“Creo que es bueno y hasta necesario que los que llegan perciban unas señas que puedan identificar como nuestra forma de ser y al conocerlas tengan oportunidad de aceptarlas, o rechazarlas, pero si los que llegan encuentran, en todos los aspectos, lo mismo que encontrarían en Nueva York o Paris, es que no disponemos de cultura propia”.

 

Los inmigrantes llegan a esta tierra y se encuentran con nosotros y con nuestra manera de celebrar, de vestir, de comer, ¿en eso consiste nuestra identidad?, o tal vez en bailar paloteado, llevar flores a la virgen, cultivar borrajas, usar ciertas expresiones…

Las señales que podemos considerar identitarias son a mi entender algo vivo, pongo un ejemplo: el cachirulo en el pasado lo llevábamos para trabajar, para cubrirnos del sol y de la intemperie y ahora lo usamos para bailar y celebrar, en la dictadura, a los aragoneses quisieron colgarnos a el sambenito de cazurros, pero… ¿Cómo somos? ¿Con qué nos identificamos? ¿eEn qué consiste nuestra identidad?

Unos identificarán unas señas y otros otras, pero… ¿Cuáles son las buenas?. Ya adelanto que las verdaderas para cada uno son las que recibió de sus abuelos o sus padres, las que vivió y escuchó siendo niño.

Creo que es bueno y hasta necesario que los que llegan perciban unas señas que puedan identificar como nuestra forma de ser y al conocerlas tengan oportunidad de aceptarlas, o rechazarlas, pero si los que llegan encuentran, en todos los aspectos, lo mismo que encontrarían en Nueva York o Paris, es que no disponemos de cultura propia.

La cultura propia la imagino dinámica y sin preceptores, indica una forma de ser y estar que tiene que ver con la historia y el paisaje y que tal vez se manifiesta, en convicciones profundas o en pequeños detalles. ¡Cómo me gustaría que nuestras señas tuvieran que ver con aquel Marcial del imperio romano satírico, guasón y hasta somarda, con el Buñuel surrealista y disparatado, con el Labordeta militante, viajero y poeta o con el ingenio sentencioso y preciso de Baltasar Gracián!.

Aunque no acabemos de creerlo ahora estamos construyendo esas señas propias. Hagamos algo que, aún sin pretenderlo, sea como aquellos bronces de Botorrita, algo que abra y explique, que propicie la comunicación, el diálogo. Reinventemos nuestra identidad de manera que permita integrar a los que llegan, entenderlos; favorezcamos lo natural, lo sostenible y lo falto de afectación. Se me antoja que empieza a ser urgente.