputado socialista para las Cortes Constituyentes españolas de 1977 y nombrado vicepresidente del primer Gobierno de Aragón, 1978-1979.
Alfonso Gaspar ingresó en la Academia de Sanidad Militar y tras varios destinos como médico militar combatirá en África, junto con el coronel Dámaso Berenguer y el futuro general Franco.
Abandonó el ejército, por la Ley de Azaña y la familia se asentó definitivamente en Huesca, donde el doctor abrió consulta. De ideología izquierdista, participó de manera decisiva en la formación del partido Acción Republicana, siendo designado secretario del comité provisional en 1932. El 14 de diciembre de ese año presidió la histórica asamblea de fuerzas republicanas de izquierda celebrada en el teatro Olimpia de Huesca. Integrado en Izquierda Republicana en 1934 mantenía una estrecha relación con Manuel Azaña, dado que su hermano Vicente Gaspar fue colaborador directo del político alcalaíno hasta los últimos días de la República, antes de partir al exilio a México.
Tras el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, en el contexto de la inclemente represión de la disidencia desplegada por el bando sublevado Gaspar y Soler fue detenido en el Hospital Militar de Huesca, sin que conste expediente procesal ninguno.
El 23 de agosto, tras ser salvajemente apaleado, los asesinos le dieron el tiro de gracia al pie de la tapia oeste del camposanto. Quedó inhumado, como decenas de otras víctimas extrajudiciales, en una zanja del cuadro 15. La consulta médica fue saqueada por falangistas que se hicieron con diverso material médico y otros objetos de valor, incluido su aparato de rayos X. Sus restos, reconocidos gracias a un cinturón, fueron inhumados en un nicho en febrero de 1954.
El 23 de febrero de 1938, fallecido ya el médico, se le incoó un procedimiento en el Juzgado Instructor Especial de Incautación de Bienes de Huesca, en virtud del cual, el 4 de abril de ese mismo año se decretó el embargo de sus depósitos de deuda amortizable, cuya titularidad compartía con su esposa Rosalía Auría. Asimismo, la Comisión Provincial de Incautación de Bienes propuso la imposición de una multa de 1500 pesetas, sanción que se hizo firme en el mes de enero de 1939 y, junto con las costas del procedimiento, 106,74 pesetas, quedó satisfecha por la esposa con ayuda familiar.
El Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo todavía persiguió a Gaspar en noviembre de 1944, aunque declaró extinguida su responsabilidad –en realidad inexistente– como consecuencia de su fallecimiento el 23 de agosto de 1936.
Debido a las constantes amenazas recibidas, Rosalía Auría decidió trasladarse a Zaragoza junto con sus tres hijos, instalándose prácticamente en situación de pobreza a consecuencia de la persecución sufrida.
Leídas el pasado diciembre las conclusiones de la vista judicial por la fiscal de sala, tras escuchar las declaraciones como testigos de dos nietas y un bisnieto y citando la semblanza contenida en el diccionario biográfico Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca, 1936-1945) [Pardo y Mateo, 2016] como pieza de convicción para dar cuerpo y verosimilitud a la ceremonia legal, la jueza acordó dictar una propuesta de auto de reparación que será enviada a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática dependiente del Ministerio de Política Territorial, con el fin de certificar la inicua muerte sufrida por Alfonso Gaspar y Soler, amén de anotar su nombre en el Registro y Censo Estatal de Víctimas, y anular igualmente el expediente económico de Responsabilidades Políticas.
Alfonso Gaspar, médico militar, salvó la vida a Franco en Marruecos merced a una operación a vida o muerte, pero el generalísimo no se lo agradeció cuando tuvo noticia de que había sido detenido e iba a ser llevado al pelotón de fusilamiento con carácter extrajudicial. «La guerra –dijo el caudillo– no entiende de sentimentalismos».
La familia de Alfonso Gaspar no se atrevió a registrar su nombre completo en la lápida donde reposan sus restos en un nicho del cementerio de Huesca, quedando lacónicamente inscrito con las iniciales A.G.S. El miedo paralizó la escritura, aunque no pudo aniquilar la memoria del médico republicano.


