“PREGUNTAS EN BUSCA DE RESPUESTAS
¿LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS DEBEN SUBVENCIONAR AL SECTOR CULTURAL?
CULTURA: ¿UTILIDAD ÚTIL? ¿NECESIDAD O LUJO?”
No pretendo que tengamos todas las respuestas. Pero ciertamente vale la pena pensar en las preguntas.
Arthur C. Clarke
Actualmente atravesamos por un momento político frenético e incierto, vivimos una época enloquecida que me obliga por profesión y experiencia personal a reflexionar sobre la importancia perdida de la relevancia y la de notoriedad de la cultura en esta sociedad delirante que nos llena hoy de desasosiego e incertidumbre a las gentes del sector cultural, para lo cual siguiendo los consejos del escritor mexicano Augusto Monterroso, no escribo hoy para los contemporáneos, ni mucho menos para los antepasados. Escribo para la posteridad, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia. Por esta razón me atrevo a plantear en esta reflexión preguntas sobre la actividad cultural, preguntas que surgen constantemente en las conversaciones y debates de las gentes dedicadas a este menester, lo que denominamos sector de la cultura: creadores, intérpretes, técnicos y mediadores culturales, se hacen preguntas que nunca se terminan de contestar con la rotundidad que precisan, la falta de argumentos sólidos en las respuestas provocan en la sociedad una constante pérdida de notoriedad y una caída de la relevancia social de la cultura, la sociedad y el sector necesita respuestas y certezas que den razones contundentes para que la cultura vuelva a tener notoriedad y relevancia. Una de estas preguntas que precisan una respuesta contundente y definitiva es: ¿Deben las administraciones públicas subvencionar la cultura?, aunque quizás antes de dar respuesta a esta pregunta deberíamos contestar a otra pregunta, previa y que condiciona la respuesta de la primera: ¿La cultura es una necesidad o un lujo innecesario?, aunque parezca evidente la respuesta, no es así y las respuestas suscitan hoy en día un debate ideológico que en nada favorece la notoriedad que debería tener la cultura entre los ciudadanos. La cultura es mi tesis: no es un gasto es una inversión, es parte importante de la sociedad democrática del bienestar.
Son preguntas que buscan respuestas que asienten la necesaria adquisición de los derechos culturales. Vemos como actualmente se organizan coloquios con el rimbombante y pretencioso título De la cultura de la subvención a la industria cultural, mezclando conceptos que en principio parecen contrapuestos, subvención e industria, son debates donde fácilmente se cae en la trampa de las denominadas Industrias Culturales, donde se pone en valor la cultura como recurso y no como derecho.
¿Derecho o recurso?, artimaña que condena a los creadores a ser empresarios o agentes comerciales, los condenan a dejar de crear para emprender, ¿creador o emprendedor? palabra perversa en la sociedad actual. ¿crear o emprender?, diferentes conceptos con diferentes planteamientos para el ámbito de las actividades culturales.
Son preguntas que suscitan dudas, preguntas que deberían estar resuelta desde hace tiempo, resueltas con claridad para estar presentes en los relatos de la sociedad civil y entre los mediadores y receptores del derecho a la cultura.
Son preguntas que se plantean entre administradores y administrados y más en época de crisis económica e ideológica como la que vivimos actualmente.
Las administraciones públicas encargadas de la promoción y difusión de la cultura nos condujeron desde los años 70 del siglo pasado al callejón estrecho de las Industrias Culturales, con el planteamiento de que la cultura tenía que ser sostenible y regulada por las leyes del mercado, oferta y demanda, postura que se aferra a la cultura como recurso de desarrollo económico, error, todos sabemos que el mercado no es un buen distribuidor y creador de recursos culturales. La cultura es un derecho y no un recurso, como derecho tiene que ser dotada de partidas presupuestarias. Las ayudas económicas a la cultura siempre serán una inversión.
La cultura actualmente permanece en una situación de enorme precariedad, hoy se sostiene en la cuerda floja, su situación actual en plena transformación digital esta poco definida, la crisis económica tras la pandemia y los nuevos usos y consumos culturales consecuencia de la revolución digital, han generado una enorme debacle y una perdida de notoriedad, actualmente la cultura ha pasado a ser entretenimiento para consumir, cuando debería ser el comienzo de la educación y la educación el comienzo de la cultural. Es un bien inútil que tiene el valor de lo inútil como nos explicaba el escritor Nuccio Ordine en su imprescindible manifiesto La utilidad de lo inútil. La paradójica utilidad a la que se refiere el escritor italiano es la que considera inútiles los saberes humanísticos y, más en general, todos los saberes que no producen beneficios.
La cultura debe dejar de ser recurso y pasar a ser un derecho fundamental a revindicar. El concepto cultura de la subvención es demasiado injusto, claro que el sector cultural es un sector que genera valor y es significativo en el PIB de las naciones, mantiene muchos empleos, no cabe ninguna duda, pero es fundamentalmente un derecho al que no podemos ni debemos renunciar, al igual que no podemos renunciar a una sanidad y una educación pública universal y gratuitas para todos y todas. Es urgente recuperar la notoriedad y relevancia del quehacer cultural frente a su mercantilización. Dejo lo escrito para la posteridad y continúo con mis disquisiciones sobre la relevancia social de la cultura.
Defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante. ¿Cómo? Despertando al dormido
Antonio Machado
RECUPERAR LA RELEVANCIA SOCIAL
¿PORQUÉ CULTURA?
La cultura nos permite intervenir en los imaginarios sociales, en la subjetividad, en las representaciones que percibimos, la cultura nos permite pensar de maneras diversas e, imaginar nuevas soluciones y nuevos horizontes. Además, la cultura, puede intervenir en la creación de vínculos, algo necesario para enfrentarnos y resolver los grandes retos que nos plantea el futuro en plena transformación digital. Transformación que esta cambiando nuestras vidas.
Actualmente la cultura está en un lugar secundario en nuestra vida porque uno la consume, ocupa tiempo de ocio, no la vive, la consume, inconscientemente hoy cultura y ocio van unidos, no se vive se consume, es así como aparecen conceptos nefastos para recuperar la relevancia social como los ya mencionados industrias culturales, cultura como recurso, sostenibilidad económica de la cultura, etc. ¡Es cultura, estúpido! Gritaría actualmente.
Para mí el gran reto de las políticas culturales que se deben aplicar es reconectar la cultura con la vida cotidiana, y así probablemente conseguiremos que tenga una mayor relevancia social. Es fundamental cambiar los modelos actuales de protección, difusión y ayuda para garantizar el acceso universal, ahora que estamos en pleno proceso de digitalización y revolución tecnológica, es más que nunca, necesario devolver la relevancia social a la cultura. La cultura se vive no se consume, esto implica participación, transparencia, formación y amplitud de miras.
Describir la realidad cultural en pleno proceso de cambio tecnológico se hace cada vez más difícil, nadie puede intuir lo que será muy pronto la realidad: ¿qué será la cultura digital? ¿cómo nos afectara la IA al sector cultural? Es una incógnita, lo que si será una nueva manera de vivir y percibir los imaginarios. Estamos en un momento de crisis y nos queda por hacer la tarea de recuperar la relevancia social de la cultura.
Soy consciente que en estos últimos años hemos asistido a la de debilitación de la relevancia y notoriedad de la cultura, la hemos convertido en un producto de mercado que se compra y se vende, pero no se disfruta. El triunfo de lo mercantil sobre lo cultural. Hemos caído en la absurda creencia de las industrias culturales, estas convertían a los creadores en emprendedores económicos en parte del consumo del tiempo de ocio, la actividad cultural tenía que entretener y generar economía, la cultura dejaba de ser una inversión y pasaba a ser un gasto que debía generar plusvalía y dar beneficios económicos no espirituales. Este cambio de paradigma ha creado un enorme malestar y mucho desasosiego entre los verdaderos creadores que aman el oficio.
Se comercia con el acceso a las experiencias culturales. La cultura se convierte, así́, en el fin último de la cadena de valor económico, culminando la transición de la producción industrial a la producción cultural, la cultura se ha mercantilizado.
La expresión más visible y poderosa de esta nueva economía cultural es el turismo global, una forma de producción cultural que surge en los márgenes de la vida económica hace medio siglo para convertirse después en una de las más extendidas industrias culturales. El turismo no es más que la mercantilización de la experiencia cultural. Con lamentables consecuencias.
En este contexto los creadores tienen el deber de estar atentos para que no se produzca en la industria cultural un triunfo de los valores mercantiles y su posible instrumentalización por parte de los poderes políticos.
La cultura tiene que ser una tribuna libre donde los seres humanos pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos normas eternas del corazón y del sentimiento humano. Como decía Federico García Lorca refiriéndose al teatro, Un pueblo que no ayuda y no fomenta su cultura, si no está muerto, está moribundo; recuperar la actividad cultural que no recoja el latido social, el latido histórico, el drama de las gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, si no es así no tiene derecho a llamarse cultura, pierde su relevancia social, se llama matar el tiempo. Este es el problema actualmente, ocio o cultura.
León Tolstoi en su libro ¿Qué es el arte?, trata de explicarnos la sostenibilidad de los artistas y de la actividad cultural. Nada mejor para terminar que estas palabras del escritor ruso, palabras que nos harán reflexionar sobre lo tratado en el texto:
Es necesario, pues, en una sociedad civilizada en que se cultiva el arte, preguntarse si todo lo que pretende ser un arte lo es verdaderamente, y si (como se presupone en nuestra sociedad) todo la que es arte resulta bueno por serlo y digno de los sacrificios que entraña.
El problema es tan interesante para los artistas como para el público, pues se trata de saber si lo que aquellos hacen tiene la importancia que se cree, o si simplemente los prejuicios del medio en que viven, les hacen creer que su labor es meritoria. También debe averiguarse, si lo que toman a los otros hombres, así para las necesidades de su arte, como para las de su vida personal, se halla compensado por el valor de lo que producen.
¿Qué es ese arte considerado como cosa tan preciosa e indispensable para la humanidad?
La cultura para mantener la relevancia y notoriedad debe conservar algo que con su mercantilización no abunda: la coherencia y el mantenimiento de principios éticos, estéticos y políticos, elementos que no se valoran actualmente en el mercado de las vanidades.
Las respuestas muchas veces son la desgracia de las preguntas, con esta reflexión pretendo abrir el debate para la posteridad, sin olvidarnos de asegurar la utilidad de lo inútil: Siempre a favor del estudio y desarrollo de las humanidades.



