Ilustraciones de Vicente Villarrocha

 

La cultura, para el artista es un servicio, para el pueblo un derecho, para el estado una obligación[1]

 

“Frente a los múltiples desafíos a los que se enfrenta actualmente el sector profesional de la cultura y en un contexto de creciente incertidumbre, afirmo convencido que las artes son tanto una herramienta de reflexión y transformación como un espacio de disfrute y placer totalmente necesario en este mundo delirante que vivimos. Los desafíos que nos plantea la interculturalidad, el ecologismo, el feminismo, la interdisciplinariedad, la revolución-trasformación digital, están íntimamente relacionados a la dimensión cultural de la sociedad”.

Reflexionar sobre los desafíos a los que se enfrenta actualmente el sector de la cultura, parece paradójico cuando a nuestro alrededor las guerras atroces continúan y nos llenan de rabia, dolor e impotencia, esto demuestra lo débil del pensamiento y del conocimiento frente a los tanques y las bombas, pero no por eso dejaremos de reflexionar y jamás dejaremos de preguntarnos por los porqués de los acontecimientos, por muy incomprensibles y crueles que parezcan.

El sector de la cultura,[2] pase lo que pase en este enloquecido mundo, siempre se manifestará con un unánime y ensordecedor: No a las guerras.

Frente a los múltiples desafíos a los que se enfrenta actualmente el sector profesional de la cultura y en un contexto de creciente incertidumbre, afirmo convencido que las artes son tanto una herramienta de reflexión y transformación como un espacio de disfrute y placer totalmente necesario en este mundo delirante que vivimos. Los desafíos que nos plantea la interculturalidad, el ecologismo, el feminismo, la interdisciplinariedad, la revolución-trasformación digital, están íntimamente relacionados a la dimensión cultural de la sociedad. En este sentido, las artes, como expresión de la cultura, se convierten en una herramienta y un espacio para sentir, manifestar y pensar sobre todos aquellos retos a los que tenemos que responder, como canta mi admirado Dylan: los tiempos están cambiando (For the times, they are a-changin) El orden se desvanece con rapidez (The order is rapidly fadin)

Quiero dejar claro que al conjugar el presente del sector cultural me hago preguntas. Otra cosa sería tener respuestas. ¡Ojalá!

Los trabajadores de la cultura desde hace tiempo viven con la sensación de verse constantemente abocados a tomar decisiones que condicionan su devenir más inmediato. La pandemia obligó a tomar decisiones que trastocaron el sector cultural y aceleraron el inmediato futuro del sector cultural, durante la pandemia y el confinamiento de los ciudadanos en sus casas, se generalizó el proceso de digitalización de la cultura, lo que condicionó el sector profesional de la cultura que tras la crisis sanitaria se encontró con la realidad digital sin tiempo para desarrollar una estrategia que posibilitara la utilización precisa y adecuada de las nuevas tecnologías, la creación artística modificó la manera de hacer y difundir la música, la literatura, el teatro, la expresión plástica o la creación de imágenes en movimiento. El mundo se trasformó en muy poco tiempo, cambió el concepto y uso del tiempo de ocio y cambió la manera de acercarse a los bienes culturales. Reitero los tiempos están cambiando.

El sector profesional de la cultura ha funcionado siempre en constante cambio e inestabilidad permanente, a veces con mucha precariedad.[2] Siempre adaptándose a las circunstancias y cambios sociales haciendo frente a todos los desafíos que se le plantean, actualmente, contra viento y marea, después de sobrevivir a todas las crisis (económicas, sanitarias, de prestigio) mantiene la necesaria vitalidad para su desarrollo, siempre entre la creación de vanguardia y la tradición. Quien pierde sus orígenes pierde identidad, el sector en constante cambio, luchando por permanecer en el desarrollo y difusión de la cultura.

El sector por definición es dinámico, expuesto a cambios y adaptaciones continuas, ante las cuales los trabajadores han de adaptarse, sino anticiparse al futuro incierto de una sociedad constantemente cambiante que implica este dinamismo en el sector profesional de la cultura. Este es el continuo vaivén al que están sometidos los agentes de la cultura, sean estos creadores, intérpretes, técnicos, gestores o mediadores. En este continuo vaivén se aprende a distinguir lo importante de lo urgente y en esto reside su dinamismo y resiliencia. Anteponer lo importante a lo urgente, ocuparse y no preocuparse. El espectáculo siempre debe continuar. ¡Público, respetable público la representación va a comenzar!

