“Durante siglos, los Pirineos no fueron solo una barrera geográfica, sino también una ruta de comunicación entre el sur de Francia y Aragón, facilitando el intercambio de ideas, arte y comercio. Esto dejó una huella visible en el patrimonio arquitectónico y cultural de ambas regiones. Castillos medievales, iglesias y monasterios, costumbres y forma de vida de ambos lados de la frontera comparten estilos y cultura comunes”.

 

-“Bon Jour Madame, s’il vous plaît, Est-ce-que vous connaissez où se trouve cet hôtel?”-, pregunté, mostrándo el nombre del establecimiento y esforzándome en aplicar mis conocimientos de francés, a una señora de unos 70 años que parecía una ciudadana propia del lugar, pues llevaba una bolsa con compra.

Eran principios de los 2000 y la localización del hotel que habíamos reservado era un poco confusa, sin navegador ni “google maps”, mis acompañantes y yo decidimos acudir a la ayuda personal de una nativa.

Yo había estado con anterioridad en Carcassone, pero en esta ocasión, procedíamos de Toulouse, y decidimos entrar en la bastide, la parte más urbana de la población, pero menos conocida y con menos atractivos, sobre todo comparándola con la Cité, la famosa ciudadela medieval reconstruida controvertidamente en el siglo XIX por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc, y que se convirtió en un parque de atracciones medieval, con sus murallas, su fortaleza, sus calles de época, su catedral, sus performances al estilo de la edad media, pero que en definitiva ha conseguido atraer un buen número de turistas a la región.

Le nom ne me semble pas familier”, respondió la dama. “¿Sois españoles?”, nos interpeló a continuación en un perfecto castellano.

Con cierto asombro y un grado de duda, y en aras de la practicidad, respondí, “Si”, “aragoneses”, apostille con seguridad ideológica,  asumiendo que debía practicar más mi pronunciación francesa.

-“Yo nací en Barbastro, ¿lo conocéis?”

-“Desde luego”, volví a confirmar incrementando mi sorpresa

Sin ocultar un cierto grado de satisfacción, nuestra “nativa” se ofreció a llamar al hotel para que le confirmara su correcta ubicación, ciertamente un poco complicada, en las afueras de la población, y así lo hizo, informándonos muy atinadamente de cómo alcanzar nuestro destino y explicándonos que se trataba de un hotel de reciente construcción y de ahí su desconocimiento inicial.

-“Mirad, voy a tomar un café en esta Boulangerie, si tenéis tiempo…”

Nos dijo apuntando un local que servía de cafetería y pastelería, y ante su extraordinaria amabilidad decidí responder afirmativamente, acotándole que me permitiera invitarla.

Tras una pequeña conversación sobre Carcassonne y la región, prosiguió:

-“Como os decía soy natural de Barbastro, y llegue al Sur de Francia con mis padres al finalizar la guerra civil.”

Durante la charla, me relató cómo su familia, al igual que tantas otras, tuvo que abandonar su tierra durante la Guerra Civil Española. Ella era una niña. Los vientos del conflicto arrastraron a miles de aragoneses hacia el exilio, y su familia se encontraba entre ellos.

Me contó que los pasos fronterizos franceses se convirtieron en la salida de muchos aragoneses que posteriormente fueron recluidos en campos como Gurs o Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, o Le Barcarès, y posteriomente incluso colaboraron con el ejército francés y la resistencia tras el estallido de la segunda guerra mundial.

Los obligados emigrantes que se dirigieron a Francia a través de los Pirineos, pertenecían principalmente al bando perdedor, entre los que se incluían soldados del ejército republicano, miembros de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), pero sobre todo civiles y sus familias perseguidos por su ideología o su relación con la República.

Un gran número de exiliados se asentó en diversas localidades de las actuales regiones de Occitania y Aquitania, que al estar cerca de la frontera, se convirtieron en un entorno clave para muchos de estos emigrantes, que llegaron huyendo de la represión franquista y de la destrucción provocada por la guerra y que, a pesar de la dureza de su nueva vida, lograron integrarse y establecer nuevas comunidades.

-“Los apellidos aragoneses no son raros aquí” prosiguió: “Lacasta, Zaragoza, Serrano, Bajo, Gracia, Serrano…”. Todos procedentes de la intensa relación histórica, no solo de entonces sino de muchos siglos atrás.

Para alguno fue solo la primera etapa de un exilio que les llevo posteriormente a otros países pero muchos encontraron, con el tiempo, en Francia un nuevo hogar.

Paulette, así se llamaba nuestra dama, me explicó que aunque su familia, tras el fin de la guerra mundial, se instaló en Albi, cuando ella se casó, se mudó a Carcassonne donde llevaba viviendo muchos años, y donde aún mantenía contacto con muchos descendientes de aragoneses y con familiares en Barbastro y Berbegal.

Me contó particularmente  la historia de Vincent Mir, conocido por ser el alcalde de Saint-Lary, de padres aragoneses

Su vida estuvo marcada por su vinculación con la localidad de Saint-Lary, en los Pirineos franceses, donde desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la región.

Los padres de Vincent Mir, naturales del Sobrarbe, emigraron a Francia, y  éste a lo largo de su vida, desarrolló una profunda relación con la región de Saint-Lary y, gracias a su dedicación y liderazgo, fue elegido alcalde de esta localidad. Durante su mandato, tuvo una gran influencia en la revitalización de la economía local, particularmente en el impulso del turismo, una industria que se ha convertido en la columna vertebral de muchas áreas de los Pirineos franceses, incluido Saint-Lary.

Bajo su liderazgo, Saint-Lary experimentó un renacer económico y cultural, debido a la modernización de la infraestructura turística y el fomento de actividades como el esquí y el turismo rural. Además de ser un impulsor de la economía local, Mir también se preocupó por mantener la identidad cultural y las tradiciones de la región, algo que enriqueció aún más la oferta turística del lugar.

