Una nueva forma de hacer las cosas por encima de la ley y de la ciencia
“El acuerdo de 26 de febrero de 2025, del Gobierno de Aragón ha vulnerado la Ley 3/2022, de 6 de octubre, de información geográfica de Aragón al no haber contado con las aportaciones de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón”.
“La suplantación de las denominaciones tradicionales choca con la Ley 10/2015, de 26 de mayo, para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que incide en la protección de la toponimia tradicional como parte de dicho patrimonio inmaterial. Esta ley recoge los principios de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, de 2003 ratificada por España en el año 2006.”
El pasado 17 de marzo de 2025 se publicó en el Boletín Oficial de Aragón (BOA) una Orden del Departamento de Fomento, Vivienda, Logística y Cohesión Territorial mediante la que se dio publicidad al Acuerdo de 26 de febrero de 2025, del Gobierno de Aragón, por el que se aprueban las modificaciones del Nomenclátor Geográfico de Aragón y la denominación de “General Garrido” a una nueva cumbre.
Asegura esta Orden que se está “dando cumplimiento a lo establecido y conforme a lo dispuesto en el artículo 20 apartado 3) de la Ley 3/2022, de 6 de octubre, de información geográfica de Aragón”.
Sin embargo, mucho me temo que esta Orden no da realmente cumplimiento a lo establecido en mentado artículo de la Ley, por cuanto su tenor literal establece que:
El Nomenclátor Geográfico de Aragón será aprobado por el Gobierno de Aragón, a propuesta del consejero o consejera competente en materia de ordenación del territorio, previo informe del Consejo de Cartografía de Aragón y teniendo en consideración las aportaciones al mismo por parte del Consejo Aragonés de Toponimia de Aragón.
En verdad el Consejo de Aragonés de Toponimia de Aragón no existe como tal y nunca ha existido, hasta el punto de que la Ley 3/2022 sólo lo menciona en este artículo 20 sin definirlo previamente. Por el contrario, esta Ley menciona cinco veces a la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, siendo muy relevante la redacción del artículo 8 de la Ley que establece la organización del Sistema Cartográfico de Aragón.
1. El Sistema Cartográfico de Aragón está integrado por el Instituto Geográfico de Aragón, el Consejo de Cartografía de Aragón, la Comisión Técnica de Coordinación Cartográfica de Aragón y la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, sin perjuicio de la existencia de unidades de gestión de información geográfica que puedan crearse en el seno de la Administración autonómica.
(…)
5. La Comisión Asesora de Toponimia de Aragón es el órgano colegiado de carácter consultivo, adscrito al departamento competente en materia de ordenación del territorio, para la determinación de los nombres geográficos a incluir en el Nomenclátor de Aragón.
En definitiva, parece obvio que existe un error manifiesto en la redacción del artículo 20 de la Ley 3/2022, de modo que donde dice “Consejo Aragonés de Toponimia de Aragón” debería decir “Comisión Asesora de Toponimia de Aragón”, que no es lo mismo, pero es igual.
Efectivamente, mediante la Orden VMV/218/2016, de 10 de marzo, se creó la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón como un órgano consultivo colegiado, técnico y especializado para informar y asesorar al Consejo de Cartografía de Aragón, en el proceso de elaboración y aprobación del Nomenclátor de Aragón. Entre sus funciones está la de emitir informe vinculante posterior al informe del Consejo Cartográfico de Aragón. En todo caso, subrayo lo de “técnico” porque más de uno ha querido ver fantasmas en esta comisión haciendo bueno aquello de que “cree el ladrón que todos son de su condición”.
Este carácter técnico de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón se hace patente al constatar los vocales que la componen:
• El Director del Instituto Geográfico de Aragón.
• Un representante de la Universidad de Zaragoza, experto en la materia, designado por ésta.
• Un representante designado por cada una de las siguientes instituciones, de entre sus miembros: Instituto de Estudios Altoaragoneses, Instituto de Estudios Turolenses, Institución Fernando el Católico.