Con la irrupción imparable en nuestras vidas de la revolución-transformación digital, surgen en nuestro quehacer muchas preguntas, la primera: ¿Cómo afrontar los desafíos que nos plantea la sociedad digital? La nueva realidad que se avecina imparable supone, queramos o no, una transformación radical del sector cultural. Hay que ser conscientes que la pandemia primero y la revolución digital después, hizo estallar los modelos de consumo cultural que conocíamos hasta entonces, estos cambios nos obligan a afrontar una nueva manera de crear y difundir los contenidos culturales, adaptarse a los nuevos soportes digitales y los nuevos elementos de mediación y comunicación, que implican necesariamente cambios trascendentes en las maneras de exhibir, producir, comunicar y difundir la cultura. Como decía mi admirado Bod Dylan, Los tiempos están cambiando y estos cambios repercuten en una trayectoria más o menos elegida y vivida con pasión, que si bien es verdad que ha dado muchas satisfacciones, a veces trae penurias, desilusiones y precariedad. Pero hoy es tiempo de debate y búsqueda de respuestas a los desafíos a los que se enfrentan los trabajadores de la cultura.

El concepto de tiempo libre entendido como tiempo a ocupar se convierte en ocio, y el sistema económico ha convertido el ocio en un producto a comprar para consumir, el ocio adquiere un valor económico, el ocio unido al entretenimiento se apropia del quehacer del sector para pervertir la esencia de lo cultural, esto transforma al sector cultural: ¿la cultura se convierte en un recurso, deja de ser un derecho? ¿arte o entretenimiento?, ¿consumo o formación de conciencias?, resulta difícil dar respuesta a estas preguntas trascendentales. Lamentablemente la cultura actualmente recibe su reconocimiento social y se aprecia en cuanto genera un impacto económico importante, esto, a mi entender la degrada, la cultura no debe ser un recurso económico y las políticas culturales deben huir de esta intención altamente tóxica: unir ocio, entretenimiento y negocio. La cultura genera beneficios, pero estos no son económicos son sociales y aportan valor al bien común.

Desafíos que solventar para garantizar la supervivencia y desarrollo equilibrado del sector cultural.

Para poder afrontar los cambios que se avecinan inexorables en el quehacer profesional de los trabajadores de la cultura, primero tenemos que identificar y resolver los desafíos a los que nos enfrentamos para poder hacerles frente y encarar el futuro del sector cultural con argumentos y estrategias que respondan a las necesidades de un proceso de cambio y adaptación que trascurre imparable pero necesario.

Esto desafíos son altamente significativos, pero no son los únicos, la elección de los desafíos es acorde con los retos a los que se enfrenta hoy el sector cultural y necesitan respuestas cómplices y consensuadas con la sociedad que permitan el desarrollo de la actividad cultural y poder recuperar la relevancia social necesaria para contribuir desde el sector cultural a una sociedad más igualitaria, más diversa y más inclusiva.

De como sean las respuestas activas del sector a estos desafíos, dependerá la manera de definir y comprender la cultura en el futuro. Estamos en un tiempo de espera, un tiempo de debate y reflexión, un tiempo de adaptación a las nuevas realidades de un mundo donde los acontecimientos relevantes transcurren a gran velocidad, se suceden con gran rapidez. No podemos olvidar aspectos tecnológicos todavía por estudiar y analizar en cuanto a su repercusión en el sector cultural, me refiero a las muchas incógnitas que suscita la aparición de  la Inteligencia Artificial que modificará, sin ninguna duda, nuestras vidas y por consiguiente el sector cultural y el mismo concepto de cultura.

