“… es pertinente profundizar en los estudios llevados a cabo en diversos países sobre fiscalidad y atracción de nuevos residentes e inversiones productivas, inclusive los del gobierno de Noruega de quien se copia, mal, la excepción europea de las ayudas al funcionamiento tan manida por tenores huecos de todos los partidos y superficialmente tratada en redacciones acríticas”.

Los impuestos son un logro importante como civilización. Permiten financiar proyectos que hacen más eficiente al conjunto de la comunidad, amplían las oportunidades de quienes tienen una vida más difícil y contribuyen a que las crisis sean menos intensas. Transpiran en nuestra cotidianidad, y, sin embargo, desde esas miradas más espontáneas suele haber una cierta contrariedad, llegando en muchos a la reprobación… Quienes cobran impuestos han sido mal vistos en textos sagrados y literarios, también en los académicos. ¿Cómo no, llegado el caso, en los programas políticos?

Que la gente crea en elixires y curanderos siempre sorprende. También el consenso unánime y transversal de las Cortes de Aragón, contagiando al Congreso de los Diputados, de plantear la bajada de impuestos y cotizaciones sociales como piedra filosofal frente a la despoblación, inquietante moral e intelectualmente. Porque implica la ruptura de un pacto cívico fundamental, eludir la “contribución”, palabra tan bonita de los más viejos, y desconsiderar algunos de los axiomas más firmes de la teoría fiscal.

Frente a esa charlatanería es pertinente profundizar en los estudios llevados a cabo en diversos países sobre fiscalidad y atracción de nuevos residentes e inversiones productivas, inclusive los del gobierno de Noruega de quien se copia, mal, la excepción europea de las ayudas al funcionamiento tan manida por tenores huecos de todos los partidos y superficialmente tratada en redacciones acríticas.

No se analizan los fundamentos del emprendimiento empresarial y la innovación, tan ajenos a las rebajas fiscales, ni se quiere profundizar hasta qué punto responden a intereses particulares de lobbies bien organizados, tampoco se investiga sobre las alternativas y matices que podrían plantear una reforma fiscal ya estudiada por un comité de expertos (Libro blanco sobre la reforma tributaria, 2021). Se desdeñan los estudios sobre los impactos que generaron donde existieron, muchas veces contraproducentes y con muchas dudas sobre su eficacia, ni las consecuencias perversas de perseverar en la competencia fiscal entre territorios, iniciada por los regímenes forales ya hace décadas y que ha erosionado figuras tributarias progresivas tan precisas en un país tan desigual como el nuestro. En ningún debate parlamentario ni crónica periodística se debate nada de ello, ni cómo las políticas expansivas de inspiración keynesiana o en la curva de Laffer están llamadas a generar muchas distorsiones en economías abiertas dentro de una competencia fiscal excepcionalmente generalizable.

La pregunta, tan ausente en las estrategias sobre despoblación y especialmente en esta, no es negociable: ¿en qué nos basamos para promover esa política? ¿Qué evidencias la sostienen? ¿Terapia o pseudoterapia?

Publicado en Heraldo de Aragón el 17 de diciembre de 2025.