“… ha surgido un nuevo concepto: el de la “remigración”, esto es, la exigencia de llevar a cabo una deportación masiva de migrantes, algo en lo cual están empeñados los distintos partidos ultraderechistas europeos, y también, las políticas de Donald Trump en los Estados Unidos, cada vez más reaccionarias y contrarias a los derechos humanos y a los valores democráticos”.

 

Cuando en febrero de 2020 Miguel Urbán presentaba su libro titulado La emergencia de Vox, el citado autor ya nos advertía de que estábamos “ante una ola reaccionaria global” y que, por ello, era necesario “construir un antifascismo para el s. XXI”.

Por su parte, Juan José Fernández, en su artículo “Las nuevas estrategias de la galaxia ultra”, publicado en El Periódico de Aragón el 20 de julio de 2025, refiriéndose al caso de España, señalaba que:

“El magma de la extrema derecha evoluciona de un falangismo local español a un neonazismo más continental, [más europeo] que tiene su pilar común en el rechazo al inmigrante musulmán magrebí y en esa confrontación con el establishment liberal constitucional”.

Este contexto de auge de movimientos ultras, el tema de la inmigración, así como el de la inseguridad ciudadana, real o imaginaria, han dado alas a este preocupante crecimiento, tanto social como electoral, de las posiciones de la ultraderecha. Como ejemplo recurrente recordamos el caso de los incidentes ocurridos en julio de 2025 en la localidad murciana de Torre Pacheco, población de 41.000 habitantes y con un 30% de población migrante. Estos sucesos, divulgados hábilmente por los grupos ultras a través de las redes sociales, tuvieron una audiencia estimada de 51 millones de personas, lo cual nos indica la rapidez, extensión y peligrosidad de las soflamas ultras difundidas por estas “milicias digitales” y el perverso eco de las mismas en la sociedad actual. En consecuencia, los sucesos de Torre Pacheco supusieron, lamentablemente, una exitosa campaña que tenía por objeto desestabilizar el orden público con el argumento recurrente de los grupos ultraderechistas de “exigir la deportación de los inmigrantes delincuentes”.

En este contexto ha surgido un nuevo concepto: el de la “remigración”, esto es, la exigencia de llevar a cabo una deportación masiva de migrantes, algo en lo cual están empeñados los distintos partidos ultraderechistas europeos, y también, las políticas de Donald Trump en los Estados Unidos, cada vez más reaccionarias y contrarias a los derechos humanos y a los valores democráticos. Esta campaña ha cobrado renovada fuerza tras la cumbre ultra denominada “Remigration Summit” celebrada en la ciudad italiana de Milan en mayo de 2025 y en la que se reivindicaba de forma entusiasta las deportaciones masivas promovidas por los partidos ultras europeos. Desde entonces, esta peligrosa campaña xenófoba y racista se ha ido divulgando ampliamente por las redes sociales, como es el caso de la plataforma Telegram  Deport Them EU, un canal dedicado a extender el odio a los migrantes.

Ante semejante panorama, la tarea de nosotros, los demócratas, pasa por actuar decididamente contra el auge de las actitudes xenófobas y racistas, rebatiendo sus bulos y la injusta criminalización de los migrantes y destacando la aportación de éstos al conjunto de la economía nacional. Por su parte, desde los poderes públicos, se debe exigir la intervención de las fiscalías delegadas de Delitos de Odio y el del control por parte de la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad del Ministerio del Interior para frenar esta marea de mensajes xenófobos y racistas que se expanden por las redes sociales. Y, junto a todo ello, tampoco debemos de obviar la necesidad de combatir la delincuencia, tenga el origen que tenga, sin adjetivos étnicos, para evitar que la bandera de la inseguridad ciudadana, como ha ocurrido hasta ahora de forma perversa e intencionada, sea enarbolada por una extrema derecha global cada vez más amenazante.

 

Publicado en El Periódico de Aragón el 12 marzo 2026)