“El Partido Popular intenta convencernos de que solo pacta con la ultraderecha cuando se trata de asegurar la gobernabilidad, pero lo cierto es que ese es su ámbito natural de actuación, como lo muestran sus pactos internacionales”.
No se trata únicamente de que el Partido Popular se ponga a los pies de Vox para formar gobiernos (aunque luego Vox los deje tirados, el PP sigue manteniendo los acuerdos que firmaron en su momento) o para pactar presupuestos, sino que es parte de un entramado ultra a nivel internacional. Cuando el PP fracasó en impedir que la ex vicepresidenta del Gobierno de España, Teresa Ribera, lo fuese de la Comisión Europea (votando en contra de lo que hizo el Partido Popular Europeo), para desviar la atención de su fracaso acusó al Gobierno de pactar con la extrema derecha europea, en referencia a la inclusión en la Comisión Europea de los comisarios de Italia y Hungría, representantes de sus respectivos gobiernos.
Pero una cosa es admitir a disgusto que de la Comisión Europea formen parten los representantes de gobiernos con los que no estás de acuerdo y otra, muy distinta, es asociarse con sus partidos, compartiendo políticas y proyectos. Y, esto es importante, el PP no solo pacta con Vox, sino que está asociado a nivel internacional con varios partidos de ultraderecha. Es miembro de la Unión Internacional Demócrata, una organización creada en 1983, que de demócrata no tiene nada y en cuya dirección el PP tiene una representación similar a su prestigio internacional (carece de representación).
De ella forman parte –entre otros–, el Likud israelí, presidido por Benjamín Netanyahu, acusado de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional, por motivos más que conocidos; el Partido Republicano encabezado por Donald Trump, que no solo apoya todos los crímenes de guerra del Gobierno israelí, sino que propone otros nuevos, como la expulsión de la población palestina de la Franja de Gaza para convertirla en una zona turística bajo su control, mantiene la cárcel de Guantánamo y lleva a cabo deportaciones ilegales a cárceles de El Salvador… Y Fratelli d’Italia, el partido de Giorgia Melloni, uno de los que –según el PP– no debería formar parte de la Comisión Europea, pero con quien no tiene ningún pudor en asociarse.
De la UID también forman parte otros partidos, como la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), de la que Roberto d’Aubuisson fue uno de sus fundadores y presidente de la Asamblea Constituyente de El Salvador. Acusado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión de la Verdad para El Salvador de las Naciones Unidas del asesinato del arzobispo Óscar Arnulfo Romero (la Comisión de la Verdad para El Salvador le acusó también de ser el responsable de la organización de los escuadrones de la muerte). También forma parte de la UID el Partido Popular Austriaco (que no tuvo ningún inconveniente en incorporar al Gobierno al ultra Partido de la Libertad, FPÖ). No todos los partidos de la UID son de ultraderecha, pero a algunos hay que empujarles para que no pacten con ella, como en el caso reciente de la CDU y la CSU alemanas.
También formó parte de la UID el Fidesz, el partido xenófobo, anti LGTBI+ y pro-ruso de Viktor Orbán, que actualmente lo hace de otra organización, la Internacional Demócrata de Centro (de la que también es miembro el PP). Un Gobierno, el húngaro, que incumple sus compromisos internacionales al no detener a Netanyahu, pero con cuyo partido el PP no tiene reparos en asociarse.
En los ámbitos de la ultraderecha europea y americana donde el PP se mueve como pez en el agua: no hay que esperar que condene las actuaciones contra los derechos humanos, sino todo lo contrario, como se ha demostrado con la derogación de la Ley de Memoria Democrática de Aragón. El Partido Popular intenta convencernos de que solo pacta con la ultraderecha cuando se trata de asegurar la gobernabilidad, pero lo cierto es que ese es su ámbito natural de actuación, como lo muestran sus pactos internacionales.


