“Se empieza con la desafección (incentivada, desde luego, por algunos partidos políticos) con las instituciones y se termina por aplaudir a un tirano en la esperanza de que él sí mejore tu vivir cotidiano y nada más lejos de la realidad”.
Es deprimente. Pensamos que la revolución ya sería imposible. Los sistemas de control son demasiado extensos, desde la sutilidad imposible del algoritmo, las falsedades aceptadas, nuestra pasividad de simples consumidores de donadores de “likes” sin olvidar toda la parafernalia tradicional: jueces defensores del sistema a machamartillo, policías brutales, ejércitos multinacionales empresarios tecnooligárquicos de reciente pero estelar aparición.
Seguimos creyendo, equivocadamente, que el progreso es imparable, que las ventajas sociales conseguidas son irreversibles, craso error.
El “Estado de Bienestar”, la clase media, productos iniciales de la “guerra fría” son concesiones del capitalismo del primer mundo para tener paternalistamente contento al proletariado, no fuera ser que les diera por el comunismo.
Como esa guerra, llamada fría (que se lo digan a tantos pueblos, como el vietnamita, al frente) la ganaron, desde entonces la clase capitalista ha mostrado una envidiable capacidad para construir crisis instrumentales. Muy lejos del axioma sobre las crisis de ese sistema que acabarían con él, que vaticinaba el marxismo.
La burguesía ha mostrado una envidiable capacidad de adaptación, había que cobrar el botín, no en vano se había ganado la guerra.
Así que el siguiente paso sería la destrucción del statu quo creado tras dicha guerra. Desmontar la falacia de la clase media, crisis preconstruidas tras cada una de las cuales la desigualdad social crece cada vez más. Desmontar ya el “Estado del Bienestar” muy lejos de haber sido concluido en ninguna parte. Se convence a la gente para votar por opciones que no ocultan su odio al socialismo y a la justicia social, consideradas perversas para los que quieren dar pista libre a los abusos de las grandes empresas multinacionales.
Es un fenómeno mundial. Los bancos se forran con operaciones de alto riesgo y luego, cuando quiebran, echan mano de “papá Estado”, es la colaboración pública-privada: beneficios privados (y a ser posible sin pagar impuestos, claro) y pérdidas públicas.
¿Quién dijo que la educación es un derecho? ¿y la sanidad y las jubilaciones? todo una estafa, según los ultraliberales y sus voceros de las redes sociales.
Los Estados Unidos ya no se ocultan, ya no camuflan sus operaciones financieras llevadas a cabo por sus fuerzas armadas y ya no es la lucha por la democracia contra el dictatorial oso ruso. Es solo una nación que triunfó en la Guerra fría y está cobrándose sus beneficios.
Dar una imagen de multilateralidad, organizaciones supranacionales, respeto al derecho internacional ya no está de moda, todo vale a nivel interno y en política internacional.
Asistimos a genocidios y dando a una tecla del ordenador creemos que vamos a influir para pararlo, vuelan un colegio con más de doscientas niñas y se siguen presentando como nuestros aliados a los que tenemos que apoyar en esas brutales acciones so pena de ser estigmatizados dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero lo cierto es que ya todo da igual: abuelos asfixiados con una atención médica a la que tenían pleno derecho negada; juergas en compañía, mientras se ahogan cientos de personas y la gente le sigue votando. Es una gran locura. Se anuncia una regresión social de dimensiones impresionantes.
Piketti anunció a los modernos capitalistas que iban a acabar destruyendo el mundo tal y como como lo conocemos si no hacían un nuevo contrato social pero la depredación sin freno, que llevará a nuestra propia extinción, está más cerca que nunca. Los tecnoligarcas no tienen medida lo quieren todo y lo quieren ya.
Ya no vale con el trumpismo, con los ultra neoliberales, con la destrucción de los derechos de la mayoría social, ahora quieren hacer experimentos en algunos lugares del mundo sin ocultar que consideran que la democracia liberal, tal y como la conocemos, es un estorbo. Van a crear estados en los que, directamente, van a gobernar las tecnológicas, sin elecciones, sin derechos, sin impuestos, sin Estado. Un panorama post apocalíptico al que nos vamos acercando, en gran medida, por la desilusión de la ciudadanía para con sistemas que se han comenzado a deteriorar antes de asentarse definitivamente.
Se empieza con la desafección (incentivada, desde luego, por algunos partidos políticos) con las instituciones y se termina por aplaudir a un tirano en la esperanza de que él sí mejore tu vivir cotidiano y nada más lejos de la realidad.
Lo cierto es que todos somos cómplices: nuestras fobias, nuestro odio por el distinto, nuestro acomodamiento, nuestro egoísmo y nuestra indiferencia nos han convertido en perfectos objetivos para este nuevo estado feudal que amenaza con tragárselo todo. Habremos de despertar del letargo consumista, si no el retroceso de la civilización ya llegará a todos los rincones del mundo.
Acordémonos de que la civilización se da por el apoyo mutuo, la solidaridad, cuidarnos de otros. Libertad, igualdad, fraternidad, es un lema liberal del que los nuevos dueños del mundo solo conservan lo de libertad, olvidándose de explicar que es solo para ellos, a el común del pueblo solo le sirve para consumir, esta es su única libertad, aunque a muchos parece que crean que es bastante. Espero equivocarme. Espero que el meteorito no caiga. Pero veo una humanidad cada vez más manipulable, más sumisa, más engañada. Espero que, un día, levantemos los ojos y veamos que algo hay que hacer, que nos va el futuro en ello y que lo hagamos más pronto que tarde.
¡Ah! y no le preguntes por esto a la IA, sería un grave error.