• Un máximo de cinco expertos de reconocido prestigio designados por el titular del Departamento competente en materia de Ordenación del Territorio
Es cierto que, tanto la presidencia como la vicepresidencia de la Comisión, recae sobre cargos políticos, pero como secretario de la Comisión puedo certificar que, desde su creación en 2016 y hasta 2023 jamás se adoptó un acuerdo en contra de los criterios estrictamente técnicos que formulaban los vocales. Y hay que decir que esta Comisión ha contado con los mejores expertos en toponimia de Aragón.
Digo hasta 2023 porque durante el periodo el período 2016-2023 la Comisión desarrolló un intenso trabajo, reuniéndose en treinta ocasiones y revisando varios miles de topónimos.
Sin embargo, con la llegada del Gobierno PP-Vox en 2023, la actividad de la Comisión cesó por completo y nunca más se volvió a convocar reunión alguna… ¡pero la Comisión sigue existiendo y así aparece en vigente ley 3/2022!
No olvidemos que el preámbulo de la ley 3/2022 recoge de forma expresa que:
(…) se mantiene vigente la Orden VMV/218/2016, de 10 de marzo, por la que se crea y regula la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, norma reglamentaria en la que se desarrolla su régimen jurídico.
Todo ello nos conduce a una primera conclusión de carácter jurídico:
El acuerdo de 26 de febrero de 2025, del Gobierno de Aragón ha vulnerado la Ley 3/2022, de 6 de octubre, de información geográfica de Aragón al no haber contado con las aportaciones de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón.
Así las cosas, cabe preguntarse si este acuerdo goza de validez legal.
Un listado más que mejorable
Mal empezamos, por tanto, con el planteamiento de este Acuerdo, pero peor continuamos cuando analizamos su contenido y contemplamos un listado lleno de errores groseros, omisiones, repeticiones, incoherencias y hasta faltas de ortografía.
En el fondo, nada sorprendente cuando desarrollas un trabajo técnico dejando de lado a los mejores expertos. No es que la administración no cuente con buenos técnicos entre sus funcionarios. En absoluto. Vayan todos mis respetos hacia mis compañeros que trabajan en el Instituto Geográfico de Aragón (IGEAR) y con quienes se trabajó hombro con hombro en ese periodo de actividad de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón. Pero es que el lGEAR cuenta con personal limitado y las cuestiones toponímicas requieren conocimientos específicos de filología más allá de las ciencias geográficas y cartográficas. Cada uno llega hasta donde llega y el no poder contar con un órgano consultivo cualificado empobrece necesariamente el resultado.
Es obvio que desde el IGEAR estarían encantados de poder seguir trabajando con la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, pero las decisiones políticas de unos dirigentes poco sensibles a la realidad cultural de Aragón se han impuesto por encima de cualquier aspecto técnico… ¡o incluso jurídico! tal y como acabamos de concluir.
Analicemos ahora el listado aprobado por el Gobierno de Aragón con todas sus incoherencias:
En primer lugar, el listado incluye nombre inventados que en algunos casos son de origen desconocido y en otros se sabe quién fue el “inventor”.
Así, por ejemplo, el “Pico Bonneco” supuestamente situado en la frontera entre Aragón y el departamento de Haute Garonne, no sólo no existe, sino que no se corresponde ni con un patronímico conocido ni con ninguna posible etimología local, lo mismo que el “pico Matamujeres” o la “Raspa de la Plana”. No se sabe quiénes fueron los inventores, pero sus citas en internet no representan ningún aval. Si así fuera, podríamos hablar perfectamente –por ejemplo– del “Reino de Catalunya” que también está citado en internet.
Y hablando de nuestros vecinos catalanes, en algunos de los nombres inventados que aparecen en el listado, sí que sabemos quién fue el autor, como por ejemplo en el caso del “Incisivo oriental de Alba”, topónimo creado por la imaginación de Miquel Capdevila en su obra Los tresmiles en treinta jornadas.
Finalmente, lo de introducir como nombre un tal “Pico Anónimo” parece casi una broma incluirlo en un listado toponímico. Sería algo así como publicar una lista de aprobados en una oposición en la que figurase un tal “Señor No sabemos”.
