“…la eficiencia para la movilidad del transporte y la sostenibilidad en general del tranvía en nuestra capital ha quedado “archidemostrada” a lo largo de los años que lleva en funcionamiento. No puede ser que una gran mayoría de las ciudades europeas grandes y medias -del tamaño de Zaragoza, la práctica totalidad- estén equivocadas y dispongan de metro, tranvía o incluso ambos medios de transporte urbano, además de los otros más convencionales como los buses (sin emisiones), los taxis o los carriles bicis para ese medio, incluidos los patinetes”.
El pasado 20 de septiembre, sábado, en Zaragoza, después de haber participado en el Comité Nazional de Chunta Aragonesista en su sede de la calle Predicadores y posterior comida en la calle Cinco de Marzo con tardeo incluido, me dirigí a la parada del tranvía de plaza España para desplazarme hasta la de Los Pájaros en Valdespartera, donde había dejado mi vehículo llegando desde Cuarte de Huerva.
Hasta ahí todo normal. Pero antes de que llegara el tranvía un grupo de 7 u 8 jóvenes ya entrados en años, catalanes, me preguntan en que dirección tenían que coger el tranvía que les llevase al Príncipe Felipe pues iban al concierto de Enrique Bunbury. Les explico que el tranvía no llega allí, que sólo existía la línea 1, ante lo que decidieron que iban a coger un par de taxis que les llevaran a su destino, lo cual me pareció de entrada bastante sensato.
Ya sentado en el tranvía pensé que era lógico que viendo los tranvías por la ciudad dieran por supuesto que en una de sus líneas les llevaría en la dirección que pretendían. También pensé, al pasar por delante de la Estación de Goya, que podría haberles dicho que cogieran el tranvía hacia Mago de Oz y que se bajaran en Goya para coger a su vez el cercanías que les hubiera dejado junto al Príncipe Felipe. Incluso, ya puestos, podría haber mirado qué bus del entorno de plaza España podrían haber tomado para ir a ese mismo destino.
Todo esto me hizo pensar en lo absurdo que resulta -visto el éxito de la primera línea del tranvía- el renunciar o negarse a poner en marcha la segunda línea, perpendicular a esta con la que no duplicaríamos los servicios y las conexiones, o los usuarios de ese transporte público, sino que lo multiplicaríamos por cuatro, al abrirse a nuevas y numerosas opciones de combinación entre sus cuatro direcciones, a las que podrían sumarse un sistema de cercanías que hiciera honor a ese nombre mínimamente.
Y es que la eficiencia para la movilidad del transporte y la sostenibilidad en general del tranvía en nuestra capital ha quedado “archidemostrada” a lo largo de los años que lleva en funcionamiento. No puede ser que una gran mayoría de las ciudades europeas grandes y medias -del tamaño de Zaragoza, la práctica totalidad- estén equivocadas y dispongan de metro, tranvía o incluso ambos medios de transporte urbano, además de los otros más convencionales como los buses (sin emisiones), los taxis o los carriles bicis para ese medio, incluidos los patinetes.
No puedo entender la cerrazón y falta de perspectiva de la derecha zaragozana que no es capaz de constatar esa evidencia y que nos condena a todos los aragoneses a no poder disfrutar de una movilidad eficiente y sostenible, con unos argumentos que nadie sabe explicar más allá del impacto presupuestario que -lógicamente- debe tener; como lo ha tenido y lo tiene en todas las ciudades europeas de nuestro espectro. Y todo ello sin apelar a la necesaria reconversión del transporte a la que nos aboca indefectiblemente el cambio climático.

Presentación del proyecto de intermodalidad en 2011
Pero, es más, todo esto se agrava más aún si -como es el caso- carecemos de una verdadera red de cercanías ferroviarias que vertebre nuestro entorno metropolitano, más allá de la “minilínea” Casetas-Miraflores. Desde Chunta Aragonesista se viene reclamando desde los tiempos de Labordeta y ahora su diputado Jorge Pueyo ha hecho de esta una cuestión esencial (que curiosamente le ha comprado en PP porque ha visto que puede ser una vía de desgaste del PSOE y de su ministro de Transportes favorito, Oscar Puente; al que no vamos a defender en esto nosotros, claro está).
Y es que la situación no resiste una mínima comparación, por odiosas que sean. Basta con ver la red de cercanías de que disponen en una decena de áreas metropolitanas españolas (algunas con poblaciones muy similares a las del área zaragozana como Asturias o Bahía de Cádiz) y que multiplican por más de 10 nuestra red, para sentirnos avergonzados y maltratados.
Y qué decir si además negamos que ese influjo llegue por el norte a Zuera, Almudévar y Huesca, hasta Alagón y Gallur por el Oeste, hasta Ricla-La Almunia y Calatayud por el SW, hasta María de Huerva y Cariñena (y por qué no hasta Teruel) por el Sur y hasta El Burgo, Quinto y Caspe, además de a Sariñena, Monzón y Binéfar por el Este.
Es la gran oportunidad de vertebrar nuestro territorio (nuestra gran asignatura pendiente como país) desde el transporte público eficiente y sostenible. ¿Cómo es posible que algo tan de sentido común no esté en el común de las reivindicaciones de los aragoneses?
¡Entalto Aragón!


