“Las producciones de teatro de verdad, con calidad reconocida en la crítica de los periódicos nacionales, no tienen acceso a ese nuestro teatro. Porque no las lee, o no le peta. Su menú teatral es de cadena de hamburguesería. Alguna vez nos gustaría disfrutar de una obra con estrella michelín”.
El señor Chema Turmo debiera hacer algo ante esa señal que indica hacia dónde se dirige nuestro Teatro Principal. Porque esa señal está situada en la Plaza de España ─a escasos cien metros de la puerta de su despacho─ y parece lógico que el señor Turmo la vea día sí y día también. Quizá, como tantas otras cosas, no la vea. Quizá la ve, pero le importe un pito. Supone un trabajo llamar a los servicios municipales y rogarles que la pongan tiesa. Hombre, un poquito de elegancia. Esa señal es señal de dejadez.

El señor Turmo ─que cuando accedió al cargo de Gerente del Patronato de Artes Escénicas y de la Imagen, no tenía en su currículum ninguna formación teatral ni había realizado labores de gestión escénica─ presume de taquilla. Y es cierto, los resultados de taquilla son buenos. No pueden ser de otra forma cuando se contratan producciones de escaso nivel artístico, pero con rimbombantes títulos y con actores habituales en el Hola y en los programas televisivos del corazón. Para programar “eso” no hace falta tener formación u olfato. Complementa su programación con el contrato a algunas empresas teatrales zaragozanas que, salvo excepciones, han presentado excelentes obras. Lo hace un poco a regañadientes, pero recibe órdenes de arriba de que hay que tener contentas a las principales compañías de la ciudad. Otras compañías, también de la ciudad y con producciones notables, deben limitarse a actuar en el Teatro del Mercado, si le place al señor, que no siempre es así. Las producciones de teatro de verdad, con calidad reconocida en la crítica de los periódicos nacionales, no tienen acceso a ese nuestro teatro. Porque no las lee, o no le peta. Su menú teatral es de cadena de hamburguesería. Alguna vez nos gustaría disfrutar de una obra con estrella michelín.
No es fácil escribir estas cosas si se vive del teatro. Hay consecuencias, por eso hay silencio. No pretendía hablar de excelencias o excrecencias en la programación, sino de algo mucho más sencillo: la dejadez que supone esa señal que indica a los ciudadanos el acceso hacia las alcantarillas. No hay orden ni concierto en ningún patronato o departamento de esta alcaldía. Ni siquiera en los servicios de mantenimiento urbano. La señora Chueca no pasa de desfiles de Star Wars, de drones luminosos o de palmatorias florales, que tienen también una buena taquilla. Su “don tancredo” teatral sigue esa línea y se queda tan pancho, no vaya a ser que le acusen de buscar notoriedad.