El Desafío medioambiental. Este desafío no afecta exclusivamente al sector cultural, sino al conjunto de la sociedad y de los sectores económicos. Por eso, el sector de la cultura ha de comprometerse sumando soluciones, tanto culturales, artísticas o de gestión, en la generación de un entorno de prosperidad más sostenible. Lo medioambiental también concierne a la cultura. El concepto sostenible es un concepto a contemplar por el sector cultural como elemento diferenciador y que implica un compromiso con la sociedad.

Este desafío obliga al sector cultural a explorar y promover la sostenibilidad en las artes escénicas, asumiendo y desarrollando un compromiso ético, por ende, estético con la sociedad.

El desafío de la necesaria colaboración. Sabemos que los grandes avances culturales no suelen frenarse por falta de ideas, sino por dificultades concretas: Barreras burocráticas (papeleo, procesos lentos, desconocimiento mutuo entre áreas); Resistencias institucionales (intereses creados, miedos al cambio, culturas internas rígidas); Falta de mecanismos efectivos de coordinación entre sectores y niveles de la Administración.
En el ámbito cultural, donde convergen políticas educativas, sociales, tecnológicas y ambientales, la colaboración transversal no es una opción, sino la condición de posibilidad para generar verdadero impacto social.

El Desafío ético y de notoriedad. El sector de la cultura, pese a su amplitud y diversidad, no representa al conjunto de la sociedad. Algunos sectores de la sociedad están desvinculados por completo, ya no solo como públicos o consumidores culturales sino simplemente como ciudadanos, de las problemáticas y realidades del sector cultural. Por ello, que el sector ofrezca respuestas éticas a problemas propios o ajenos, puede ayudar a restituir parte de la relevancia y notoriedad perdida y poder así reconectar con capas amplias de la sociedad. Temas como la igualdad, la inclusión social, la diversidad, la transparencia y su correlativa rendición de cuentas, etc. son introducidos adecuadamente en la gestión y en la creación, son palancas de cambio y transformación que hay que tener muy en cuenta para ampliar la base social y el prestigio sobre la que las actividades culturales asientan su legitimidad. Se abre una urgente necesidad de desarrollo y aprobación de una ley de derechos culturales que garantice el acceso universal a la cultura. Los derechos culturales entendidos como derechos humanos que hacen referencia a la diversidad cultural y el derecho de las personas a participar de la cultura.

Recientemente en una entrevista el escritor Antonio Muñoz Molina declaraba: Como viví el progreso, duele más el retroceso.

Vivimos peligrosos momentos históricos que, humildemente, obligan a creadores, artistas y trabajadores de la cultura a participar activamente de la vida política e intelectual, para mantener activa la curiosidad y la crítica, que es la esencia de nuestro oficio: curiosidad, empatía y generosidad. Actitudes esenciales de nuestra actividad cultural.

Viendo la situación política actual, estamos obligados a defender y transformar la sociedad con nuestro trabajo en el sector cultural; parece que es obligado definir y tomar partido en defensa de la sociedad democrática y en defensa de nuestro oficio y de los derechos culturales como parte de los derechos humanos fundamentales.

Albert Camus En su discurso al recibir el Premio Nobel en 1957 declaró: Cada generación cree sin duda que su destino es rehacer el mundo, pero la mía sabe que no lo hará. Pero su tarea es mayor es evitar que el mundo se desmorone.

Actualmente parece prioritario reflexionar sobre los sustentos teóricos de nuestra actividad, para rearmarnos intelectualmente de razones y argumentos en defensa de la profesión y en defensa del acceso universal a la cultura, garantía de compromiso por la igualdad, la diversidad e la inclusión.

El Desafío de la nueva legislación cultural. El mundo de la cultura se presta mucho a la opinión y poco al contraste, al método empírico y a la objetivación, esta es la realidad que vivimos. Todo el mundo tiene una opinión sobre cualquier hecho cultural: un libro, una película, un festival, etc. Incluso mucha gente opina sobre cómo ha de hacerse algo en política cultural. Y como si por traslación inmediata se tratase, pareciera que hablar de políticas culturales, o de gestión de la cultura, también se trata de un asunto de opinión, sin embargo, hablar de gestión o de política cultural debería ser asunto de menos opinión y de más evidencias, de toma de distancia y de objetivación. Este ha sido uno de los grandes cismas a la hora de consensuar una política cultural que no sea producto de la ocurrencia y del capricho.

