“Obligado a convocar elecciones, la negociación para formar gobierno no puede dar fruto hasta que no se cierre la de Extremadura. Es como esas bodas antiguas, en las que el hermano pequeño no podía casarse hasta que lo hiciese el mayor (la misma norma valía para las hermanas); todo muy tradicional. Hasta entonces, callar, sonreír y acatar”.

«El ejército español nunca retrocede, da media vuelta y sigue avanzando». Probablemente algo así pensó Jorge Azcón tras conocerse los resultados de las elecciones anticipadas convocadas por él para el 8 de febrero, para conseguir la mayoría absoluta y no tener depender de Vox. En ellas, el PP retrocedió 9.429 votos, el 1,33% de los válidos y perdió dos diputados, mientras que Vox duplicó su representación. Nada de esto amilanó a Azcón, que presentó como un éxito lo que no fue sino un fracaso, el único cosechado en esta tanda de elecciones por los presidentes autonómicos del PP.

Tal vez recordase también las palabras de Eloy Suárez (Heraldo de Aragón, 15 de febrero de 2026): «Gobernar no es ocupar un despacho. Gobernar no es posar para la foto, firmar papeles o recitar discursos solemnes», defendiendo a Azcón por convocar elecciones cuando comprobó que no podía aprobar los presupuestos. No dijo nada, pero mejor así, no fuese a hacerse un lío y pensar que, en tal caso, debería de haberlas convocado un año antes. Si la afirmación de Suárez vale para 2026 también vale para 2025, cuando Azcón tampoco fue capaz de aprobarlos. Por tanto, durante un año ha ocupado un despacho, posado en infinitas fotos y recitado discursos solemnes. Mejor no decir nada.

Por su parte, el 23-F el PP publicó un decálogo que se debe cumplir en las negociaciones para formar gobiernos autonómicos en el PP. El decálogo incluye el «acatamiento del reparto competencial actualmente existente en España», o sea que nada de recentralización. Algo difícil de conciliar con las declaraciones hechas el 13 de marzo de 2025 por quien se perfila como vicepresidente del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco: «las autonomías son una basura, estamos para reventarlas desde dentro». Cuando en su toma de posesión prometa o jure «cumplir y hacer cumplir el Estatuto de Autonomía de Aragón», habrá que preguntarle a Azcón si se lo cree (pero muy probablemente estará callado o dirá que es lo que han querido los ciudadanos).

Otra disposición de decálogo era el compromiso de aprobación de cuatro presupuestos, algo muy conveniente para el PP, no sea que las reivindicaciones de Vox vayan en ascenso (o de nuevamente la espantada, como ya ha hecho).

Obligado a convocar elecciones, la negociación para formar gobierno no puede dar fruto hasta que no se cierre la de Extremadura. Es como esas bodas antiguas, en las que el hermano pequeño no podía casarse hasta que lo hiciese el mayor (la misma norma valía para las hermanas); todo muy tradicional. Hasta entonces, callar, sonreír y acatar.

Pero, lo que debe ser más triste es no pintar nada en el PP. Por supuesto, Azcón es muy bien recibido en las manifestaciones contra el Gobierno de España (la cuestión de su mandato por la que más veces ha aparecido en los informativos estatales), pero eso nada significa. Debilitado al ser el único presidente autonómico del PP que ha tenido un retroceso electoral, su capacidad de decisión es nula. Por eso sigue callado, esperando órdenes. Ya lo decía Paco «el bajo», en Los santos inocentes: «a mandar, que para eso estamos».

Y más le vale estar callado, porque la única noticia relevante que ha dado en dos meses ha sido su opinión sobre que ministra del Gobierno de España es más atractiva. Esto es lo que tiene ser irrelevante (y machista) cuando el único objetivo es presidir el Gobierno de Aragón colaborando con quienes quieren reventar la autonomía de Aragón desde dentro.