“…los seis de Zaragoza sigan sin indultar, mientras algunos se han comido ya un año de cárcel y chorizos de cuello blanco se pasean por las calles sin cumplir sus condenas. Nuestra judicatura y nuestro gobierno así lo permiten. Seguimos haciendo negocios con Israel, a pesar del genocidio que, para nuestra vergüenza, vemos que están perpetrando a diario y en directo”.
“Si así estamos con el “gobierno más progresista” mal lo tenemos porque con los menos progresistas lo tendremos mucho peor. Si no avanzamos ahora, cuando sí tenemos posibilidades, luego no podremos quejarnos de lo poco que se ha hecho al respecto, y no será porque no lo estemos denunciando las asociaciones memorialistas”

 

El Imperio ruso se niega a desaparecer. El imperio americano sigue a lo suyo, pero esta vez toca hacerlo sin caretas, casi mejor. Mientras, el imperio chino, espera pacientemente y trabajando incansablemente para posicionarse mejor. América Latina sigue sojuzgada por el norte, que quiere sus minerales y materias primas, pero no a sus gentes, empobrecidas por ese sistema de explotación. África padece del mismo mal. Y sus gentes se ahogan ante nuestros impasibles ojos, mientras seguimos quedándonos con sus riquezas impunemente, condenándolos a la miseria. En gran parte de Asia también pasa lo mismo. Todo para mayor gloria de los dioses del consumo y el despilfarro capitalista que se está cargando nuestro propio habitat.

Las antiguas alianzas saltan por los aires: al parecer solo eran postureo internacional, su realidad era muy distinta a su imagen.

En nuestros lares, mientras, el gobierno “más progresista de nuestra historia”, intenta sobrevivir a sus propias contradicciones y a las de sus socios.

El PP quiere el poder ejecutivo (los demás siempre los han tenido) y lo quiere ya: se habían repartido todo tipo de sinecuras antes de las últimas elecciones y no están dispuestos a esperar cuatro años más.

Los partidos a la izquierda del PSOE se matan por el escaso trozo de pastel que les queda. Así, las posibilidades de hacer políticas realmente progresistas, contando con las derechas nacionalistas y las peleas por la “pureza” en la izquierda, son muy escasas. Casi mejor. No vaya a ser que nos pasásemos de “progres”.

La socialdemocracia siempre se ha movido en el terreno político del centro, por eso su electorado fluctúa y nunca ha habido posibilidades de asentar un partido que ocupase ese espacio político. Por tanto, seguimos con una ley de las que no molestan a un partido de gobierno (como es la “ley mordaza”) pues resulta muy útiles, especialmente para tiempos convulsos. De ahí que los seis de Zaragoza sigan sin indultar, mientras algunos se han comido ya un año de cárcel y chorizos de cuello blanco se pasean por las calles sin cumplir sus condenas. Nuestra judicatura y nuestro gobierno así lo permiten. Seguimos haciendo negocios con Israel, a pesar del genocidio que, para nuestra vergüenza, vemos que están perpetrando a diario y en directo.

Nos lanzamos a cumplir las órdenes del “emperador” y vamos a dedicar miles de millones para comprar armamento que sabemos será, en una enorme medida, estadounidense; todo para defendernos de una Rusia con menos Producto Interior Bruto que Italia e incapaz de ganar una guerra contra un país muy inferior en armamento y demografía. Su única baza final es el armamento nuclear, pero la doctrina de la destrucción mutua asegurada sigue tan vigente como en la Guerra Fría.

¿No sería más lógico actuar de alguna forma ante un país que ha amenazado claramente a un viejo socio europeo para quitarle parte de su territorio? Mientras, la “guerra cultural” sigue su curso. En Estados Unidos le llaman movimiento MAGA (make América great again) y su enemigo son los Woke (todo lo que huele a “políticamente correcto”), yo más bien hablaría de movimiento MUSAKA (make U.S.A. kingdom again) viendo la deriva autoritaria que están alcanzando.

Parte de los enemigos en esta guerra contra los Woke, (al menos en España y Europa) somos los memorialistas.

Molestamos porque le recordamos a la sociedad lo que los movimientos autoritarios del mundo hacen con sus sociedades para controlar el poder y a sus poblaciones.
En el Estado español existe una ley de 1940 que obliga al Estado a desenterrar y honrar a los asesinados por las “hordas rojas” (sic). Nosotros tardamos 67 años en conseguir una norma legal que protegiera, mínimamente, la memoria de los antifascistas que lucharon contra el golpe militar, y la echaron abajo dejándola sin presupuesto.

La nueva ley de 2022, mientras, languidece sin que el Estado haya sacado a los miles de enterrados en fosas comunes, a pesar del anuncio del ministro de Memoria Democrática sobre el plan de choque para hacerlo en un plazo de cuatro años. Algunos manifestamos nuestra incredulidad ahora constatamos que estábamos en lo cierto, para desgracia de todos.

Hablamos, una vez más de políticas de relumbrón. De nuevo andamos a vueltas con el “Valle de los caídos” pero y unas políticas de verdadera memoria ¿cuándo se van a echar a andar?

¿Para cuándo un “libro blanco”, elaborado por expertos de cada campo, que explique lo que la represión en la guerra y el franquismo supuso para nuestra sociedad?

¿Cuándo tendremos una “oficina de atención a las víctimas y sus familiares” que, usando los recursos del Estado, informe del destino de los desaparecidos, exiliados y represaliados?

¿Cuándo veremos una actuación decidida del Estado para trabajar sobre todas las fosas conocidas, contactando con los más cercanos a los allí enterrados y dando unas sepultura digna a los restos encontrados?

¿Veremos algún día la derogación, total o parcial, de la “ley de amnistía” de 1977, auténtica ley de “punto final”, que ha dejado sin derecho a la justicia a miles de ciudadanos?

¿Llegará algún día la sistematización de una explicación oficial a los más jóvenes, y a toda la sociedad, de lo que supuso el golpe de Estado de 1936, la guerra y el franquismo, para evitar el blanqueo que hoy día se está produciendo, en gran medida por culpa de esa falta de acción didáctica y dignificadora?

Todas estas y muchas más serían las verdaderas políticas de memoria que nunca se han realizado en nuestro país.

¿Qué podemos esperar si, tras tres años de vigencia aún sigue activa la Fundación Francisco Franco, exaltadora de la figura histórica con más muertes inocentes en su currículum en España?

Costó mucho conseguir la parte sancionadora de la ley que había de perseguir a quienes ofenden a las víctimas del franquismo, pero no se han abierto expedientes a las docenas de actos de ensalzamiento público de los asesinos franquistas (uno o dos tímidos expedientes, sin sustanciar, por decirlo todo).

Si así estamos con el “gobierno más progresista” mal lo tenemos porque con los menos progresistas lo tendremos mucho peor. Si no avanzamos ahora, cuando sí tenemos posibilidades, luego no podremos quejarnos de lo poco que se ha hecho al respecto, y no será porque no lo estemos denunciando las asociaciones memorialistas.

Avancemos, pero de verdad.

La herida aún abierta en nuestra historia, corre peligro, ya lo está haciendo, de pudrirse: la gangrena se llama ultraderecha y ya la tenemos aquí.

¿Estaremos a tiempo de limpiarla?