Las políticas culturales precisan de una legislación que garanticen los derechos culturales de los ciudadanos y permita la difusión, producción y exhibición, a través de un sistema trasparente de ayudas públicas a la cultura. Se precisa con urgencia una legislación que se ponga al servicio de los creadores y proyectos para un mejor acceso disfrute y difusión de la cultura. Gastar en cultura es invertir en futuro. Un sistema estable y trasparente de apoyo continuado y permanente a la cultura que de estabilidad al sector.

“Las políticas culturales precisan de una legislación que garanticen los derechos culturales de los ciudadanos y permita la difusión, producción y exhibición, a través de un sistema trasparente de ayudas públicas a la cultura”.

El Desafío económico. El mundo del S. XXI que heredamos tras crisis sucesivas (económica, climática, sanitaria, tecnológica) es un mundo social y económicamente nuevo, y de manera particular, para el hemisferio occidental. Se está produciendo una realineación de la riqueza, no solo lateral, entre sectores productivos y geográficos, sino vertical, provocando mayores desigualdades lo que afecta al mundo de la cultura aumentando la brecha entre ricos y pobres lo que genera un alejamiento de los más pobres hacia las actividades culturales. La brecha económica se hace cada vez mayor creando una sociedad polarizada llena de incertidumbres y desasosiego que crea una falta de relevancia a la cultura, como factor esencial para poner en marcha el ascensor social.

Por lo tanto, actuar como si estos cambios no modificaran los comportamientos de la ciudadanía sería un error totalmente injustificable por parte de las administraciones culturales. Sabemos que la desigualdad provoca un acceso muy diferente a la cultura, lo que afecta gravemente al sector. Imprescindible garantizar el acceso universal a la cultura mediante una legislación que garantice los derechos de los ciudadanos. La situación económica marca de forma distinta las maneras de acceso a los bienes culturales.

“Crear, creación, creatividad son las premisas necesarias para afrontar el desafío de la necesaria innovación para un buen funcionamiento de la cultura en este mundo cambiante, donde lo inmediato ha sustituido al quehacer intelectual. Nos encontramos en plena búsqueda de un ocio inteligente en la era de la sociedad digital”.

El Desafío las respuestas frente a la innovación. Es paradójico que el sector cultural, cuya principal materia prima es la creatividad artística, dé muestras, en ocasiones, de ser tan resistente a la tecnológica. Aunque quizá este sea este un desafío que afecta de manera desigual a diferentes contextos, es cierto que es un desafío que incide directamente en el corazón del sector. Los éxitos culturales dependen mucho de la capacidad de asumir riesgos en innovación de ideas, productos, modelos y lenguajes. Aunque este esfuerzo es colectivo e interpela por igual a instituciones públicas, promotores, artistas, mediadores y gestores, la predisposición al mismo es individual. Quizá actualmente sea el momento de menos resistencia y de más riesgo e innovación a causa de la revolución-trasformación digital.

Crear, creación, creatividad son las premisas necesarias para afrontar el desafío de la necesaria innovación para un buen funcionamiento de la cultura en este mundo cambiante, donde lo inmediato ha sustituido al quehacer intelectual. Nos encontramos en plena búsqueda de un ocio inteligente en la era de la sociedad digital.

Desafío estético o generacional. Rejuvenecer el sector cultural. Nada volverá a ser como era antes, y mucho menos como deseamos. Estos cambios nos obligan a nuevas estéticas y a un ejercicio de rejuvenecimiento, que supone prestar atención a las generaciones siguientes que nos van a sustituir. El necesario e imprescindible cambio generacional nos obliga a dar el relevo a una nueva generación educada en otros parámetros más acordes con la cultura digital y los nuevos modelos de ocio.[3]

El Desafío de la mediación. Asistimos a un cambio profundo en la concepción de las artes en relación con las audiencias, los públicos y porque no, con los llamados y a veces ignorados no públicos, los que no consumen de forma habitual cultura, en este proceso de digitalización aparece como elemento fundamental la figura del mediador cultural, agitador de audiencias, el que prescribe y difunde cultura, mediador que utiliza de forma habitual los medios digitales para hacer llegar propuestas y convencer de la necesidad de presencia y consumo, el mediador crea expectativas para crear espectadores, crea y genera contenidos culturales digitales que facilitan la trazabilidad de las creaciones artísticas. Su labor es una tarea fundamental de alfabetización cultural en la sociedad digital. Necesitamos mediadores preparados y formados en cultura digital que desarrollen su trabajo de mediación como si fuera un trabajo de alfabetización cultural haciendo del derecho a la cultura un disfrute obligatorio.

