“Si, siendo pocos, fomentamos discursos excluyentes, inflexibles, que se ajustan a unos macro-relatos políticos alejados de la realidad del territorio, sometidos a la inercia estatal y de corte universalista, terminamos sufriendo un proceso de erosión endogámica que nos condena a la pérdida inevitable de votantes. Los hechos hablan por sí solos: no salimos reforzados ni tras las crisis de la izquierda ni tras la desaparición del pseudo-aragonesismo”.

 

El aragonesismo sufre una crisis de identidad sin precedentes. Quienes de verdad amamos a Aragón atravesamos un momento de alienación plena. Hay confusión y falta de rumbo. Y entonces, sucede lo inevitable: Otros llegan y se apropian de lo tuyo. Lo hemos visto con el uso indiscriminado del término “aragonesista”, que hoy se pasea libremente por el territorio, alentado por discursos que le son completamente ajenos. Cada vez son más los partidos que se lo apropian, lo desvirtúan y logran que cale en la conciencia colectiva con un significado completamente erróneo. Llegados a este punto, los aragonesistas de verdad deberíamos hacer autocrítica, preguntarnos qué responsabilidad hemos podido tener en todo esto e identificar qué necesidades hemos dejado de atender para que se dé tal situación. Para poder seguir escribiendo el futuro del aragonesismo, considero, deberíamos tener en cuenta los siguientes aspectos:

La población con conciencia aragonesista es reducida. A diferencia de otros pueblos, nuestra idiosincrasia dificulta que exista una clara conciencia identitaria. Si, siendo pocos, fomentamos discursos excluyentes, inflexibles, que se ajustan a unos macro-relatos políticos alejados de la realidad del territorio, sometidos a la inercia estatal y de corte universalista, terminamos sufriendo un proceso de erosión endogámica que nos condena a la pérdida inevitable de votantes. Los hechos hablan por sí solos: no salimos reforzados ni tras las crisis de la izquierda ni tras la desaparición del pseudo-aragonesismo. Con ello estamos dejando de lado a muchas personas que realmente aman y conocen el territorio, que sitúan a Aragón en primer lugar, que están dispuestos a defender lo social y a progresar en materia de derechos humanos, pero que proponen contribuir al desarrollo del territorio desde otras perspectivas hasta ahora poco exploradas.

En segundo lugar, Aragón carece, a día de hoy, de una política propia. Otras comunidades como Cataluña pueden permitirse contar con partidos catalanistas de izquierda, de derecha y de ambos extremos. Aragón, no. Ojalá llegue el día en que tengamos esa pluralidad —alejada de los extremos— y podamos disputarnos cualquier cuota de poder en todo el espectro político, siempre desde el aragonesismo. Ahora mismo, en Aragón, no existe ese contrapeso. Por ello, considero un error seguir insistiendo ciegamente en hacer política de forma unidireccional, aún habiendo comprobado la obsolescencia del discurso y desatendiendo otras necesidades potenciales diseminadas por la amplitud del espectro aragonesista.

En tercer lugar, el aragonesismo debe ser capaz de evolucionar y adaptarse al nuevo contexto sociopolítico. Ya lo hizo en 2015, cuando el 15-M, Podemos y la ola de causas sociales giraron la política estatal hacia la izquierda. Desde entonces —sigo sin comprender por qué— comenzamos a etiquetar nuestra posición política como “a la izquierda del PSOE”. Como pueden comprobar, definiendo quiénes somos por contraposición, no por nuestra propia esencia. Queridos amigos, ese mensaje está agotado. La sociedad está desencantada y demanda otras prioridades. No hemos sabido reaccionar. Cuanto más nos esforcemos por ocupar los extremos, más espacio dejaremos para que el tradicional bipartidismo —evidentemente españolista— pueda disputar libremente su partido de fútbol.

Por último, hay que comprender que limitarse a atender exclusivamente algunas necesidades deja otras igualmente urgentes sin cubrir. Hace tiempo que en el aragonesismo no se habla de empresa, de jóvenes agricultores, de desarrollo tecnológico y logístico, de fuga de cerebros, de seguridad ciudadana y del medio rural… Si permitimos que estos temas se aborden únicamente desde otros enfoques, perderemos el terreno que, como aragonesistas, deberíamos ocupar. Por ello, considero que el aragonesismo debería ser mucho más transversal. Si insistimos en centrar siempre el discurso en lo mismo, a pesar de que la realidad aragonesa es muchísimo más amplia, vendrán “los de fuera” a ocupar esos espacios con sus discursos y calarán en la población. Entonces, se creerá que el aragonesismo (evidentemente, desvirtuado) es una cosa exclusiva “a la izquierda del PSOE”, y así nunca podrá triunfar.

Entalto Aragón siempre.