En segundo lugar, llama la atención la aceptación de patronímicos franceses (que a veces ni siquiera son los nombres locales occitanos) para cumbres fronterizas que ya tienen un nombre aragonés. Así nos encontramos con topónimos como “Demeure Lagarat”, “Marioules” (La Forqueta) o la “Arista del Bondidier” (“el Bondidier” no es otro que Louis Le Bondidier), éste último ubicado íntegramente en territorio aragonés. Tampoco se entiende que se dé por válida la invención de la “Aguja Schmidt-Endell” en honor a los montañeros alemanes Hans Schmidt y Kurt Endell.
En tercer lugar, nos encontramos con una serie de transcripciones que deforman completamente la esencia de un nombre. En el listado aparecen supuestos topónimos tales como “Pico de la Cuta”, “La Cuta” o la “Cuta baxa”. Estas presuntas “Cutas” son en realidad “Acutas”. Digamos que aquí ocurre como aquello de “yo viajaba en el amoto” pero al revés. Cuando uno escucha “puntacuta”, la transcripción correcta no es Punta Cuta sino Punta Acuta. Se trata, ni más ni menos, que de puntas “agudas”, que es lo que significa “acuta” en aragonés. Me temo que algo parecido ocurre con el “Pico Olibón” que además aparece repetido, pero con diferentes coordenadas… ¿no será el Pico l’Ibón? Si ignoramos la lengua original de la que provienen los topónimos, mal vamos.
Y así ocurre en otros topónimos del listado como la “Raya de la Poza” que debería ser “ralla”, que es la palabra en aragonés para designar una pequeña alineación montañosa. Del mismo modo… ¿qué necesidad hay en castellanizar el “Chinebral de Gamueta” convirtiéndolo en “Ginebral de Gamueta” o de transformar San Beturián en “San Victoriano”, nombre este último que seguramente no utiliza jamás ni un solo sobrarbense. En cuanto a “Estatas”, esta transcripción castellanizada hace irreconocible el topónimo original, que no es otro que “Es Tatats”.
Esta inconsistencia lingüística también queda reflejada en la duplicidad de nombres tales como “Agujas de Posets” y “Agulles de Posets” (esta última la forma correcta) y que aparecen como dos entidades diferentes y con coordenadas distintas. En el caso del “Soto d’o Güerta” se agradece que casi parezca escrito en correcto aragonés sino fuera por la falta de concordancia en el género.
En cuarto lugar, bajo el epígrafe de “PICOS 2000” aparecen aristas, brechas, collados, miradores, comas, fajas, foraus … es decir, accidentes geográficos que no son “picos” y cuya inclusión denota falta de rigor.
Finalmente, existen varios errores menores que vuelven a poner de manifiesto esa falta de cuidado a la hora de presentar un listado en un boletín oficial, que más parece el producto del trabajo de un alumno mediocre de secundaria. “Salvaguarda” debería ser “Salvaguardia”, “Alamo” es en realidad “Alano”, en la “punta de las Neiss” aparecen dos eses seguidas, perpetuando un error que se viene recogiendo en diversas cartografías, y así muchos otros detalles.
“El texto del BOA aprueba la denominación de “General Garrido” a una nueva cumbre. En verdad no se trata de una “nueva cumbre” pues ya estaba allí desde hace varias decenas de millones de años y, seguramente, ya contaba con una denominación tradicional desde hace unos cuantos cientos de años y que sería preciso investigar…”
Antes y después
La mayoría de los errores comentados se refieren al capítulo del listado denominado “PICOS 2000” y que parece un remedo del “proyecto tresmiles” que abordó la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón allá en el año 2016.
Si en aquella ocasión de los “tresmiles” cada topónimo fue analizado, documentado y debatido a lo largo de larguísimas sesiones, está claro que este listado se ha confeccionado con una rapidez pasmosa y solo así se explica el cúmulo de errores detectado.