Precisamos urgentemente no solo emprender un proceso de digitalización de las instituciones culturales, en paralelo también precisamos de procesos de formación en cultura digital, prepararnos para los nuevos desafíos que afronta el sector cultural que nos permitirán llegar al futuro sin sobresaltos. Para asegurar el futuro del sector cultural es tarea imprescindible la alfabetización cultural para asegurar el reconocimiento social de la cultura y por añadidura de la educación. En este proceso aparece como fundamental la figura del mediador, la persona que prescribe y promueve actividad cultural, el mediador es hoy esencial para garantizar la cohesión social y la consecución del bien común a través de la práctica cultural. Agentes del proceso de alfabetización cultural.

“Precisamos urgentemente no solo emprender un proceso de digitalización de las instituciones culturales, en paralelo también precisamos de procesos de formación en cultura digital, prepararnos para los nuevos desafíos que afronta el sector cultural que nos permitirán llegar al futuro sin sobresaltos”.

Desafío de la irrupción cultura digital. Lo digital ha llegado a nuestras vidas sin apenas darnos cuenta. Lo cierto es que la modernidad liquida, de la que nos alertaba Zygmunt Bauman pontifica que la cultura ya no tiene un público que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir. Y esa seducción se ve amplificada por el efecto espectacular que adquiere la cultura en contacto con lo digital. Paradojas.

Me pregunto: ¿Donde comienzan y donde finalizan los espacios creativos cuando la fusión entre la dimensión física y la dimensión virtual se entremezclan continuamente?

La cultura con la llegada de la sociedad digital se ve condicionada por cuatro transformaciones transcendentales que modifican las relaciones sociales, sin duda, afectan a la forma de entender, consumir y vivir la cultura actual:

Estas trasformaciones son:

  • El desvanecimiento de los limites entre lo real y lo virtual;
  • La desaparición de los limites entre ser humano, máquina y naturaleza;
  • El paso de la escasez a la sobre abundancia informativa;

Desafío de la Inteligencia Artificial. Cuando analizamos la relación entre inteligencia artificial (IA) y cultura, el impacto es doble: la inteligencia artificial está teniendo un gran impacto en la cultura y la cultura también tiene, o podría tener, un impacto en la IA, el impacto es mutuo, la IA se alimenta de los logros culturales pero su uso puede trasformar la vida cultural, los tiempos están cambiando.

Tenemos que tener en cuenta ciertas Consideraciones morales y éticas que deben valorarse en el desarrollo y uso de los sistemas de Inteligencia Artificial. Estos límites buscan evitar consecuencias negativas y garantizar que la Inteligencia Artificial se utilice de manera responsable, justa y beneficiosa para la sociedad. Asistimos a su desarrollo asustados y a la vez perplejos, nuevos e interesantes horizontes, nuevas dificultades intelectuales.

La inteligencia artificial se está desarrollando a gran velocidad y su utilización en la vida cotidiana se generaliza. Está cambiando nuestras vidas. A medida que la tecnología digital (IA incluida) adquiere un carácter primordial en la vida de las personas, se detectan los problemas que conlleva su utilización, una serie de riesgos potenciales que el uso de la inteligencia artificial (IA) provoca, como la opacidad en la toma de decisiones, la discriminación de género o de otro tipo, la intromisión en nuestras vidas privadas trasformara nuestras costumbres y rutinas. La Inteligencia Artificial está ya en nuestras vidas sus consecuencias son difíciles de valorar actualmente. Los tiempos están cambiando.

