“Al PAR y al PP no les importó ni les importa el campo, ni el Real Zaragoza, sino los intereses de sus amigos propietarios de los suelos, pues el PP expuso claramente que el nuevo estadio de fútbol se ubicaría en una parcela del barrio de San José. […] Tenían una propuesta de nuevo campo en San José, pero por si fracasaba, el PP-PAR había pensado otro proyecto, diseñado por Ricardo Bofill en el área urbana de expansión de Valdespartera. […] Ya en los tiempos actuales todo ha vuelto al principio. La Romareda se está rehaciendo en su actual ubicación, esa por la que apostó Chunta Aragonesista. […] Tras 20 años, se ha pasado de 70,7 millones de euros a más de los 200 actuales”.
Las obras de reconstrucción del estadio de fútbol de La Romareda iban a comenzar el 17 de abril de 2006 pero a raíz de un auto judicial, debido a un recurso presentado por el PAR, se evitó que las obras iniciaran. El auto ordenó la paralización cautelar del proyecto impulsado por Chunta Aragonesista (CHA) en el gobierno municipal de Zaragoza. Y ya han pasado casi 20 años. El objetivo de esa denominada “operación Romareda” fue echar a CHA del gobierno municipal para tener vía libre a la especulación urbanística pura y dura.
Al PAR y al PP no les importó ni les importa el campo, ni el Real Zaragoza, sino los intereses de sus amigos propietarios de los suelos, pues el PP expuso claramente que el nuevo estadio de fútbol se ubicaría en una parcela del barrio de San José.
El auto judicial cuestionó la legalidad del sistema de permuta para financiar las obras, que consistía en que la unión de empresas Sacyr y Acciona acometerían la reconstrucción de La Romareda a cambio de una parcela de 42.500 metros cuadrados situada junto al estadio. Se destinarían a usos terciarios, como un centro comercial y oficinas. Además, al Real Zaragoza se le compensaría con el aprovechamiento comercial de otros 12.000 metros cuadrados. Las obras estaban valoradas en 70,7 millones de euros. Una gran decisión que beneficiaba a la ciudad de Zaragoza y al Real Zaragoza.
Adujeron que había dudas de legalidad sobre esta fórmula. Fue su razonamiento central con el que justificaron la paralización de las obras, pero simplemente fue un tema de especulación. Un golpe muy organizado desde diferentes ámbitos mafiosos, un gran fraude, un robo encubierto que no salió en los medios de comunicación. Con esta operación, algunos se hacían más ricos y de paso, se cargaban a un partido “peligroso” que molestaba a sus intereses bastardos.
Tenían una propuesta de nuevo campo en San José, pero por si fracasaba, el PP-PAR había pensado otro proyecto, diseñado por Ricardo Bofill en el área urbana de expansión de Valdespartera.
Desde Chunta Aragonesita se les acusó de acudir a los juzgados, una vez que vieron que sus tesis fracasaran en el ámbito político. O sea, en el debate democrático. Para estos partidos, democracia es solo cuando triunfan sus posiciones. Los mafiosos necesitaban que alguien les echara una mano. Y así fue. Un juez dijo que había indicios de ilegalidad en los trámites y las obras se paralizaron. La realidad es que el PP y el PAR impidieron que se construyera el nuevo campo de fútbol. Han pasado 20 años. Casi los mismos que el desastre zaragocista. Del Real Zaragoza solo queda su pasado y sus sufridos aficionados.
Pero todas esas apuestas mafiosas decayeron, pues distintas situaciones y motivos sobrevenidos, derivados de la gran crisis económica e inmobiliaria del año 2008 y posteriores, reventaron su estrategia. Esta gran crisis junto a otros elementos que surgieron, provocaron que fueran inabordables las burdas iniciativas, los movimientos rastreros y los objetivos antidemocráticos de estos partidos y de sus amigos especuladores.
Ya en los tiempos actuales todo ha vuelto al principio. Es para reír y para llorar. La Romareda se está rehaciendo en su actual ubicación, esa por la que apostó Chunta Aragonesista.

Ahora, tristemente, los gobiernos del PP en el ejecutivo de Aragón y en el ayuntamiento de Zaragoza se han convertido directamente en agentes empresariales, en gobiernos constructores para beneficiar a particulares concretos, en especuladores, aunque lo quieran envolver de creación de nuevos equipamientos ciudadanos. La sociedad que constituyeron ya está ejecutando las obras del nuevo campo, que se presupuestó inicialmente en 168.845.917 euros, una cifra que se ha ido al alza, siendo actualmente muy superior, pues ya está recurriendo a ampliaciones de capital y préstamos participativos, en lugar de utilizar financiación externa, lo que les permitirá eliminar la carga financiera prevista inicialmente y, así, eliminarán el riesgo de que la deuda de la sociedad le sea computada al Ayuntamiento de Zaragoza. Ingeniería financiera. O sea, tras 20 años, se ha pasado de 70,7 millones de euros a más de los 200 actuales.
Ojalá el nuevo campo beneficie a Zaragoza y al país. Ojalá las nuevas instalaciones acompañen al resurgir del Real Zaragoza y así ayude, en lo que significa, a la autoestima de los aragoneses como pueblo. Soy un sentimental, uno de esos accionistas que querían un Zaragoza propiedad de los socios. Sin embargo, las nuevas sociedades deportivas, o sea, el capitalismo salvaje se llevó todo por delante. Y una parte de la actual sociedad cabalga en esta locura desatada. Esta sociedad tiene que bajar el balón al suelo y reflexionar. Yo, como otras personas y otros zaragocistas queremos jugar este partido.


