“La publicación tiene, pues, una doble finalidad. Una, ofrecer una reflexión histórica y jurídica rigurosa sobre el significado del Congreso de Caspe y del Anteproyecto de Estatuto, situándolo en el contexto político de la Segunda República y en la trayectoria del aragonesismo contemporáneo. Los estudios reunidos abordan los antecedentes del autonomismo político, el desarrollo del Congreso, la experiencia autonomista durante la Transición y la evolución estatutaria hasta el siglo XXI. Otra, poner a disposición del lector las fuentes”.
Aunque en estas fechas solemos recordar la histórica fecha de la abolición de los Fueros de Aragón (29 de junio) por parte del rey borbón Felipe V (de Castilla) a través de los Decretos de Nueva Planta de comienzos del s. XVIII, en esta ocasión se cumplen, además, los noventa años del congreso autonomista que desembocó en el Estatuto de Caspe de 1936. Y este no es únicamente un episodio del pasado. Es un hito histórico que permite comprender mejor la naturaleza dinámica del autogobierno aragonés, sus raíces históricas y sus desafíos presentes. En este sentido, se puede considerar como el documento fundacional del autogobierno aragonés contemporáneo.
Aragón pudo dotarse de un Estatuto de Autonomía en la primavera de 1936. En el congreso celebrado los días 1 a 3 de mayo, en Caspe, Aragón aprobó su anteproyecto de Estatuto. Sin embargo, el golpe de estado o alzamiento militar de 1936, el estallido inmediato de la Guerra Civil y la subsiguiente dictadura frustró aquel proceso. El Estatuto de Caspe quedó como un intento autonómico interrumpido, como una posibilidad histórica truncada que, no obstante, no ha desaparecido de la memoria política aragonesa, como demuestran las conmemoraciones de su 40 aniversario (1976), de los 60 años (1996), los 70 (2006), los 80 (2016) o el pleno especial conmemorativo de las Cortes de Aragón en Caspe de 2002, o ahora, en este 2026, las acciones del 90 aniversario.
En este sentido, desde la Fundación Gaspar Torrente hemos querido editar una publicación monográfica especial por la conmemoración de esos 90 años del Estatuto de Caspe, que prevemos presentar en torno a esta fecha histórica del 29 de junio. Entre la autonomía frustrada de 1936 y la autonomía constitucional vigente se extiende una trayectoria compleja, marcada por interrupciones, reconstrucciones y ampliaciones. Ese libro invita a recorrerla con mirada crítica, memoria democrática y vocación de futuro.

El Congreso autonomista de Caspe culminó un proceso de articulación política y social que había ido madurando en el seno del aragonesismo, como estudia en su trabajo Carlos Serrano, y que encontró, por primera vez, un cauce viable dentro del marco constitucional de la Segunda República. De aquel encuentro surgieron unas bases y una comisión redactora que aprobaría el Anteproyecto de Estatuto de Autonomía de Aragón, texto breve pero ambicioso que diseñaba un sistema institucional propio, con Parlamento, Gobierno y competencias amplias en materias clave como justicia, hacienda, orden público o cultura
Como muestra en su artículo Antonio Peiró, el Congreso de Caspe fue el primer intento autonomista aragonés capaz de insertarse con realismo en la arquitectura institucional republicana. Su fracaso no obedeció a debilidades internas del proyecto, sino a la quiebra violenta del régimen constitucional que debía hacerlo posible. Pero el de Caspe no fue ni el primer ni el único proyecto de Estatuto aragonés. En este sentido, el trabajo de José Luis Melero se refiere al de Caspe como la propuesta de las izquierdas y al de los Cinco Notables como la réplica de las derechas. En su comparación destaca dos ausencias notables en el de Caspe que sí recogen en cambio los conservadores: la utilización de las lenguas aragonesas y la institución del Justicia de Aragón.
Cuarenta años más tarde, en plena Transición democrática, aquella memoria reapareció con fuerza, gracias a la publicación sobre el mismo de Eloy Fernández Clemente en Andalán. En 1976, la conmemoración del XL aniversario del Estatuto en Caspe —impulsada por el Seminario de Estudios Aragoneses— convirtió la reivindicación autonomista en una expresión masiva de afirmación democrática. Autonomía y democracia se fundieron entonces en un mismo horizonte político, como analiza en su trabajo Luis Germán. El llamado “Tren de la Autonomía” simbolizó el tránsito entre la memoria republicana y la construcción del nuevo Estado de las Autonomías.
