“Más allá de las siglas políticas, las listas de espera interminables y los consultorios médicos cerrados en nuestros pueblos esconden el desgarro de miles de familias atrapadas por una gestión ineficaz de PP y VOX”.
Hay textos que no se escriben desde la frialdad de los datos, sino desde el nudo en el estómago que provoca ver sufrir a quienes más queremos. La salud no entiende de presupuestos ni de discursos triunfalistas; entiende de dolor, de incertidumbre y de la dignidad que se pierde cuando el sistema te da la espalda.
Bajo el actual Gobierno de Aragón de PP y Vox, asistimos al progresivo quebranto de un derecho fundamental. La sanidad pública se está desangrando, y con ella, la esperanza de miles de vecinos y vecinas para quienes el cuidado de sus vidas pasa a ser una carrera de obstáculos.
La cruda realidad de pacientes y profesionales dinamita cualquier balance oficial. Detrás de cada porcentaje, hay una persona esperando una cama, una ambulancia sin el material adecuado o un personal médico y de enfermería al borde del colapso por la sobrecarga.
Las listas de espera han alcanzado límites crueles: existen especialidades con más de 3.200 pacientes aguardando una primera consulta. Lo verdaderamente descorazonador es ponerle rostro a la espera: personas mayores, padres y madres, y trabajadores y trabajadoras atrapadas hasta tres años en un limbo administrativo, viendo deteriorarse su salud mientras aguardan una cita que nunca llega.
Si nuestros hospitales comarcales se quedan vacíos de especialistas, la Atención Primaria está directamente en la UVI. El abandono de los consultorios locales es ya una injusticia humanitaria. Es demoledor que en pleno siglo XXI existan consultorios médicos que abren tan solo una hora al mes. En los pueblos, nuestra gente mayor se ve obligada a acudir a las puertas del centro de salud, bajo el frío o el sol, a esperar a ver si llega el profesional sanitario. Vivir con el miedo constante a no recibir atención ante una urgencia es una humillación intolerable.
Esta ausencia de planificación empuja a Aragón hacia una irreversible despoblación. Nos llenamos la boca hablando de defender el medio rural, pero nadie va a quedarse a vivir en los pueblos si la salud de sus hijos e hijas y de las personas mayores no está garantizada. Las familias se marchan y la juventud huye porque la precariedad sanitaria les niega la seguridad más básica. Sin profesionales de la medicina, los pueblos mueren.
Se nos presenta el desvío de recursos a centros privados como la única alternativa, pero sí hay opción: invertir en tecnología punta para los centros públicos y reforzar los incentivos para estabilizar a las plantillas. Ya no vale la excusa de que “no hay médicos”. Si la empresa privada logra contratarlos y el SALUD no, es porque se prefiere destinar millones a contratos externos antes que dignificar las condiciones laborales de los y las profesionales.
Mientras nuestros hospitales se debilitan, se han adjudicado más de 2,4 millones de euros a Ribera Salud en apenas un año para parchear servicios de traumatología, anestesia o rehabilitación en Huesca, Barbastro, Calatayud, Jaca, Alcañiz y Teruel. Se consolida así un modelo dual profundamente injusto: una sanidad pública debilitada para quienes no pueden pagarla y una privada fortalecida con el dinero de todos y todas.
Gobernar de espaldas al dolor de la ciudadanía denota una preocupante falta de empatía, pero, sobre todo, destapa una hoja de ruta clara. No estamos ante un problema de simple ineficacia, sino ante la pura ideología de PP y Vox, cuyo verdadero propósito es el desmantelamiento programado de lo público para convertir un derecho universal en un negocio privado.
Estas líneas son una llamada de auxilio desde el corazón de Aragón para reaccionar antes de que sea tarde. No podemos permitir que la salud sea el privilegio de unas pocas personas con recursos ni que nuestros pueblos se apaguen.
Frente a la agenda mercantilista del Gobierno PP y VOX necesitamos recuperar la humanidad en la gestión y defender, con presupuesto, decencia y firmeza, la sanidad pública de todos, todas y para todas.