Ahora cabría preguntar lo mismo que los ruidosos detractores de la lista de los “tresmiles” preguntaron al Gobierno de Aragón a través de una queja al Justicia de Aragón. En ella manifestaban “su disconformidad con las denominaciones aplicadas por considerar que carecen de suficiente apoyo documental —o de cualquier otra índole- toponímico histórico que justifiquen su elección”, lo cual derivó en la solicitud del Justicia de un informe sobre:
“1. Los criterios considerados por la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón para la concreción de los nombres oficiales de las cumbres aragonesas incluidas en el “Proyecto Tresmiles”.
2. Los soportes documentales considerados por la misma comisión para justificar la decisión de denominar de una manera u otra a estas 160 cumbres; con especificación e identificación individual de cada uno de estos nombres.
3. Si ha existido alguna forma de participación ciudadana en este proceso; en caso de respuesta afirmativa, en qué ha consistido este y cuál ha sido su resultado.”
Para la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, resultó muy fácil responder a estas cuestiones, con un informe cuya transcripción literal fue la siguiente:
“La Comisión Asesora de Toponimia (en la que participan, además del Gobierno de Aragón, la Institución Fernando el Católico, el Instituto de Estudios Altoaragoneses, el Instituto de Estudios Turolenses, la Universidad de Zaragoza y reconocidos expertos en materia de toponimia) abordó la tarea de revisión de la toponimia de las cimas de más de tres mil metros ante la situación de confusión de nombres entre las distintas fuentes y la suplantación de la toponimia autóctona que se ha ido produciendo en las últimas décadas, y que se remonta incluso a los primeros estudios pirenaicos realizados principalmente por militares franceses en los inicios del siglo XIX.
La recuperación de estos nombres autóctonos se enmarca dentro de los esfuerzos por conservar el patrimonio inmaterial que constituye la toponimia de Aragón. Por citar ejemplos conocidos a nivel internacional, es el mismo caso del cambio de nombre del monte Denali en Alaska, que desde 1896, y de forma oficial de 1917 a agosto de 2015, se denominó monte McKinley en homenaje al 25° presidente estadounidense, William McKinley, o el caso de Uluru en Australia, conocido como Ayers Rock desde 1873 cuando se le puso el nombre del entonces primer ministro de Australia Occidental.
En el proceso de elaboración de la lista de nombres se siguieron los siguientes pasos:
– Recopilación de fuentes. Se recogieron una decena de fuentes cartográficas oficiales y de publicaciones de amplia difusión sobre el tema, extrayendo las distintas versiones de nombres.
– Identificación de cimas. Utilizando los últimos datos LIDAR se seleccionaron aquellas elevaciones que cumpliesen el criterio de tener más de 10 metros de elevación sobre el entorno circundante, además de alcanzar la cota 3.000 sobre el nivel medio del mar en Alicante (altura ortométrica).
– Entrevistas a informantes de la zona. Se realizaron entrevistas con habitantes de la zona conocedores del entorno, recogiendo las denominaciones locales
– Debate etimológico y ortográfico dentro de la Comisión de Toponimia. Con los datos recogidos se analizaron las versiones y se llegó a un consenso sobre la denominación que cumpliese los criterios léxicos y ortográficos dentro del ámbito lingüístico correspondiente (aragonés, aragonés ribagorzano, castellano).
Participación ciudadana en el proceso:
En el pleno de la Comisión de fecha 7 de febrero de 2017 se acordó validar una lista provisional para su envío los ayuntamientos correspondientes. Con fecha de 13 de marzo se envió la lista de nombres a todos los municipios afectados a los efectos de que se comunicara cualquier error u omisión antes del 15 de abril de 2017. Se obtuvieron tres respuestas, por parte de los ayuntamientos de Sallent de Gállego, Bielsa y Sahún que se analizaron de nuevo en la Comisión de Toponimia.
Los ayuntamientos de Sallent de Gállego y Sahún se limitaron a hacer alguna observación puntual, mientras que el de Bielsa cuestionó algunas denominaciones de cumbres compartidas con otros valles, a lo que se le contestó que se había optado por una doble denominación respetando también la versión del municipio contiguo.
