“Para construir un futuro mejor es necesario que mantengamos nuestro juicio prudente y crítico para no dejarnos llevar por bulos y por visiones interesadas de la realidad; que no nos colonicen el cerebro ni el corazón con el pringue ideológico de la xenofobia, el machismo y todos los negacionismos facilones que circulan por las redes sociales; que no seamos pasivos ante la injusticia; que no nos roben los sueños; que no nos secuestren la mirada; que tengamos el corazón limpio; que conservemos nuestra capacidad de conmovernos”.
El 27 de enero de 2025 se conmemora el 80 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en donde fueron asesinadas más de un millón de personas. Naciones Unidas estableció el 27 de enero como el día internacional en memoria de las víctimas del holocausto. Un día de recuerdo para homenajear a las personas que sufrieron el rigor de los campos de concentración y que fueron masivamente asesinadas en el más atroz de los crímenes contra la humanidad. Este año el lema propuesto para esta conmemoración no apunta exclusivamente al pasado, al recuerdo, a la memoria, a lo que fuimos, sino al futuro, a lo que está por venir: «Por un futuro mejor».
Cuando pensemos en el futuro no hemos de caer en el determinismo estéril, incapacitante y vacío que no nos lleva a ninguna parte. No, nada está escrito. El futuro se construye. El futuro lo hacemos cada día. Somos hoy lo que fuimos ayer y seremos mañana lo que somos hoy. Así están relacionados presente, pasado y futuro. Y es hoy donde hemos de trabajar para reconciliarnos con nuestro pasado y, sobre todo, para construir un futuro mejor.
En psicología social se ha descrito una conducta llamada el síndrome del espectador que podemos resumir en el comportamiento de las personas que se inhiben, que no asumen ninguna responsabilidad ni dan muestras de compromiso alguno ante una injusticia o ante una situación que les alarma, les incomoda o representa un peligro. El sujeto espera que otros, a quienes supone más competencia, más autoridad o más fuerza sean los que actúen. El espectador piensa que otros se ocuparán de lo que él mismo cree que debería hacerse, pero que no lo hace amparándose en que no es su responsabilidad.
Lo cierto es que no podemos inhibirnos. El futuro es responsabilidad de todos, de cada uno de nosotros. Tenemos que actuar como si supiéramos que si no lo hacemos nosotros, nadie lo va a hacer.
El futuro se construye cada día y se construye con memoria y con deseo. El futuro se construye con sueños, con voluntad, con ganas de querer querer, con buenas dosis de utopía, con pasión, con ilusión, con generosidad y con el entusiasmo que siempre es imprescindible para impulsar una obra colectiva. El futuro se conjuga en subjuntivo, que es el tiempo del deseo y en plural porque el futuro que merece la pena siempre se sueña desde el nosotros. Debemos esforzarnos para que el futuro sea una casa común en la que todos quepamos.
Para construir un futuro mejor es necesario que mantengamos nuestro juicio prudente y crítico para no dejarnos llevar por bulos y por visiones interesadas de la realidad; que no nos colonicen el cerebro ni el corazón con el pringue ideológico de la xenofobia, el machismo y todos los negacionismos facilones que circulan por las redes sociales; que no seamos pasivos ante la injusticia; que no nos roben los sueños; que no nos secuestren la mirada; que tengamos el corazón limpio; que conservemos nuestra capacidad de conmovernos. Para construir ese futuro mejor que queremos es preciso que nos esforcemos en ser como nuestras madres y nuestras abuelas quieren que seamos, es decir, buenos, en el buen sentido de la palabra.
Publicado en Heraldo de Aragón el 27 de enero de 2027


