“Vivimos un presente marcado por la incertidumbre. La llegada al poder en Estados Unidos de un presidente imprevisible con una retórica antiglobalizadora no hace posible anticipar el futuro”.

 

Todavía no está en el diccionario de la RAE, pero en inglés hace años que se acuñó el término deglobalization, referido a la situación en la que los mecanismos de integración económica internacional se debilitan y las dinámicas nacionales cobran peso frente a las globales.

En octubre de 1929 pocas personas pensaban que el orden económico liberal, trabajosamente construido desde un siglo atrás, saltaría por los aires. La libre migración de personas y capitales y la liberalización del comercio internacional terminaron como consecuencia del colapso de Wall Street y el inicio de la Gran Depresión. Los países que recibían inmigrantes bloquearon su entrada. Los que se habían convertido en receptores de capitales de los países más desarrollados, impidieron su repatriación. Una fortísima elevación de aranceles y la puesta en marcha de otras medidas para atacar los intercambios produjeron una fuerte reducción del comercio. Fue un sálvese quien pueda. La lección que debemos aprender es que el futuro no está escrito y que lo que parece impensable un momento se puede hacer realidad en el momento siguiente.

Vivimos un presente marcado por la incertidumbre. La llegada al poder en Estados Unidos de un presidente imprevisible con una retórica antiglobalizadora no hace posible anticipar el futuro.

Si en la crisis de 2008 echamos la vista atrás para repasar cuáles habían sido las políticas más eficaces frente a la Gran Depresión, ahora nos va a tocar volver a estudiar las consecuencias del colapso globalizador en aquellos años. Por si acaso.

Publicado en Heraldo de Aragón, el 8 de diciembre de 2024.