“En uno de los cortometrajes frisos se introdujo una frase que resonó en las conciencias de los allí presentes: ‘Hay muchas palabras en la lengua mayoritaria para definir lo que es Frisia, su paisaje, su gente. Pero muchas se pierden por el camino’. Cuando desaparecen las palabras propias, también se diluye una parte de la realidad a la que se refieren”.
Reunión de la Fundación Maurice Coppitiers
Entre el 5 y el 7 de noviembre de 2025 tuve la suerte de participar, en representación de la Fundación Gaspar Torrente, en el NPLD-Coppieters & Noordelijk Film Festival Campus, un encuentro celebrado en Leeuwarden (Frisia) y dedicado a la producción audiovisual en lenguas regionales y minoritarias de Europa. Allí se dieron cita profesionales del cine, responsables de fondos regionales, representantes de televisiones públicas, eurodiputadas, plataformas de streaming y proyectos universitarios que investigan la relación entre cine, patrimonio y turismo. Como es habitual, nuestros compañeros escogieron con sumo cuidado el lugar de celebración. Leeuwarden, capital de Fryslân, fue Capital Europea de la Cultura 2018 y Ciudad UNESCO de la Literatura desde 2019. En Frisia, el frisón occidental es lengua oficial en la provincia y tiene presencia en la escuela, en la administración y en los medios. De hecho, cuenta con una radiotelevisión pública propia, Omrop Fryslân. Nos encontramos, pues, en un ecosistema de reconocimiento institucional que apuesta claramente por la diversidad cultural. Todo ello nos sirve para plantearnos una reflexión que nos afecta directamente como aragoneses: ¿qué puede aportar el audiovisual a la supervivencia y a la vitalidad de las lenguas minoritarias de Aragón?
Lo que se vio en Frisia: las lenguas en la era del streaming
Las sesiones del campus coincidieron en una idea de fondo: si una lengua minorizada no tiene presencia en el audiovisual contemporáneo, pierde presencia social en un entorno saturado de contenidos en lenguas mayoritarias. Se desaprovecha, además, una herramienta de enorme potencial para contar historias propias, interpretar el patrimonio, expresar emociones vinculadas a una forma de ver el mundo y mostrar paisajes, climas y realidades con las palabras que les dan sentido.
En uno de los cortometrajes frisos se introdujo una frase que resonó en las conciencias de los allí presentes: “Hay muchas palabras en la lengua mayoritaria para definir lo que es Frisia, su paisaje, su gente. Pero muchas se pierden por el camino”. Cuando desaparecen las palabras propias, también se diluye una parte de la realidad a la que se refieren.
La discusión avanzó en dos direcciones que pueden ser estratégicas para Aragón: Por un lado, se habló de cine, patrimonio y turismo. El Erasmus Knowledge Centre for Film, Heritage and Tourism (FIHETO), vinculado a la Universidad Erasmus de Rotterdam, mostró cómo trabajar de manera planificada la relación entre rodajes y territorio. Establecen mapas de localizaciones, códigos de buenas prácticas, rutas de cine, evaluación de impactos. Su idea, más allá de atraer la producción, es unificar esfuerzos para reforzar la visibilidad del patrimonio cultural y lingüístico y evitar que los escenarios se reduzcan a una “postal” de clichés turísticos. Por otro lado, existen iniciativas como CineRegio, que agrupa a más de cincuenta fondos regionales y apareció como un espacio para intercambiar conocimientos, impulsar coproducciones y diseñar políticas audiovisuales comunes. Entre sus miembros están Zineuskadi, el ICEC catalán o Canarias. La Aragón Film Commission, de momento, no figura en esa red, lo que dificulta su presencia directa en esos circuitos.
Doblaje, subtítulos y algoritmos: las plataformas en el punto de mira

Reunión de la Fundación Maurice Coppitiers
Los profesionales insistían en que el doblaje y, sobre todo, los subtítulos son hoy un elemento prioritario de normalización. La simple presencia de una opción en lengua propia en el menú de una plataforma la sitúa a un clic de millones de personas. Esta presencia puede generar hábitos de consumo, favorecer la comprensión pasiva y acabar creando nuevos hablantes.
La mesa con representantes de Netflix y Prime Video en el Benelux fue reveladora. Admitían sin rodeos que, cuando un proyecto en lengua minoritaria tiene buenos datos, la maquinaria se activa; cuando no, cuesta justificar la inversión. El subtitulado se ve como una opción barata y asumible; el doblaje se reserva para títulos muy rentables. Frente a esa lógica, plataformas como MyCulture+ se reivindicaron como espacios donde las lenguas minorizadas ocupan el centro del catálogo y no quedan relegadas a un rincón condicionado por los algoritmos.
En este punto surgió la posibilidad de que Aragón actúe como territorio embajador en MyCulture+, que aún no cuenta con títulos en aragonés. Esto abre una vía directa para que largometrajes y cortos en aragonés y en catalán de Aragón encuentren una salida en un entorno pensado, “de propio”, para comunidades lingüísticas minorizadas.
Memoria, archivo e inteligencia artificial
La visita a Omrop Fryslân dejó otra idea sugerente. Allí se trabaja con proyectos de inteligencia artificial que “devuelven la voz” a testimonios históricos en su lengua materna, lo que facilita la difusión educativa del archivo audiovisual.
En Aragón, un proyecto que combine archivo sonoro, documentación histórica y tecnologías de IA podría recuperar voces de hablantes del aragonés y del catalán de Aragón a partir de grabaciones antiguas. También, crear materiales pedagógicos atractivos para la escuela y acercar a las nuevas generaciones a la lengua a través de formatos audiovisuales que les resultan naturales y atractivos.
Tras el rodaje…
La conclusión compartida en Frisia es que las lenguas minorizadas se juegan una parte importante de su futuro en las pantallas. La calle y la escuela siguen siendo espacios importantes, pero el prestigio cultural se construye cada vez más en los catálogos de las plataformas, en los festivales y en las series que se recomiendan entre círculos juveniles.
El aragonés y el catalán de Aragón han protagonizado en las últimas décadas una trayectoria de dignificación y de presencia social que sería impensable sin el esfuerzo de muchas personas y entidades. El siguiente paso puede consistir en que sus voces se integren en los distintos formatos digitales que hoy copan la opinión pública.
Para lograrlo, harán falta políticas, recursos y, sobre todo, voluntad de tejer alianzas como las que se vieron en Leeuwarden. Ese es el sentido último de espacios como el campus NPLD-Coppieters & Noordelijk Film Festival, comprobar que no estamos solos y que hay caminos para que nuestras lenguas sigan vivas.



