“Entre las consecuencias de [los] modelos de comportamiento diferenciado figura la gestión de la frustración, algo que queda patente en la serie “Adolescencia”. Tanto los chicos como las chicas anhelan ser populares y tener éxito, pero mientras que ellas cargan su frustración contra sí mismas, ellos la descargan contra ellas porque las consideran culpables de su fracaso. Este es precisamente el mensaje que difunde el movimiento “incel”, popularizado hoy también por la serie “Adolescencia”, aunque su creación data de los años 90”
Desde hace varias semanas, todo el mundo habla de la miniserie británica titulada “Adolescencia”, en la que se presenta a Jamie, un joven de trece años, que es arrestado y juzgado por asesinar a sangre fría a una compañera de instituto. La historia en cuestión no ha causado furor por cómo se resuelve el crimen, ni por la originalidad del rodaje, ni siquiera por la maestría en la interpretación de sus actores y actrices, sino por mostrar toda una simbología, un lenguaje y un universo misógino que es la que está invadiendo las redes y en la que caen miles de adolescentes.
Tales cotas ha alcanzado esta problemática, que el gobierno británico ha decretado que se difunda esta serie de manera gratuita en todos los centros escolares. Si bien podemos considerar que esta medida tiene buenas intenciones, debemos ser conscientes de que no basta con visualizar la serie para asimilar el aprendizaje, sino que este surgirá del análisis correcto que hagamos de los hechos que en ella se narran. El alumnado aragonés no es ajeno a esta realidad, y yo me pregunto, ¿qué se está haciendo desde la Educación Aragonesa para combatir esta lacra machista que inunda las redes y, por ende, afecta a la relación entre nuestros y nuestras jóvenes? Y no me refiero al trabajo individual y personal de cada docente, sino a qué tipo de programas se están poniendo o se piensan poner en marcha desde el Departamento de Educación para reducir la violencia contra las mujeres y las niñas y mejorar la convivencia en los centros.
La mayoría de los centros escolares en Aragón cuentan todos los años con el famoso “Plan Director para la Convivencia”, redactado por el Ministerio del Interior, que prevé una serie de charlas educativas acerca de los riesgos de internet, del acoso escolar y de drogas y alcohol, principalmente. Pero una hora de charla al año (cada curso el tema que toque) no es suficiente. Además, se suele poner el acento en temas genéricos: “no compartas datos personales relevantes en tus cuentas de las RR.SS.”, “no entables conversaciones a través de Internet con personas que no conozcas”, “si ves que alguien está siendo humillado debes denunciarlo porque, aunque tú no participes de manera activa en el acoso, sí estás siendo cómplice”, “compartir imágenes de personas sin su autorización expresa es delito”, etc. Normalmente son advertencias que ya habrán oído en casa, o por parte del profesorado en tutoría u otras materias, pero pocas veces se incide en el género, esa construcción social basada en estereotipos que ha hecho de las redes el ecosistema perfecto para seguir reproduciéndose, y el daño que están causando a un alumnado cada vez más joven. Puede verse también en la proliferación de figuras como las “Tradwives” (mujeres que se desviven por sus parejas hombres y que siempre están físicamente perfectas), o la oportunidad de hacer dinero “fácil” por medio de un “Sugar Daddy” o a través de la plataforma “Only fans”.
Además de las charlas antes mencionadas, los y las docentes necesitaríamos una correcta formación para saber cómo abordar este tipo de situaciones en nuestras clases. En Aularagon, la plataforma por excelencia de cursos para el profesorado, se nos ofrece algún recurso de gestión de conflictos, de erradicación de la violencia, de masculinidades diversas o de construcción de identidades, pero es imposible encontrar algo con perspectiva coeducativa, entendiendo la coeducación como un enfoque educativo que fomenta la educación en igualdad entre niños y niñas para erradicar los estereotipos de género. ¿Cómo vamos a hacerles entender a niños y niñas que tienen las mismas oportunidades y que deben potenciar al máximo su desarrollo personal y alcanzar el éxito profesional, si a ellas se las bombardea con mensajes de maquillaje, ropa y complementos para estar físicamente impecables, mientras que a ellos se les impone un modelo a rebosar de testosterona a través de foros machistoides o de videojuegos de extrema violencia? De igual manera, todavía en gran parte de los colegios privados o de la red privada-concertada, los uniformes siguen siendo pantalón para ellos y falda para ellas, y ya sabemos que la libertad de movimientos no es la misma con una prenda que con la otra.
Entre las consecuencias de estos modelos de comportamiento diferenciado figura la gestión de la frustración, algo que queda patente en la serie anteriormente citada. Tanto los chicos como las chicas anhelan ser populares y tener éxito, pero mientras que ellas cargan su frustración contra sí mismas, ellos la descargan contra ellas porque las consideran culpables de su fracaso. Este es precisamente el mensaje que difunde el movimiento “incel”, popularizado hoy también por la serie “Adolescencia”, aunque su creación data de los años 90. Se trata de un movimiento de hombres autodenominados “célibes involuntarios”, esto es, hombres que desean entablar relaciones sentimentales con mujeres, pero que son sistemáticamente rechazados, y por ello las acusan de manipuladoras e interesadas, llegando incluso a cometer atentados, como el perpetrado por Elliot Rodger en California en 2014.
Este tipo de ideología inunda las redes y foros a los que llega nuestro estudiantado de manera voluntaria o a veces por casualidad, al igual que sucede con el porno, y a menudo sin que el resto de la comunidad educativa seamos conscientes de ello. Por esta razón, debemos adelantarnos para prevenir futuros comportamientos violentos y situaciones extremadamente desagradables en lugar de lamentarnos una vez han tenido lugar.
Sin duda la coeducación es la herramienta más eficaz que podemos proporcionar a nuestros niños y niñas para hacer frente tato a la manosfera que campa a sus anchas en el mundo virtual, como a su materialización en comportamientos machistas cotidianos. Necesitamos enseñar sin roles y estereotipos de género para no seguir reproduciéndolos, lo que exigiría de una acción conjunta entre el Departamento de Educación y el resto de la comunidad educativa a través de materiales pedagógicos, campañas de concienciación y actuaciones concretas dentro de los centros por parte de los equipos docentes.