La lista de nombres propuestos se presentó al Consejo Cartográfico de Aragón, que la aprobó en su reunión de 29 de mayo de 2017.”
En el caso concreto de Bielsa, hay que señalar que el mejor conocedor de la toponimia belsetana, Ángel Luis Saludas “Barré” escribiría poco después públicamente lo siguiente:
“En relación con la polémica lista de los tresmiles que aprobó el Gobierno de Aragón en Junio del 2017, y que continúa coleando en su revista de montaña Desnivel, y los foros que de ella dimanan, así como en otros medios, ensañándose algunos de sus colaboradores con la Comisión de Toponimia, por lo que me gustaría hacer algunas aclaraciones.
Escribo por considerar injusto este tratamiento hacia la Comisión y las personas que la integran, así como hacia todos los montañeses y montañeros que queremos estas montañas aragonesas con respeto a las personas que viven o han vivido en ellas así como a sus costumbres y lengua.
Como natural de una de las aldeas de Bielsa, en la que vivo dedicándome a la ganadería, simplemente aclarar que los nombres que aparecen en la lista de la comisión son los correctos en este valle y los aledaños.
Siempre hemos dicho L’Almunia por La Munia, la Punta las Loseras al Pico de Sierra Morena, simple traducción del francés Pic de Serre Mourène, los Marmorés y no Marboré son el Marmorés d’el Cul Gran y Marmorés d’el Cul Chicot, a los que les dicen Astazus, deformación de la forma gascona Eths Estazons y de la de Broto Os Estazons que a ellos les pertenecía esta montaña por la cara N. El Mallo Marmorés al Cilindro de Marboré, traducción de Le Cilindre de Marboré, Pico Plan de Marmorés al Pico Marboré, el Mallo Tormosa y la Punta Tormosa a los Pics Baudrimón, así como la Repunta las Neveras al Pico de Esparets y, aunque nosotros en la Valle Bielsa decimos la Punta de las Tres Herodes al afamado Monte Perdido que, como tantos otros, no es más que una traducción al castellano del bautizo francés de Mon Perdu, e incluso alguna persona mayor del valle ha empleado la forma Mon Perdito, una traducción a nuestra lengua -el Aragonés Belsetán- pero poco usual, reconocemos que la forma más empleada de todo Sobrarbe, incluso otras muchas comarcas de Aragón, es la forma Punta Treserols.
Así informamos a los investigadores de la comisión en las repetidas ocasiones que nos consultaron. Esto es una pequeña muestra del mal y de lo mal que se ha hecho y se sigue haciendo con este patrimonio de todos que es la toponimia de nuestros pueblos y valles.
Se le ha dado importancia a los Tresmiles por lo que conlleva para los montañeros y turistas, pero al resto de la toponimia le sucede lo mismo, decimos Tringonier y no Trigoniero, la Valle Verde y no el Valle de Pineta, el Volán de Marmorés y no el Balcón de Pineta, es el Puerto de la Forqueta y no el Puerto de Bielsa, son Es Gorgos o Ibons d’el Tromacal y no los Lagos de La Munia, la Conchesta de Marmorés y no el Glaciar de Marboré, la Punta el Garién y no el Pico del Forcarral deformación de la partida de El Felcaral que se encuentra mil metros más abajo y así sucesivamente con la mayor parte de los nombres de nuestros montes y montañas, como sucede en los valles vecinos del Pirineo Aragonés.
No sé si esto ha sucedido por el egocentrismo y autosuficiencia de los primeros pirineístas –y algunos de los que han venido después– o por desconocimiento de nuestra lengua, el aragonés.
Nosotros y nuestros antepasados también tenemos una parte de culpa, por la dejadez de no protestar ante tamaños errores, unas veces por desconocimiento de esos usos o de las cartografías y otras por la mera necesidad de sobrevivir y convivir en estas tierras de turismo.
Lo que sí ha de quedar claro es que los miembros de la Comisión de Toponimia preguntaron y se les informó.”