Los desafíos enunciados en el texto no son los únicos, sin duda hay muchos más, que se nos escapan en estas reflexiones para el futuro. Los desafíos, que destaco como relevantes, afectan de un modo estructural a la cultural y como sector económico. No son desafíos nuevos y serán los que nos afectan en el futuro más inmediato. Las respuestas a estos desafíos serán los esenciales a la hora de enfrentarnos a un futuro alentador.

¿Es posible la cultura libre de Estado?, hace unos años el investigador y docente Jaron Rowan en su transcendental libro Cultura libre de Estado nos hacía preguntas y reflexiones sobre el papel de la cultura en un momento político tan frenético como incierto. ¿Puede la efervescencia cultural que se generó en aquellos días en un nuevo marco institucional? ¿Puede la cultura libre informar las políticas públicas? ¿Debe hacerlo? Las políticas culturales se encuentran en una difícil coyuntura: tienen que ser capaces de dar cuenta del cambio que recorre la sociedad y de dar cabida a nuevas prácticas y formas de vida. La ciudadanía exige cada vez más instituciones abiertas, transparentes y accesibles. Desde distintos lugares se está desbordando el acotado campo del sector de la cultura, exigiendo nuevas modalidades de interlocución con las administraciones. Desde ámbitos autónomos y desde las prácticas críticas se apuntan formas nuevas de entender lo que podría ser una cultura del común. ¿Es posible pensar en políticas culturales de corte materialista y con vocación de transformación? ¿Puede lo público aceptar y cohabitar con lo común? ¿Tiene sentido plantearnos una cultura libre de Estado? Estos son desafíos que se presentan cada vez que hablamos de gestión de la cultura.

“Las políticas culturales se encuentran en una difícil coyuntura: tienen que ser capaces de dar cuenta del cambio que recorre la sociedad y de dar cabida a nuevas prácticas y formas de vida. La ciudadanía exige cada vez más instituciones abiertas, transparentes y accesibles”.

Lo que a partir de ahora seamos capaces de construir dependerá, sin duda, de como actuemos ahora, la historia nos juzgará, además de las respuestas a estos desafíos nuestra actitud ante los retos es fundamental. Las respuestas a los retos planteados tendrán que tener un marcado carácter social, cultural y político. En este sentido, el mundo de la cultura tiene mucho que aportar al debate público. Esta vez las respuestas no están en el viento, están en las gentes del sector de la cultura.

El devenir y el desarrollo del sector en el futuro dependerá de las soluciones que se proponga adaptar para resolver estos desafíos-retos enumerados en el escrito, porque la cultura siempre permanecerá. No digo que la cultura pueda dejar de existir, porque nunca ha existido una sociedad sin cultura. La misma existencia de la sociedad se basa en su quehacer cultura.

Creo en las capacidades del sector cultural, como sector social, político y económico, y aunque tiene una breve historia como sector, apenas un par de siglos, si ha existido es porque ha demostrado a lo largo del tiempo su acomodo, su utilidad, y su capacidad de innovación y versatilidad.

Recientemente irrumpieron en el sector cultural las teorías del divulgador y pedagogo de la gestión cultural Jaron Rowan que en su libro Cultura libre de Estado generó un pensamiento teórico que influyó en las nuevas generaciones de gestores culturales. En el libro, Jaron plantea preguntas y reflexiones sobre el papel de la cultura en la actualidad en un momento político tan frenético e incierto.

Estas son algunas preguntas que contiene el libro: ¿Puede la efervescencia cultural que se generó en torno al movimiento de los indignados traducirse en un nuevo marco institucional? ¿Puede la cultura libre informar las políticas públicas? ¿Debe hacerlo? Las políticas culturales se encuentran en una difícil coyuntura: tienen que ser capaces de dar cuenta del cambio que recorre la sociedad y de dar cabida a nuevas prácticas y formas de vida. La ciudadanía exige cada vez más instituciones abiertas, transparentes y accesibles. Desde distintos lugares se está desbordando el acotado campo del sector de la cultura, exigiendo nuevas modalidades de interlocución con las administraciones. Desde ámbitos autónomos y desde las prácticas críticas se apuntan formas nuevas de entender lo que podría ser una cultura del común. Y sin embargo los nuevos partidos parecen sentirse incómodos, desbordados con la gestión de la cultura. ¿Es posible pensar en políticas culturales de corte materialista y con vocación de transformación? ¿Puede lo público aceptar y cohabitar con lo común? ¿Tiene sentido plantearnos una cultura libre de Estado?

