“…a pesar de lo que los apocalípticos pronosticaban, tenemos los niveles de empleo más altos de nuestra historia y se ha corregido en buena medida el problema crónico de nuestro modelo laboral, que era el uso abusivo de la contratación temporal. Una buena base de partida que no nos debe llevar a la autosatisfacción. Todo lo contrario. Tiene que reforzar la exigencia”.

 

El sindicalismo de clase tiene varias reivindicaciones históricas desde su inicio en el ya lejano siglo XIX. Las más recurrentes son tener un salario digno y suficiente, una jornada laboral que permita tener vida familiar y personal y una seguridad laboral para no perder esa vida.

Para que cualquiera de ellas sea posible hay una condición inexcusable: tener trabajo. Por eso, la otra reivindicación histórica del movimiento sindical es el pleno empleo. Me lanzo dos preguntas ¿Es posible el pleno empleo en Aragón? Y si es que sí ¿Es posible conseguirlo en un tiempo razonable?

A la primera pregunta tengo que contestar que es posible, que no es una fantasía, una respuesta que no está hecha desde el voluntarismo o la irrealidad. En opinión de CCOO, Aragón está en condiciones de afrontar este desafío en los próximos años, si se hacen bien las cosas.

En nuestro entorno económico hemos sufrido en menos de cinco años dos crisis consecutivas, una provocada por la pandemia de COVID-19 y otra por la fuerte subida de precios. Las dos se afrontaron con medidas socio laborales muy diferentes a las habituales ante crisis precedentes (como por ejemplo la de 2008). En lugar de facilitar el despido, precarizar la contratación y devaluar los salarios más bajos, se mantuvo el empleo a través de una gran intervención pública (los ERTE), se ha estabilizado notablemente la contratación tras la reforma laboral y se ha aumentado el SMI más de un 50%.

Y a pesar de lo que los apocalípticos pronosticaban, tenemos los niveles de empleo más altos de nuestra historia y se ha corregido en buena medida el problema crónico de nuestro modelo laboral, que era el uso abusivo de la contratación temporal. Una buena base de partida que no nos debe llevar a la autosatisfacción. Todo lo contrario. Tiene que reforzar la exigencia.

Y lo digo porque todavía es muy común ver situaciones de bajos salarios, distintos modos de precariedad y explotación y muchas, demasiadas, personas que no llegan a fin de mes. Pero, como decía, en este momento partimos de una mejor base que en otros momentos históricos, en los que las salidas de las crisis se resolvían con auténticas sangrías de empleo.

Pero la contestación positiva a la pregunta de si es posible el pleno empleo en Aragón y de paso hacerlo mejorando sus condiciones, o sea, tener en cuenta la cantidad y la calidad del empleo, no está tan relacionada sólo con el pasado sino sobre todo con el futuro. Las mejoras legales eran imprescindibles (y por cierto todavía tenemos mucho recorrido para mejorar) pero es el modelo económico el que nos permitirá alcanzar el pleno empleo.

Y ese modelo no puede ser el mismo que llevamos sufriendo desde los procesos de industrialización de la segunda parte del siglo pasado que se basaron en ventajas comparativas indeseables. Los bajos salarios, la baja fiscalidad y la precariedad laboral, conformaban un modelo pensado para una economía de medio-bajo valor añadido, con escasa base industrial, y el desarrollo de sectores intensivos en mano de obra, pero de escasa productividad, marcados por la estacionalidad. Es el momento de cambiar ese patrón de crecimiento económico y si lo hacemos bien podremos contestar afirmativamente a la segunda pregunta, o sea, que también es posible el pleno empleo en un plazo razonable.

Y para ello tenemos que aprovechar las ventajas competitivas que en este momento tiene Aragón. La transición desde el modelo energético fósil -petróleo, gas, carbón- a uno donde las energías renovables van a ir ganando peso, no es solo necesario desde el punto de vista de la sostenibilidad del planeta, o forzado por la situación geoestratégica del mundo. Es una oportunidad para un territorio como el nuestro, cuya debilidad por la dependencia de recursos escasos (los combustibles fósiles), puede corregirse por nuestra excelente posición a la hora de generar energía y electricidad basada en un modelo en el que sí podemos ser una potencia de generación (sol, agua, viento, hidrógeno verde…).

Esta oportunidad debe aprovecharse no para producir y derivar energía a otras comunidades de nuestro entorno, sino para atraer inversiones productivas a Aragón. Evidentemente esa producción de energía no puede hacerse a cualquier precio, debemos garantizar la protección medio ambiental y patrimonial de muchas de nuestras comarcas para no cometer errores del pasado cuando para favorecer a unos determinados sectores económicos se acababa con los recursos endógenos de las zonas menos desarrolladas.

Tampoco podemos olvidar que es preciso recuperar y fortalecer el papel de los servicios públicos. La sanidad, la educación y el sistema público de pensiones, construyen el verdadero armazón que define si optamos por construir una sociedad o una jungla. Además, tendremos que poner especial énfasis en los cuidados. En una sociedad envejecida y con una baja tasa de natalidad, el cuidado de las personas mayores, dependientes y menores, es clave. Las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres se explican ante todo por la feminización de los cuidados en el ámbito familiar.

Con más derechos laborales, con mejor calidad de vida, con mejores servicios públicos, con unas transiciones que nos benefician tenemos la gran oportunidad de que un nuevo modelo social y económico nos lleve al pleno empleo.

Aragón tiene que afrontar este reto desde el fortalecimiento de la democracia, hoy puesta en peligro por partidos que nos quieren devolver a un sombrío pasado. En la economía, en la judicatura, en los medios de comunicación o en la política hay no pocos poderes que siguen sin asumir el progreso de nuestra sociedad.

En las CCOO de Aragón sabemos que el futuro está lleno de incertidumbres, de inestabilidades globales, pero también de oportunidades que solo se pueden concebir como caminos para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de la mayoría social y la clase trabajadora.