“Es triste decirlo, pero Europa está sola. Está encajonada entre dos potencias que ven con hostilidad nuestro modelo de convivencia, y que cuentan con fuerzas políticas en auge que se alinean con esas ideas.”

 

En abril de 2022 publiqué una columna en Heraldo en la que me mostraba preocupado por el futuro de la democracia y el estado del bienestar en el continente ante la consolidación de autocracias en China y Rusia y el avance del populismo.

Lamentablemente los malos augurios se han cumplido. Rusia invadió Ucrania desatando una guerra terrible. La ultraderecha ha avanzado notablemente y encabeza ya varios gobiernos en los países de la Unión.

Pero seguramente, lo más preocupante de todo es que la presidencia de los Estados Unidos ha desatado una auténtica cruzada contra nuestra democracia. No solo muestra sus preferencias por los partidos populistas, sino que cuestiona algunos de nuestros principios fundamentales como la integración europea, los valores democráticos o el derecho de Ucrania a defenderse.

Es triste decirlo, pero Europa está sola. Está encajonada entre dos potencias que ven con hostilidad nuestro modelo de convivencia, y que cuentan con fuerzas políticas en auge que se alinean con esas ideas.

Nuestra soledad implica que debemos tomarnos en serio los peligros frente a los que nos enfrentamos y que ello exigirá, en primer lugar, responder con serenidad, pero con determinación, a las amenazas exteriores que nos acechan.

En el interior, las principales fuerzas políticas deberán asumir riesgos, como la adopción de cortafuegos frente al extremismo, lo que implica poner en segundo plano cortoplacismos y querellas legítimas, pero secundarias, frente a lo principal que es preservar la democracia y la economía social de mercado.

Publicado en Heraldo de Aragón el 8 de marzo de 2025

GUERRAS COMERCIALES

Vicente Pinilla Navarro

 

“… la situación actual se parece más a la década de los treinta del siglo pasado. Fue el colapso de la primera ola globalizadora, y los historiadores económicos valoran esas políticas de sálvese quien pueda perjudicando al vecino, como lesivas para la economía de los diversos países”.

En 2018, Donald Trump tuiteó que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. Lamentablemente para él, la historia económica desmiente rotundamente sus palabras.

En las últimas décadas del siglo XIX, cuando los intercambios comerciales estaban gobernados por una tupida red de tratados bilaterales, dichas guerras no fueron extrañas. Normalmente consistieron en denuncias de tratados, extrema protección arancelaria a algunas mercancías o imposición de aranceles prohibitivos a algún socio. Sus efectos dependieron, lógicamente, de la posición que cada país tenía y la importancia de los bienes afectados. Pero la situación actual se parece más a la década de los treinta del siglo pasado. Como consecuencia de la crisis, Estados Unidos promulgó el arancel Smoot-Hawley en 1930 para preservar su economía de las importaciones. Sus socios comerciales contestaron elevando a su vez sus aranceles y el mundo entró en una espiral de incrementos sucesivos de estos, acompañados por otras medidas no arancelarias extremadamente proteccionistas. Como consecuencia, el comercio internacional se contrajo severamente.

Fue el colapso de la primera ola globalizadora, y los historiadores económicos valoran esas políticas de sálvese quien pueda perjudicando al vecino, como lesivas para la economía de los diversos países. Con un pirómano al frente de los Estados Unidos, si estalla la guerra comercial solo queda actuar con cabeza fría y que las necesarias medidas que tome la Unión Europea sean selectivas y lo menos lesivas posible para nuestros intereses.

Publicado en Heraldo de Aragón el 8 de febrero de 2025