“La cultura es esencial en la existencia humana y todos queremos que la cultura y la civilización no sigan ampliando la brecha entre quienes tienen y quienes no, pero ¿con qué argumentos participar en el debate actual sobre los desafíos-retos a los que se enfrenta la cultura hoy?”

Es necesario recuperar lo esencial

Decía el maestro Peter Brook hablando de su manera de concebir el teatro, que había que ir a lo esencial; me permito utilizar sus consejos para hacer un llamamiento al sector cultural para que recupere lo esencial.

Quizás no hemos determinado, antes de abrir el debate sobre los desafíos a los que se enfrenta el sector cultural, lo que significa el concepto Cultura. Quiero contribuir a esclarecer el significado animando a la lectura de un libro, a mi entender, esclarecedor el libro de Terry Eagleton: Cultura. No hay muchos autores capaces de hacerte reír, mientras te explican y se preguntan: ¿cuál es el concepto moderno del termino cultura?, ¿cuántos significados ha tenido la idea de cultura desde la Ilustración hasta el posmodernismo?, ¿es la cultura un antídoto contra la política o es su verdadera salsa?, ¿son compatibles la cultura como esfera de valores estéticos universales y las culturas como formas particulares de vida?, etc.

La cultura es esencial en la existencia humana y todos queremos que la cultura y la civilización no sigan ampliando la brecha entre quienes tienen y quienes no, pero con qué argumentos participar en el debate actual sobre los desafíos-retos a los que se enfrenta la cultura hoy.

Conjugando el presente

Para terminar estas disquisiciones quiero hacer una advertencia. Con mucha frecuencia creemos que elegir bien es cuestión de tiempo: Tiempo para investigar, para comparar, para leer y reflexionar. Tiempo para descubrir qué hay detrás de los acontecimientos que marcan el devenir de nuestra actividad profesional. Tiempo de esperas e incertidumbres.

Como nos dice el viejo Dylan: … fuera hay una batalla furibunda, pronto golpeará vuestras ventanas y crujirán vuestros muros porque los tiempos están cambiando.

Una advertencia: La filosofa Marina Garcés comienza su libro, Malas compañías con esta para mí paradójica y enigmática frase: “Las malas compañías acostumbran a llevarnos por buen camino”. Quiero manifestar que en esta reflexión que tienes en las manos, están muchas de mis malas compañías, siempre he seguido el consejo de la filosofa catalana “atreverse a ir con gente rara”, todos los que se nombran en estas páginas han sido, afortunadamente, mis malas compañías.

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[1] slogan-manifiesto que presidía la entrada del Teatro Tempo de Guanare Venezuela

[2] ** Datos del sector: El empleo cultural creció en 2024 un 6,6% respecto al año anterior, alcanzando un total de 771.000 trabajadores, el 3,6% del empleo total en España. Hay una recuperación del sector cultural tras la crisis de la pandemia, con un incremento del 8,6% respecto a 2019.

Por otro lado, la aportación del sector cultural al Producto Interior Bruto (PIB) se situó en el 2,3% en 2022. Si se considera el conjunto de actividades económicas vinculadas a la propiedad intelectual, la cifra asciende al 3,5%. Porcentajes similares al gasto que se quiere realizar en defensa. La cultura genera mucho más de lo que se invierte en ella. Gastar en Cultura es inversión y no gasto.

[3] Precariedad: Bajos salarios, inestabilidad laboral y falta de acceso a derechos y beneficios sociales. El 77% de los artistas en España ingresan menos de 12.000 € anuales, según datos del Estudio Socio laboral de la Fundación AISGE.

[4] La edad de los trabajadores en el ámbito cultural es variada, pero con una concentración significativa en el rango de 25 a 54 años, representando casi el 80% del total. Los jóvenes menores de 24 años tienen una representación menor, con alrededor del 5%, mientras que la franja de edad de 55 años en adelante también es minoritaria.