“Lo importante es tener abundancia de datos, ha pronunciado nuestro aragonés presidente, que ya tiene bajo control a diez millones de cerdos y un vendaval de molinos que esparcen por todas nuestras carreteras el aroma a purines. Lo espectacular es tener muchas luces, ha proclamado la alcaldesa de la cuarta ciudad de España cuando inauguró la navidad más florida y más larga”.

 

Fotograma de “El planeta de los simios”

Durante décadas muchos creyeron en la paz y en el corazón de los hombres. Se esforzaron en explicar sus proyectos para una sociedad más limpia y más justa. Para vivir en una tierra que sea nuestra. De todos, aunque cada uno tenga su propia parte. La biblioteca con cien o con diez mil libros, pero al menos cien. Con su huerto y sus gallinas, si así lo desea. Con su tocadiscos o su guitarra, mejor. Con su tienda, sea una panadería o una mercería donde vender bragas e hilos de coser.

Una sociedad donde la libertad llegara hasta donde tropezara con la justicia. Una sociedad donde enriquecerse por una guerra o por un tratamiento oncológico estuviera prohibido. Moralmente prohibido y justicieramente juzgado. Donde las personas tuvieran derecho a vivir en una casa digna. Una casa digna no tiene por qué tener piscina y pista de tenis. Pero tampoco es una habitación con derecho a cocina. En una habitación no hay sitio para guardar las cosas que acompañan la vida: los libros, la guitarra, la bicicleta de los primeros paseos y los primeros besos. Debe ser digna, tener un retrete que no debas compartir con desconocidos. La cultura, el arte y la razón “abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre”, dijo un hombre libre una hora antes de morir.

Hicimos callar a compañeros y compañeras que proponían borrar las clases sociales con las armas. Las armas han sido, a lo largo de los siglos, la forma habitual de llegar al poder. La forma habitual de los poderosos y la forma extraordinaria y caótica de los siervos y los trabajadores. En la Edad Media hubo centenares de salvajes levantamientos donde los campesinos pasaban a hoz y cuchillo a sus amos, para caer a continuación en manos del señor o el abad más cercano, que exterminaba a los cabecillas y se hacía cargo de las tierras y siervos que habían osado salirse del carril de Dios y por ello mismo aumentaban ahora sus posesiones. Umberto Eco lo explicó con verdad y hermosura en su incomparable tratado de filosofía e historia, El nombre de la rosa.

“Se había comprobado que los trabajadores podían no limitarse a iniciar una huelga en una fábrica de los arrabales o una manifestación callejera disuelta con los correspondientes sables de la Guardia Civil. Los trabajadores tenían en el Este de Europa una prueba palpable de conquista del poder”.

La creación de la URSS puso el culo prieto a más de una estructura de poder. El poder se defendió jugando a dos barajas, siempre hace lo mismo. La baraja mala y la baraja buena. Contribuyó a crear el fascismo de las décadas de 1920 a 1930, y jugó también con la llamada carta de la libertad, la de otras potencias liberales, resumidas en EEUU y Reino Unido. Tras el final de la gran guerra y la creación de dos bloques irreconciliables, los patronos de Occidente permitieron una serie de mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores, creando lo que se llamó la “sociedad del bienestar”. Se había comprobado que los trabajadores podían no limitarse a iniciar una huelga en una fábrica de los arrabales o una manifestación callejera disuelta con los correspondientes sables de la Guardia Civil. Los trabajadores tenían en el Este de Europa una prueba palpable de conquista del poder. Estaban en juego palabras tan serias como libertad y justicia, que son similares en las cabezas de bien, pero no son lo mismo en cabezas que se inquietan por perder privilegios de los tiempos antiguos. No fue fácil, nada fácil convencer a los comunistas clásicos que se podía levantar una sociedad más justa a través de la democracia, a través de las urnas. Hubo que hacer concesiones casi insoportables y fueron acusados de traidores por los que seguían defendiendo la Comuna de París. Pero muchas personas creyeron en la paz y en el corazón de las personas. Uno de los primeros comunistas que creyó en esa posibilidad fue Enrico Berlinguer.