Mir entendió la importancia de preservar el equilibrio entre el desarrollo económico y la conservación del patrimonio cultural, lo que se reflejó en sus políticas de desarrollo sostenible y un ejemplo de la integración exitosa de los emigrantes aragoneses en Francia, demostrando cómo, a pesar de las dificultades del exilio y la emigración, los aragoneses pudieron aportar significativamente a sus nuevas comunidades, sin olvidar sus orígenes, pues las magnificas relaciones que mantenía con sus homólogos aragoneses, contribuyeron a estrechar lazos entre ambas vertientes pirenaicas y a la consecución de proyectos conjuntos como la construcción del tunel de Bielsa-Aragnouet

También me recordó los nombres de José Buj, exalcalde republicano de Barbastro y su familia, o de José Antonio Salcedo, militante de la CNT y uno de los destacados nombres de Barbastro que tuvo que emigrar a Francia tras la derrota republicana.

Como ellos, muchos, no regresaron a Aragón cuando se difuminó la idea que la victoria de los aliados forzara la caída del régimen de Franco, pero lo tuvieron en su corazón durante toda su vida.

Unas cuantas asociaciones y proyectos, como La Asociación de Exiliados Republicanos Aragoneses (AERA), el Centro de la Memoria de los Republicanos Españoles en el Exilio (La Cité de l’Exil), la Asociación Francesa de Amigos de los Republicanos Españoles (AFAR), el Comité de Defensa de la Memoria Histórica de los Exiliados (CDMHE).la  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Aragón (ARMHA) o La Fundación 1º de Mayo, por enumerar algunas, desempeñan un papel fundamental en la preservación y difusión de la historia de los emigrantes aragoneses en Francia. A través de la recopilación de testimonios, la organización de eventos y la creación de espacios de reflexión, contribuyen a garantizar que las generaciones futuras no olviden las luchas, sufrimientos y logros de los exiliados aragoneses, y a rendir homenaje a su legado.

De alguna forma, como aficionado a la historia de Aragón, compruebo que el devenir temporal volvió a unir una vez más, a dos territorios cuya relación había sido muy intensa desde hacía siglos. La conversación que ahora rememoro me transporta también a la edad media cuando Aragón tejió importantes relaciones con Aquitania de forma que varios territorios se consideraban vasallos del monarca aragonés: Bigorre, Bearn, Foix, y hubo matrimonios entre las casas reales de Aragón y los nobles occitanos.

Durante siglos, los Pirineos no fueron solo una barrera geográfica, sino también una ruta de comunicación entre el sur de Francia y Aragón, facilitando el intercambio de ideas, arte y comercio. Esto dejó una huella visible en el patrimonio arquitectónico y cultural de ambas regiones. Castillos medievales, iglesias y monasterios, cultura y forma de vida de ambos lados de la frontera comparten estilos y cultura comunes.

La colaboración de la nobleza de Bigorre, Comminges, Bearn y otros territorios aquitanos  en virtud de la cruzada proclamada en el Concilio de Toulouse, supuso la expansión aragonesa al valle medio de Ebro, con la conquista de Zaragoza en 1118 y la victoria de Cutanda en 1120, que conllevo la repoblación de territorios aragoneses con gentes venidas del otro lado de los Pirineos. El apellido Gascón, procedente de Gascuña, proviene de esos tiempos.

Pero el fin de la posibilidad de un estado a ambos lados de los Pirineos acabó con la intervención de Pedro II, casado con María de Montpellier, en la Cruzada Albigense en apoyo a los cátaros y a los señores occitanos que se oponían a la intervención de la Iglesia católica culminando en la Batalla de Muret en 1213, donde Pedro II fue derrotado y muerto, debilitándose trascendentalmente la influencia aragonesa y facilitando la consolidación del poder de la Corona francesa en la región, que se corroboró con la firma del Tratado de Corbeil entre Luis IX de Francia y el Rey de Aragón Jaime I el Conquistador con el fin de llegar a una paz duradera, conformando unas fronteras estables, entre la corona de Aragón y el reino de Francia

Pero aparte de la “macrohistoria”, las relaciones cotidianas entre los territorios a ambos lados de los Pirineos son y ha sido intensas y deben continuar con ese conocimiento mutuo.

Las universidades y centros educativos en el sur de Francia y Aragón mantienen programas de intercambio que permiten a estudiantes y profesores de ambas regiones colaborar en investigaciones y proyectos culturales. Las universidades de Zaragoza, Toulouse, Pau y otras en la región a menudo tienen acuerdos bilaterales que facilitan el acceso a cursos y experiencias educativas comunes.

Existen numerosas asociaciones y centros culturales que promueven los intercambios entre Aragón y el sur de Francia. Estas organizaciones realizan actividades como exposiciones de arte, conciertos, conferencias y talleres, fomentando un mayor entendimiento mutuo de las tradiciones y costumbres de ambas áreas.

El turismo en los Pirineos se ha convertido en una forma importante de integración cultural. Las rutas de senderismo y esquí entre las estaciones de montaña del sur de Francia y Aragón. Un Patrimonio natural compartido Los Pirineos, como frontera natural, no solo unen a las personas culturalmente, sino que también son un espacio común para la preservación del medio ambiente y la biodiversidad. Las iniciativas para proteger los ecosistemas pirenaicos a menudo son emprendidas de manera conjunta por organizaciones de ambos lados de la frontera.

Paulette (o Pabla que era su nombre de origen), se involucró personalmente en esa tarea, e incluso ahora, que ya no está, sirve de pretexto para este pequeño alegato a favor de un país a ambos lados del Pirineo.