Llegados a este punto, uno se pregunta qué respondería el Gobierno de Aragón si a través del Justicia de Aragón se le formulase ahora la misma pregunta que le llegó entonces a la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón… ¿Acaso –por ejemplo– han consultado a los municipios afectados? ¿Ha habido trabajo de campo con la población local? ¿Se ha contado con los mejores expertos?
Me pregunto si ese ruidoso grupito de montañeros y apegados que pusieron entonces el grito en el cielo abrirán ahora la boca. Mucho me temo que no, por cuanto su ira estuvo siempre teñida de un tufillo político que les llevó a denominar “lista Soro” a la lista de los tresmiles, como si dicha lista hubiese sido un invento del entonces Consejero de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda.
En definitiva, si antes concluíamos que el acuerdo de 26 de febrero de 2025, del Gobierno de Aragón había vulnerado la legalidad vigente al ignorar a la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, se constata además que esta mala praxis jurídica ha condicionado las graves deficiencias técnicas del listado ahora aprobado por el Gobierno de Aragón.
La cumbre “General Garrido”
El reciente anuncio en el BOA modificando el Nomenclátor, distingue –por un lado– la incorporación de varios cientos de topónimos de la singularidad del bautizo de una cumbre como “General Garrido”. El texto del BOA aprueba la denominación de “General Garrido” a una nueva cumbre.
En verdad no se trata de una “nueva cumbre” pues ya estaba allí desde hace varias decenas de millones de años y, seguramente, ya contaba con una denominación tradicional desde hace unos cuantos cientos de años y que sería preciso investigar… ¿Por qué introducir de repente un nombre así? ¿Es esta una forma adecuada de honrar la memoria de una persona?
Para empezar, he de decir que me resulta violento reflexionar públicamente sobre esta cuestión, por cuanto respeto profundamente el dolor que sufrió la familia Garrido con el horrible asesinato que cometió la banda terrorista ETA en aquel aciago 25 de octubre de 1986.
Unos años antes, al empezar yo la “mili” en 1981 en Candanchú, supe de un chaval llamado Fernando Garrido, que decían que había heredado de su padre el amor por la naturaleza y la vida al aire libre y que entonces ya destacaba por su arrojo en la montaña. Nada sospecharía Fernando que poco después asesinarían a su padre, Rafael (entonces General de Brigada y Gobernador Militar de Guipúzcoa), a su madre Daniela y a su hermano Daniel de 21 años. En el atentado murió también una joven portuguesa que pasaba por allí y además varias personas fueron heridas de diversa consideración.
Me resulta imposible comprender lo que pudo sentir entonces Fernando u otros miembros de la familia. Dolor, rabia, desesperación… No hay palabras. Para hacer el tormento todavía más profundo, a la habitual indiferencia ciudadana hubo que añadir el abyecto regocijo de conocidos sectores radicales.
Por todo ello, no quisiera yo bajo ningún concepto deshonrar la memoria de un hombre asesinado –junto a esposa e hijo– y de una familia destrozada y marcada para siempre. El nombre “General Garrido” puede figurar en calles, en pabellones o en cualquier otra obra humana. Es una forma tradicional de homenajear a una persona destacada que ya no está y que, en un caso como este, supone una mínima reparación de esa indiferencia social que mencionaba antes.
Sin embargo, creo que no es buena idea comenzar a rebautizar montañas cambiando sus nombres tradicionales por el de personas destacadas, sean montañeros o no, pues pienso que no es el lugar adecuado donde inmortalizar su recuerdo.
La suplantación de las denominaciones tradicionales choca con la Ley 10/2015, de 26 de mayo, para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que incide en la protección de la toponimia tradicional como parte de dicho patrimonio inmaterial. Esta ley recoge los principios de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, de 2003 ratificada por España en el año 2006.
Asimismo, la resolución IX/4 de la Novena Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Normalización de los Nombres Geográficos, celebrada en Nueva York, en agosto de 2007, puso el foco en la toponimia, de conformidad con el párrafo 3 del artículo 2 y el artículo 18 de la antedicha Convención.
En resumen, la reciente denominación de una cumbre como “General Garrido” debería considerarse como una excepción que no debe sentar un precedente.


