“El aragonesismo político de izquierda sin la potencia en términos electorales de Zaragoza ciudad no será nunca nada más que un reducto político testimonial. Dejare claro desde el primer minuto que eso no significa desentenderse del conjunto del país. Nada más lejos de mi intención. No discuto lo que debería ser, constato lo que es, y creo que hay que distinguir entre lo estratégico en términos electorales y el discurso de fondo en términos territoriales”.

 

Permítaseme el parafraseo de un eslogan muy utilizado desde la campaña electoral del 92 de Bill Clinton contra George H. W. Bush: “the economy, stupid”, eslogan que ayudó a centrar el debate electoral en una campaña que arrancó con un George H. W. Bush disparado.

¿Objetivo de este pequeño artículo? Hablar de Zaragoza. Sí. De su aportación política, en términos cuantitativos y cualitativos.

No parece estar de moda reivindicarse urbanita en tiempos en el que propio Virgilio hubiese sido sospechoso de poco ruralita, pero es imprescindible políticamente en Aragón, desde mi punto de vista, mirar a Zaragoza. Hace ya tiempo que el aragonesismo político parece haber olvidado algunas verdades que ya nos enseñaron nuestros mayores.

Pero vayamos al grano: ¿Dónde poner el capital político (magro), en términos electorales, en una época convulsa, vertiginosa y llena de incertidumbre? En mi opinión, fundamentalmente en políticas vinculadas y entroncadas con nuestra realidad urbana. Ya sé que está de moda lo neorrural, que lo rural precisa de atención y cuidado, pero hablo de cuestiones electorales, del malhadado cortoplacismo electoral.

El aragonesismo político de izquierda sin la potencia en términos electorales de Zaragoza ciudad no será nunca nada más que un reducto político testimonial. Dejare claro desde el primer minuto que eso no significa desentenderse del conjunto del país. Nada más lejos de mi intención. No discuto lo que debería ser, constato lo que es, y creo que hay que distinguir entre lo estratégico en términos electorales y el discurso de fondo en términos territoriales.

Hoy, si se desean resultados electorales que ayuden a poner en marcha políticas progresistas, aragonesistas para el conjunto del país, que ayuden a hacer crecer en términos de solidaridad y crecimiento social al resto de Aragón, esto solo es posible, teniendo peso político determinante en la Inmortal. Lo que ocurre en Zaragoza, determina los resultados electorales en el resto de Aragón en campañas electorales posteriores. El resto del territorio mimetiza las dinámicas electorales de Zaragoza con una cadencia de un ciclo electoral, tanto al alza, como a la baja. Es decir, si se quiere comenzar a trasformar la realidad social en el conjunto de Aragón, solo es posible consiguiéndolo, primero, en Zaragoza.

¿Se trata solo de una opinión? No, se trata de lo que los números dicen de forma tozuda y constante desde hace 38 años, desde el comienzo de la andadura política del aragonesismo político de izquierda. Sólo se consigue crecer electoralmente si se crece en Zaragoza, si se fracasa en Zaragoza se fracasa, posteriormente, en Aragón. Guste más o guste menos los números cantan. Es más, el efecto político de la presencia en Zaragoza irradia, más tarde, a Huesca, a Teruel y a las cabeceras comarcales más dinámicas social, cultural y económicamente hablando.

Números: la provincia de Zaragoza tenía una población (2022) de 966.438 habitantes de los que Zaragoza suponían 673.010 habitantes (https://ebropolis.es/wp-content/uploads/2023/12/informe-datos-provincia-zaragoza-2022.pdf), es decir, el 70% del total, porcentaje que de forma paulatina crece año a año. El aragonesismo político de izquierda en la época de mayor representación en Cortes de Aragón, elecciones de 1999 y 2003, logró en la circunscripción provincial de Zaragoza, un 13% y 16% (https://es.wikipedia.org/wiki/Chunta_Aragonesista), respectivamente, aportando Zaragoza ciudad, el 81% y el 79% de ese resultado. En las elecciones del 2007 y 2011, logró un 9%, para, desde el 2015, pasar a unos resultados, entre el 5 y el 5,5%, con la excepción de las elecciones del 2019 que se logró un 7 %. En los últimos procesos electorales la aportación porcentual de Zaragoza ha bajado al 70% de media, con la excepción, de nuevo, de las elecciones del 2019 que supusieron una aportación de Zaragoza del 74%. El voto no capitalino en las elecciones del 2019 creció un 36% respecto a las elecciones de 2015, mientras que el voto en Zaragoza creció hasta el 42,3%.

No es necesario recordar que la legislatura 2015-2019 fue la primera legislatura en el Gobierno de Aragón con la izquierda aragonesista cogobernando.

Pero ¿qué razones hay para una pérdida electoral de 10 puntos porcentuales en la ciudad de Zaragoza? Muchas, pero encuesta tras encuesta se repite una: la paulatina desconexión de las franjas de edad más jóvenes y más dinámicas, es decir, electorado urbano, que tiene problemas urbanos, anhelos urbanos, deseos urbanos… y que mira el mundo rural desde la óptica urbana, porque no decirlo. Lo rural está de moda en el debate social y político, y está muy bien que lo esté. Es verdad que con poca sustancia, mucha demagogia y con soluciones, si es que las hay, a muy largo plazo. Pero, ¿son los temas rurales los que mueven al grueso del electorado aragonesista y progresista? No, desde luego que no.

Contestando a la pregunta del inicio de este artículo: el aragonesismo político de izquierda ha existido siempre gracias al voto urbano y a las realidades sociopolíticas y culturales de la ciudad de Zaragoza. Cuando crece lo hace gracias, en buena medida, a Zaragoza y cuando decrece también. Es difícil plantearse crecimientos en términos electorales sin enlazar con la parte más dinámica de nuestra sociedad, con las corrientes de fondo sociopolíticas de la ciudad.

Es Zaragoza, co!