“Desde nuestra cultura aprendemos y enseñamos, conectando con nuestra historia y nuestras raíces, es un pilar fundamental en la identidad de cualquier pueblo, es algo que se debe preservar y proteger como un tesoro. Sin embargo, la realidad a la que nos enfrentamos cada día es contundente: nuestras expresiones culturales son menospreciadas, y muchas veces, ignoradas”.

 

En los últimos años, estamos siendo testigos del desprecio sistemático hacia la cultura aragonesa y su legado. En estos momentos, lo efímero importa más que nuestras raíces, los grandes eventos importados que no dejan poso son bien recibidos y programados, mientras que nuestros creadores aragoneses son relegados al olvido.

Desde el Rolde de Cultura de Chunta Aragonesista nos vemos en la necesidad de levantar nuestras voces para decir ¡basta!, para desmantelar la indiferencia política que nos asfixia y para reivindicar lo que es nuestro, la esencia de Aragón.

La cultura aragonesa no es un lujo y, mucho menos, un recurso prescindible: nuestra música, nuestras tradiciones, nuestra lengua, nuestros artistas, desde las pastoradas y los dances hasta la puesta en escena y coreografía más contemporáneas.

Nuestra cultura es un bien de primera necesidad, comparable a la educación y la salud. Es la sangre que recorre las venas de nuestra identidad, el tejido que nos une como pueblo. A través de ella, las personas encuentran sentido de pertenencia, identidad y comprensión de lo que nos rodea y, sin duda, contribuye al bienestar social.

Desde nuestra cultura aprendemos y enseñamos, conectando con nuestra historia y nuestras raíces, es un pilar fundamental en la identidad de cualquier pueblo, es algo que se debe preservar y proteger como un tesoro. Sin embargo, la realidad a la que nos enfrentamos cada día es contundente: nuestras expresiones culturales son menospreciadas, y muchas veces, ignoradas. Nos están imponiendo un modelo político que prioriza un evento masivo sobre la autenticidad local. Nos inundan con festivales ajenos, de grandes nombres, que no debería ser malo si no despojaran a Aragón de la posibilidad del desarrollo cultural en nuestra tierra. Políticamente, es un modelo cultural que están pagando nuestros artistas, creadores y, en general, toda la industria cultural que mueve la exposición de la cultura, donde el menosprecio hacia nuestra identidad es intolerable.

Nuestra lengua, que lleva siglos formando parte del paisaje comunicativo en el que nos relacionamos, está siendo objetivo de desprecio y minimización. Desde ciertos sectores, como la ultraderecha con el beneplácito de la derecha tradicional española, se insiste continuamente desde la equivocación más absoluta en que el aragonés, como lengua propia, es un obstáculo para la cohesión nacional, llamado a su erradicación desde entornos educativos y administrativos. Esta postura no solo es un ataque a la identidad aragonesa, sino que también refleja un profundo desconocimiento, ignorancia y falta de respeto por los derechos culturales de los y las aragoneses. La historia de Aragón, rica en luchas y logros propios, se diluye en un relato homogeneizador que busca aplastar las diferencias en favor de una cultura monolítica españolista. Porque un país que ignora su diversidad está condenado a la uniformidad y el olvido, un país que tergiversa su historia solo se ensaya para la tragedia, y esto no es producto de la ignorancia, sino de la mala fe reaccionaria. Esta incomprensible y despreciable intención de aniquilar nuestras raíces no solo afecta a la forma en que los y las aragonesas, en la diversidad cultural de este momento globalizador, se ven a sí mismos, sino que también alimenta un círculo vicioso en el que la juventud carece de valores culturales positivos que fomenten el orgullo por su identidad.

Tenemos la obligación de denunciar esta mala praxis que ataca directamente a nuestro patrimonio cultural, promoviendo lo foráneo y que nada tiene que ver con nosotros. Esto nos lleva paulatinamente hacia una degradación inadmisible.

¿Hasta cuándo vamos a permitir esto? Nuestra cultura no puede ser un mero decorado en la agenda del Gobierno, es parte vital de nuestra existencia.

Desde el Rolde de Cultura queremos hacer un llamamiento a la acción, a que cada uno y cada una en sus pueblos, ciudades o redoladas alce la voz en defensa de nuestros derechos culturales, exigiendo que se reoriente la inversión pública hacia nuestros creadores locales; en definitiva, que se implementen políticas que fomenten y protejan la creación cultural aragonesa. La falta de interés actual hacia este hecho es un fracaso político que no podemos permitir. No se trata de una cuestión estética, sino de un derecho fundamental, el derecho a existir como pueblo con una identidad propia y reconocible. La cultura no puede ser un producto comercial, debe ser un reflejo de lo que somos, de nuestra historia colectiva, no debemos ni podemos seguir siendo meros espectadores de este teatro de sombras, nuestros artistas son los arquitectos de nuestra identidad, los que mantienen viva la llama de nuestra historia y nuestras tradiciones. Somos aragoneses y estamos orgullosos y orgullosas de serlo, y si algo hemos aprendido de nuestra historia es que luchar por lo que nos pertenece es legítimo y necesario. Hoy, desde este Rolde, hacemos una llamada a todas las partes: a las instituciones y agentes culturales, a cada aragonés y aragonesa que sienta el peso de esta herencia por dentro. Exigimos respeto, atención y fomento hacia lo que nos define. Nuestra cultura no es un adorno, es nuestra razón de ser. No dejes que nos lo roben. Defendamos lo nuestro.