“Hay formas de amor que son una carcoma que horada lentamente y que algunos no ven como violencia de género, sino como drama familiar. Dentro de casa, incluso de las mejores casas, ocurren cosas en las que no es fácil hurgar. Cuando las templarias huestes de Mayor Oreja lleguen al poder, Biblia en ristre, será todavía más difícil”.
La miniserie Querer, dirigida por Alaida Ruiz de Azúa, plantea con crudeza una situación que algunos críticos, fieles a la prensa para la cual escriben, no se atreven a valorar como violencia de género sino de drama familiar. Una muestra más de la importancia que tiene el título y desarrollo del relato frente a la contundencia de los hechos.
Para aquellos que todavía no la han visto, diré que es la historia de una mujer —interpretada magistralmente por Nagore Aramburu— que comunica más con sus silencios y miradas escalofriantes que con palabras. Tras treinta años de matrimonio, decide separarse de su marido y denunciarlo por maltrato y violación continuada.
No hay hematomas, solo imposición, que no deja huellas visibles. Imposición a la hora de cómo maquillarse o con quién salir a tomar un café. Imposición a la hora de copular y por dónde se copula. Vigilancia telefónica, control económico, desprecio intelectual. Dictado de las normas que rigen el domicilio y del tipo de educación que deben llevar los hijos, eso sí, al exclusivo cuidado de la madre. El padre ─un hombre que ha triunfado en su trabajo, interpretado sensacionalmente por Pedro Casablanc─ es serio en su trabajo y a la vez simpático con los amigos y colegas, pero demasiado recto entre las paredes de casa. Una casa de buen estatus cuyas paredes pocas veces dejan pasar el ruido de un puñetazo sobre la mesa o el de un vaso contra la pared. Hay paredes sólidas y paredes de pladur. Entre paredes hay un notable número de mujeres que viven paralizadas por las consecuencias que pueden sobrevenir si el comedido monstruo castiga con suprimir una cena con unos amigos, prohibir el relacionarse con un vecino, indisponerte con tus hijos, reducirte el dinero que te pasa para compras o imponerte un coito frío. El maltrato de guante blanco es un tema a explorar porque no aparece en las noticias. Luego solo existe, porque existir todos sabemos que existe, en un espacio que Mayor Oreja considera debe estar a salvo de miradas inoportunos. Nada que no pueda solucionar la asistencia a misa dominical y un oportuno cóctel de lexapro y tranquimazin. De lo demás ya se ocupará Dios, representado desde la Antigüedad como un ojo que todo lo ve.
¿Qué puede hacer la justicia ante un delito sin mayores pruebas? ¿Qué pensará un juez o una jueza cuando el marido declara convincentemente que la ama, que la sigue amando? ¿Qué posición adoptan los hijos ante un desastre con el que han convivido desde que nacieron? Lo que se vive desde siempre es concebido como algo natural y por ello algo que se suele heredar.
Hay formas de amor que son una carcoma que horada lentamente y que algunos no ven como violencia de género, sino como drama familiar. Dentro de casa, incluso de las mejores casas, ocurren cosas en las que no es fácil hurgar. Cuando las templarias huestes de Mayor Oreja lleguen al poder, Biblia en ristre, será todavía más difícil. La Perfumería Parera volverá a poner de moda el aroma de Varón Dandy, y la mayoría de los hombres volverán a oler a lo mismo.


