“En la sociedad actual no hay fenómeno, dinámica, acción, o realidad de cualquier tipo en la cual la cultura no sea su indefectible fundamento”.
“Afirmo, sin lugar a dudas, que la educación y la cultura mejoran la convivencia”.

 

En este mundo enloquecido sucede lo más inesperado, recientemente ha ocurrido en las elecciones americanas, la Kakistocracia el gobierno de los peores ha sido el elegido por los ciudadanos.

No entendemos la sociedad crispada y envilecida en la que vivimos, necesitamos encontrar pronto una explicación comprensible para entender lo que pasa en el mundo, necesitamos una explicación que nos permita comprender a qué responde la excesiva y enloquecida polarización que vivimos y que ya no puede ser entendida solo a partir del manoseado combate cultural entre progresistas y reaccionarios.

La actual degradación de la vida política es alentada en tertulias donde opinadores mal intencionados desarrollan disparatados discursos que luego son amplificados en las redes sociales que con escasas letras y menos luces difunden barbaridades y mentiras a unas hordas de seguidores asilvestrados que tampoco van sobrados de lecturas y reflexiones sobre los hechos y las ideas que recorren la historia. Para parar esta deriva totalitaria debemos intentar, es tarea difícil, entender a los desconfiados, temerosos, negacionistas, paranoicos y terraplanistas porque solo conociendo cómo han llegado a creer estas barbaridades intelectuales que sin pudor manifiestan, podremos frenar el discurso autoritario de estos voceras iletrados, de esta forma podremos explicarnos y tratar de entender la sociedad en la que vivimos y el papel que el conocimiento y la cultura tienen que desempeñar en ella. Constato que en Internet se refuerzan las ideas en las que uno cree, alimenta las hordas fanáticas.

Anhelo un universo maravilloso donde reine el imaginario, la luz, el brillo de la sorpresa, la sonrisa y felicidad espléndida que generan la educación y la cultura, mientras hoy observo la situación de oscuridad y retroceso de libertades que nos rodea a la que tenemos que responder desde la resistencia, la reafirmación y la resiliencia democrática.

Una vez más no queda otra que la cultura como rebeldía. Frente al sentimiento generalizado de impotencia nuestra respuesta a los nuevos acontecimientos acostumbra a ser siempre lenta, pero en esta ocasión la respuesta debe dejar de estar instalada en la crítica de las consecuencias y no de sus causas.

Hannah Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo ya describía lo que está pasando:

En la era del imperialismo, los hombres de negocios se convirtieron en políticos y fueron aclamados como hombres de Estado, mientras que a los hombres de Estado solo se les tomaba en serio si hablaban el lenguaje de los empresarios con éxito.

Todos venimos de ese territorio utópico que la sociedad del bienestar nos hizo creer que era posible, fuimos educados en el humanismo solidario y progresista que defiende una subjetividad diferente que garantiza la justicia social y acaba con las desigualdades.

Complicado mirar de otro modo lo que nos rodea sin unos ojos nuevos, precisamos otras miradas no gastadas por la costumbre. La cultura como rebeldía. Por profundo que sea el control social de los poderosos, siempre hay rebeldía.

En la sociedad actual no hay fenómeno, dinámica, acción, o realidad de cualquier tipo en la cual la cultura no sea su indefectible fundamento. La cultura es una realidad que se transforma constantemente y dentro de ella hay una permanente lucha, porque afortunadamente no es única ni unívoca sino contradictoria y diversa, pero siempre será una forma de rebeldía frente a los iletrados y voceras. Antonio Machado escribió: “defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de la conciencia vigilante¨.

Afirmo, sin lugar a dudas, que la educación y la cultura mejoran la convivencia.

Publicado en Heraldo de Aragón el 12 de marzo de 2025.