En nuestra vieja piel de toro, el expresidente que nos condujo a la Guerra de Irak, dijo: “el que pueda hacer que haga”. La mujer engendrada por la cópula de éste con la grande de España y sobrina segunda del poeta Gil de Biedma, había resumido su campaña electoral con su grito de “o comunismo o libertad”, unos minutos después de haber dejado morirse en libertad a los 7291 ancianos que no hubieran tenido la ocurrencia de pagarse un seguro privado. En esas tesituras, este último 20 de noviembre, cinco jueces españoles sembraron la guerra. La justicia llevaba en las manos un mazo de excrementos que, al dar el golpe sobre el estrado del tribunal, salpicó a todos los que estaban en la sala. Unos no se dieron cuenta, con las togas manchadas de mierda salieron sonriendo. Otros iban con las mejillas enrojecidas por la vergüenza. En la puerta, tres de ellos —de apellidos Berdugo, con B, del Moral y Marchena— fumaban convencidos de hacer país. Patria, dijo alguno. Ya explicaremos, más adelante, dijo otro, por qué sentenciamos. Sentenciamos al partido de los prostíbulos, sentenció el tercero.

El 4 de diciembre, jueves, los inadvertidos madrileños descubrieron que volver a la salud tenía un precio. Te tratan o te derivan según seas negocio o no. Te ponen en lista de espera o no te avisan de que tienes un cáncer para no incrementar tu ansiedad. Los inadvertidos se sorprenden en los momentos más inesperados. Pensaban que todo funcionaba mejor y más rápido en un hospital que era una empresa. Fueron incapaces de sospechar que todas las empresas buscan con ahínco el mayor beneficio. El beneficio es incompatible con la justicia y con cierta igualdad. La igualdad ponía la piel de gallina al ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora y a su discípulo M. Rajoy. El Estado en la Comunidad de Madrid se ha transformado en una empresa. Si no produces beneficio y eres del staf, te arrojan del staf y tienes más difícil tener una casa con piscina y pista de tenis. Una casa digna. Los dignos cada día cotizan menos en bolsa. Las personas dignas tienen que guardar silencio cuando los apartan. O revelar los secretos en secreto de confesión y muchas veces al medio informativo menos aconsejable. Pocos suscriben con nombre y apellidos hacia dónde vamos. Hacia dónde nos conducen. Conducidos y confundidos.

Lo importante es tener abundancia de datos, ha pronunciado nuestro aragonés presidente, que ya tiene bajo control a diez millones de cerdos y un vendaval de molinos que esparcen por todas nuestras carreteras el aroma a purines. Lo espectacular es tener muchas luces, ha proclamado la alcaldesa de la cuarta ciudad de España cuando inauguró la navidad más florida y más larga. El mismo día en que miles de personas recordaban que Palestina sigue en brazos del exterminio, acallada su presencia en los medios de prensa por un plan, llamado de paz, que urdieron los criminales presidentes de EEUU e Israel. Menos criminales cuando halagan al fútbol español y la FIFA le concede el premio de la Paz que los noruegos no se atrevieron a otorgarle. En la zaragozana plaza de Aragón coincidieron los que venían boquiabiertos por unas luces escenográficas y los que llevaban las luces en el centro de su alma para iluminar la ignominia. Fue como juntarse dos ríos amazónicos. Las aguas no se mezclaban y el río tenía dos colores. Ese fenómeno ocurrió un día después del Viernes Negro, el día designado para que compremos todo lo que podamos, más si es preciso.

La peste porcina no solo está en los bosques, está instalada en la cabeza de mucha gente. Una piara sin escrúpulos, liberados de toda humanidad, han descubierto cómo el Brexit que no iba a triunfar, triunfó. Cómo Trump iba a perder las elecciones y no las perdió. Se puede girar el pensamiento de la gente. Para seguir en lo de siempre: si eres negro, estás destinado a poner una manta en el suelo. Defenderán a las mujeres mientras no se indignen. Si se indignan, les sueltan que les “pone” verlas enfadadas. Se puede girar el pensamiento humano con unas calculadas dosis de insana publicidad. Hay gente que ha dejado los libros de autoayuda para ayudarse pidiendo soluciones a la inteligencia artificial. Hemos de meditar sobre ello. No solo meditar, sino actuar. No queda otra poesía que la acción.

La lírica de la paz se está muriendo en el corazón de los pacíficos. No hay nada más terrible que un pacífico que deja de serlo. Ante la omnipresencia de la mentira, algunos empiezan a pensar que solo una boca de pistola tiene voz en este mundo. Y eso será el final de todo. El final de todos los cuentos. El regreso al planeta de los simios, cuando Charlton Heston, vestido con un taparrabos de piel, tropieza en una playa desierta con el brazo y la linterna de la libertad.