“…una efeméride como la de 2028 debiera servir para acercarnos al maestro, descubrir su obra y disfrutarla.”
“[la propuesta] puede que, como campaña de márquetin, sea la bomba, pero como propuesta cultural está hueca”.
Cada vez que se organiza un centenario, el resultado suele ser lo opuesto a lo que se perseguía: o sea, el hartazgo ¿Federico, te acuerdas? Entiendo que existen infinitas formas de llevar adelante una política cultural, siempre que exista algún objetivo.
Además de La Romareda, como proyecto estrella, el Gobierno de Aragón y su ayuntamiento insignia han elegido conmemorar los 200 años de la muerte de Goya. Escuchando la tormenta de ocurrencias que arrojan ambas instituciones, el capricho se va asemejando a un disparate y, si alguien no lo remedia, está llamado a ser más desastre que una guerra.
Para pasar de la plaza vaciada a la abarrotada, algunos ediles señalan como modelos a imitar a Vigo y a Málaga. El programa electoral de Chueca proponía llenar el Ebro de bombillas y de compañías de teatro extranjeras (sic.). Así que, para que los cruceros, o los autobuses, recalen en el Foro y dediquen un par de horas a gastar, no restaba más que elegir un edificio bien hermoso para ser rehabilitado por una constructora, cueste lo que cueste. Si el continente está hueco, porque no queda ni un euro para exponer obra, no importa, Azcón ha dictaminado que sea el gobierno central quien llene de contenido el agujero. Además, amenaza con un espacio “inmersivo”, sea lo que sea eso, en San Juan de los Panetes.
No seré quien se oponga a abrir nuevos territorios a la cultura, especialmente tras los cierres traumáticos de la Escuela de Artes, el Luis Buñuel, Etopía, la Harinera… Si hay que gastar, se gasta. Aunque creo que una efeméride como la de 2028 debiera servir para acercarnos al maestro, descubrir su obra y disfrutarla. Recuerdo que el Centro Andaluz del Libro, por poner un ejemplo, regalaba un ejemplar a cada estudiante de primaria y de secundaria. Una edición humilde y barata, porque, para celebrar a Bécquer o a Juan Ramón, nada mejor que leer un par de sus poemas. No sabría decir cuántos alumnos, cuántas madres y padres se acercaron a la literatura gracias a esta iniciativa que, posteriormente, fue considerada un dispendio.
Comprendo que no vamos a adquirir un Goya para cada escolar. Pero ¿y uno para todos? Muchos lo considerarán un despropósito y no una inversión. En cultura no hay pelotazos o, al menos, no son fáciles de improvisar. Es posible gastar el presupuesto en rehabilitar un mega-museo, ponerle rótulos de neón y llenarlo de obra menor (Goya y Picasso la tienen en abundancia). Podemos rellenar el espacio con exposiciones temporales, que también cuestan lo suyo, o podemos pujar por los Goya que salgan a subasta, como aquella Marquesa de Santa Cruz que dejamos escapar. Por supuesto que una obra maestra no es barata, pero tal vez, uniendo esfuerzos de instituciones públicas, como propone Azcón, y privadas (como mi caja de ahorros), incluso mediante hipoteca a treinta años, como nos han enseñado que se adquiere un patrimonio… podríamos contar con un buen gancho, no digo ya poblar una pinacoteca.
Recuerdo cuando El Empecinado viajó desde Japón y se hospedó en el Palacio de Sástago. Recuerdo cuando La Dama con Armiño nos visitó desde Polonia para pasar unos meses en Madrid. Una obra singular justifica cualquier peregrinación.
Así que me olvidaría del ladrillo, de acumular bocetos. “Pa qué tanto, pués…”, diría don Francho. En acordarme de las batucadas, de los videomapping, de los espectáculos piro-musicales, de los photocall y de las charangas, me quemo vivo. Es más, si me descontaran tal gasto de mis impuestos municipales o autonómicos, lo agradecería. Puede que, como campaña de márquetin, sea la bomba, pero como propuesta cultural está hueca.
Es muy posible que esté hecho un vejestorio y que todos estos eventos sean muy populares y rentables, pero nuestros nietos seguirán lamentándose de que en la tierra de Goya casi no hay Goyas.