Víctor Juan Borroy evoca Caspe como ciudad del Estatuto con la memoria de 1936, reafirmada en 1976 pero que también se repitió en la conmemoración de su LX aniversario en 1996 o en el celebrado en 2016. El Estatuto de Autonomía de Aragón, aprobado en 1982 y su profunda reforma de 2007 no pueden entenderse al margen de esta genealogía. La evolución del autogobierno aragonés —desde la “región autónoma” de 1936 hasta la “nacionalidad histórica” reconocida en el texto vigente— revela una continuidad cualificada en la aspiración a dotar a Aragón de instituciones propias, capacidad normativa y recursos suficientes para gestionar sus intereses en el marco constitucional español. El análisis comparado de estos textos, realizado por José Ignacio López Susín, permite identificar tanto rupturas como persistencias en la concepción del sujeto político aragonés y en la arquitectura de su autogobierno
Esa publicación tiene, pues, una doble finalidad. Una, ofrecer una reflexión histórica y jurídica rigurosa sobre el significado del Congreso de Caspe y del Anteproyecto de Estatuto, situándolo en el contexto político de la Segunda República y en la trayectoria del aragonesismo contemporáneo. Los estudios reunidos abordan los antecedentes del autonomismo político, el desarrollo del Congreso, la experiencia autonomista durante la Transición y la evolución estatutaria hasta el siglo XXI. Otra, poner a disposición del lector las fuentes. La segunda parte del libro incluye la edición facsímil del número de la revista El Ebro correspondiente a junio de 1936, testimonio directo del clima político y cultural en que se elaboró el Anteproyecto, así como el texto íntegro del mismo. De este modo, la conmemoración no se limita al recuerdo, sino que facilita el acceso al documento fundacional del autogobierno aragonés contemporáneo. Además, el libro se completa también con imágenes de todo esto recogidas en DVD editadas en la colección Fitas de nuestra historia.
Por otra parte, tras la recuperación de la memoria del Estatuto a comienzos de 1976 se incorporaba al aragonesismo político como un hito de referencia. Sin embargo, nada especial se hizo en los años siguientes desde el ámbito institucional ni político. Sólo el entonces Rolde de Estudios Nazionalista Aragonés (RENA) en el ámbito sociocultural lo hizo en 1986 (50 aniversario) mediante la recuperación del folleto de Gaspar Torrente La crisis del regionalismo en Aragón, original de 1923, con introducción de Julio Calvo Alfaro, publicándolo como una separata de su revista Rolde (n º 35). Precisamente, poco después del aniversario, el 29 de junio de 1986, nacía Unión Aragonesista-Chunta Aragonesista (UA-CHA) que desde el principio incorporó en su ideario la reivindicación del aragonesismo histórico y en especial el de los años veinte (tomó el nombre de la histórica organización Unión Aragonesista, fundada por Gaspar Torrente en Barcelona) así como de los años de la II República (1931-1939).
Así, en 1996, es Chunta Aragonesista (CHA) quien organiza y conmemora el LX aniversario en Caspe. El 23 de abril, Día de Aragón, un tren por la autonomía que salió de la estación de El Portillo de Zaragoza, lleno de militantes y simpatizantes que se desparramaron por la localidad, rememoraba al de 1976. Un acto multitudinario conmemorativo del 60º del Congreso Autonomista y Estatuto de Caspe llenó a reventar el histórico Cine Goya con multitud de cuatribarradas al viento como en el 1936 y en 1976. Allí se llevó a cabo un homenaje a José Aced Espallargas (secretario 1º del Congreso de Caspe que precisamente presidía el referido Gaspar Torrente) figura que habíamos descubierto poco tiempo atrás. El dirigente alcorisano recibió, muy emocionado, una placa conmemorativa y el aplauso y reconocimiento de todo el auditorio.
De ese acto y de los sucesivos que se realizaron o bien directamente o bien impulsados por Chunta Aragonesista en las Instituciones, me ocupo en el trabajo que tengo el honor de suscribir, con la tesis de que efectivamente el Estatuto de Caspe se ha convertido en un hito histórico del aragonesismo político. Se ha conmemorado en 1976, 1996, 2002, 2006, 2016 a lo que se suman los actos que puedan organizarse en este 2026. Nosotros, desde la Fundación Gaspar Torrente abrimos la veda con esta publicación.




